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Carta del Obispo de Posadas
2º domingo de Adviento – 04.12.05

Estamos caminando el tiempo de Adviento con el propósito de “volver a Dios”, para celebrar bien la Navidad. Pero este camino lo podemos realizar solamente cuando captamos desde la fe que tenemos que convertirnos en pequeños para comprender el Reino que nos anuncia Jesús.

En el Evangelio de este domingo (Mc. 1,1-8), San Juan Bautista nos invita a que preparemos el camino del Señor y que allanaremos sus senderos: “Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos” (Mc.1,3).

En este fin de semana, como lo hiciéramos el año pasado, nos hemos propuesto realizar en todas las comunidades de nuestro País, una catequesis sobre la comunión de bienes en la vida de los cristianos y sobre la responsabilidad que tenemos todos los bautizados de aportar nuestros dones, talentos, trabajos y aportes económicos para sostener la evangelización de la Iglesia.

En este contexto de “campaña-catequesis” los Obispos argentinos hemos nuevamente escrito una carta que se distribuirá en las comunidades. La misma tiene un tono personal. En ella nos preguntamos: “¿cómo crecer en este compromiso de sostener a la acción evangelizadora de nuestras comunidades?”. La respuesta apunta al fundamento mismo de nuestra vida cristiana, sin el cual se hace incomprensible la caridad y la misma comunión de bienes. El texto señala la respuesta sobre como animar nuestro compromiso cristiano: “Viviendo la profunda convicción de que “Dios nos ama”: - porque “el amor de Dios” nos transforma, y nos hace capaces de creer y luchar por una vida cotidiana más humana y evangélica. – Porque “El amor de Dios” es una experiencia de salvación, que nos impulsa a comunicar esta buena noticia. - Porque “el amor de Dios” edifica comunidades vivas y solidarias, y nos mueve a trabajar para que sean un espacio de amor fraterno y santidad... La Iglesia necesita de la riqueza de tus dones: tiempo y talentos, deseos de trabajar por más justicia, fraternidad y solidaridad. Y también de tu aporte económico, para sostener la comunidad en la que vives y trabajas por Jesús y el Evangelio. La Iglesia necesita tu ayuda entusiasta y comprometida que nace del “Amor de Dios” porque “hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él (1 Jn. 4,16)”.

En esta parte de la carta quiero volver a subrayar algunos rasgos propios de nuestra Diócesis de Posadas para tener mayor conciencia de cual es nuestra situación. Nuestra región se caracterizó por contar con muchos sacerdotes misioneros. Sobre todo de Europa, que para su pastoral conseguían recursos de los católicos de Alemania, Italia, Suiza u otros países. Es de destacar el tipo de infraestructura, edificios, escuelas que están, sobre todo en las sedes parroquiales. Hoy todavía recibimos ayudas para algunas construcciones y autos que permiten a los sacerdotes y religiosas recorrer grandes extensiones y la multiplicidad de capillas y comunidades. Pero es cierto que por esta razón mucha gente no se ha sentido responsable del sostenimiento de “su Iglesia”, total “los curas consiguen plata”. Es importante advertir que los tiempos cambian y las ayudas de hoy son totalmente escasas y tampoco sería justo que vivamos de los aportes y bienes de los católicos de otros países cuando nosotros debemos hacernos responsables de nuestra evangelización y aún ayudar a otros más pobres que nosotros. Quiero agregar que en los últimos 20 años se duplicó la población en Misiones y se multiplicaron barrios y necesidades de atención pastoral. Necesidad de capillas, salones multiusos, movilidad para sacerdotes, sostenimiento de éstos para que se dediquen a la misión propia, formación de laicos y el sostenimiento de nuestros seminaristas y seminario, que es el lugar que nos llena de esperanza porque desde ahí “produciremos” los futuros pastores que atenderán las tantísimas comunidades y sectores que actualmente no son suficientemente acompañados.

En este contexto de Adviento la liturgia nos llevará a que hagamos un examen de conciencia profundo que nos ayude a una sincera conversión. El crecer en la comunión de bienes y el sabernos responsables de la acción evangelizadora de la Iglesia nos lleva a que la Palabra de Dios nos interpele: “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos” (Hch.4,32). “Que Jesús nacido de María, renueve nuestras comunidades en el Amor de Dios”.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!  

          Mons. Juan Rubén Martínez

 

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