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Carta del Obispo de Posadas

1er. Domingo de Adviento – 27.11.05

 

El año va llegando a su fin. Finalizan las clases, se acercan las vacaciones y las fiestas. Sentimos el cansancio de un año intenso. En este contexto la liturgia del adviento que nos prepara para celebrar la Navidad, nos invita a animarnos en la esperanza.

El Evangelio de este domingo (Mc. 13,33-37), nos dice que estemos atentos y prevenidos en la esperanza: “Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuando llegará el momento... No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos. Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!” (33.36.37). Este texto y la liturgia del adviento, también nos recuerdan la esperanza de los cristianos en la segunda venida del Señor. Es el reclamo esperanzador del Apocalipsis, hecho en medio de dificultades y signos de muerte y que la liturgia retoma en el adviento: “Ven Señor Jesús”.

El tiempo del adviento nos prepara para celebrar bien la Navidad. Esto debe llevarnos a revisar como vivimos nuestra condición de cristianos. Desde ya hay una dimensión personal y social. A veces los cristianos hemos planteado casi exclusivamente nuestro examen de conciencia como algo solo individual y no lo hemos relacionado suficientemente con nuestra vocación y misión. Sobre todo el laico que representa la gran mayoría del pueblo de Dios, necesariamente debe revisar su rol de transformador de las realidades temporales y su condición de ciudadano. En lo más propio de su misión se juega el camino de la santidad.

Creo oportuno revisar nuestra conversión en este tiempo de adviento teniendo especialmente en cuenta la “carta pastoral del Episcopado Argentino a los miembros del pueblo de Dios y a todos los hombres de buena voluntad”. En la misma encontramos orientaciones para evaluar nuestro compromiso cristiano como ciudadanos que estamos llamados a construir una sociedad desde algunos principios y valores. El texto comienza diciéndonos: “El tiempo del Adviento nos invita una vez más a la reflexión y compromiso. En él contemplaremos el misterio del Hijo de Dios que “por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre”. Su nacimiento y vida entre los hombres es Evangelio, anuncio de salvación que confirma el amor de Dios al hombre y la sublime dignidad con que lo reviste” (1).

Más adelante explica la importancia de la doctrina social de la Iglesia en la vida y compromiso de los cristianos: “De la contemplación del misterio de la encarnación y nacimiento de Jesucristo, surge espontáneamente el anuncio del Evangelio aplicado a la vida social considerada en todos los planos: familiar, cultural, económico, ecológico, político, internacional. Esto es lo que se llama Doctrina Social de la Iglesia. Dimana del Evangelio, pero no es un derivado menor del mismo. Es el Evangelio de Jesucristo aplicado a la vida social del hombre... Nadie ha de temerle a ella. La Iglesia la anuncia a favor del hombre y de la paz social, para el servicio de todos” (3).

En esta reflexión del primer domingo de Adviento creo conveniente tomar brevemente uno de los principios que son claves de comprender en nuestra Argentina y Misiones en este inicio del siglo XXI: “El bien común”. Nos dice el texto: “El bien común no consiste en la simple suma de los bienes particulares de cada uno de los sujetos del Cuerpo Social. Si así fuese, la existencia de una nación estaría sometida a los avatares de los diferentes sectores. El bien común de una nación es un bien superior, anterior a todos los bienes particulares o sectoriales, que une a todos los ciudadanos en pos de una misma empresa, a beneficio de todos sus integrantes y también de la comunidad internacional... La persona no puede encontrar la realización sólo en si mismo; es decir, prescindir de su ser “con” y “para” los demás. La construcción del bien común se verifica en la promoción y defensa de los miembros más débiles y desprotegidos de la comunidad” (7).

En la concreción de estos principios se plantean situaciones y cuestiones y se refiere al comportamiento con los bienes públicos. “Aún cuando “bien público” y “bien común” no son sinónimos, el primero está referido al segundo, porque es obtenido con el aporte de todos y para el servicio de todos. Es de lamentar que, para algunos, “público” adquiera un sentido totalmente contrario. No sería ya lo de todos, para el servicio de todos, adquirido con el aporte de todos, que por todos debe ser custodiado y defendido, sino lo de nadie, puesto allí para apropiarnos de él, dañarlo, destruirlo, o distribuirlo discrecionalmente entre amigos y clientes. Educar en el respeto de los bienes públicos es uno de los grandes desafíos que han de enfrentar la familia, la escuela, la catequesis y los medios de comunicación social. Sin este respeto sería muy arduo convivir armónicamente y muy difícil construir una república” (8).

La fe nos anima en la esperanza. Este tiempo de adviento, preparando la Navidad, puede significar revisar nuestras vidas, estructuras y opciones. Cambiar es salir de nuestras flaquezas y sombras personales y sociales, para abrir nuestro corazón a Jesús, que quiere nacer en la esperanza.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!              

     Mons. Juan Rubén Martínez
Obispo de Posadas

 

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