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Carta del Obispo de Posadas
5to. Domingo del año – 05.02.06

Estamos transitando en la liturgia el tiempo ordinario o común. En algunas semanas iniciaremos el tiempo cuaresmal para prepararnos para la Pascua. Es fundamental valorizar este tiempo litúrgico, el ordinario. Es el tiempo en donde debemos santificarnos con las pequeñas cosas de cada día. El texto de este domingo (Mc. 1,29-39), también nos muestra al Señor ejerciendo su misión habitual con su Palabra y con sus gestos: “Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo..., le dijeron: “todos te andan buscando”. Él les respondió: “Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas...” (37-38).

Al iniciar el año es importante que todos los bautizados entendamos la necesidad de vivir nuestra vocación y misión. “Vocación” significa llamado de Dios. Nuestro tiempo que se caracteriza por acentuar el secularismo o sea una sociedad sin Dios, tiene dificultad de no comprender la vida desde la vocación, el llamado o bien la misión que Dios nos encomienda a cada uno.

Es cierto que cuando hablamos de “vocación” en general lo entendemos casi exclusivamente como el llamado al sacerdocio o la vida consagrada, pero en realidad todos tenemos una vocación. Lamentablemente la vida contemporánea entre tantas dificultades y circunstancias, llevan muchas veces a trabajar o estudiar solo pensando en una salida laboral o bien “en lo que se pueda” sin tener suficientemente en cuenta las capacidades personales. Es triste encontrarse con profesionales o dirigentes sociales, docentes, abogados, políticos, sindicalistas... o lo que fuere, que ejercen tareas sin tener ninguna vocación que los mueva. Cuando pasa esto ellos mismos no terminan siendo felices con lo que hacen y muchas veces lo hacen mal o solo buscan rédito económico o bien obtener alguna forma de poder o lo peor en general no sirven a los demás, sino que se sirven de lo que hacen para su beneficio. La vocación en general de toda persona, como imagen y semejanza de Dios, nos permite ser colaboradores de Dios y constructores del mundo con nuestro trabajo y servicio. Con más razón la vocación específica que tenemos cada uno nos plenifica. Los cristianos entendemos que la vocación es un llamado de Dios y misión. Toda tarea hecha con vocación, no solo el hacer sino el mismo ser de una persona, debe servir al bien común. Hoy más que nunca necesitamos gente con vocación y la comprensión que cada vida tiene una razón de ser.

Entre las diversas vocaciones desde ya debemos interesarnos por las vocaciones sacerdotales, especialmente considerando la necesidad que hay de más sacerdotes en nuestras comunidades. El mismo Señor nos invitó a orar por esto, ya que los obreros son pocos y la mies o el trabajo es mucho. En este sentido debemos agradecer a Dios el camino que vamos realizando con nuestro Seminario “Santo Cura de Ars”. El próximo sábado 18 de febrero se iniciará el año con una Misa a las 20 hs., en el mismo Seminario. En esa Misa recibiremos a los nuevos seminaristas que ingresarán este año. Siete jóvenes de la Diócesis de Iguazú y seis de Posadas, así como tres jóvenes que ingresarán por la Diócesis de Santo Tomé para iniciar la Teología. Este es otro motivo para agradecer a Dios. Este año iniciaremos la etapa de formación teológica en el Seminario Mayor de Posadas. Así por primera vez en la historia de nuestra región se completará toda la formación hacia el sacerdocio.

El lunes 6 de marzo a las 9 hs. tendremos el inicio de la Teología con una Misa en la catedral y posteriormente una clase inaugural en el Salón Estrada. Conocemos el cariño y la cercanía de nuestra gente por nuestro Seminario. Este es uno de los temas claves en orden al futuro de la evangelización. La oración y las diversas maneras de colaboración, serán indispensables para implementar estos propósitos pastorales.

Durante el año tendremos momentos centrales sobre todo en camino al “Sínodo”. Pero tenemos la certeza que desde las cosas de todos los días, desde la vida cotidiana, en nuestras familias, comunidades, trabajo, capillas... ponemos en juego el crecimiento del Reino, viviendo cada uno nuestra vocación y misión. El Evangelio de este domingo nos muestra al Señor en su misión habitual, orando, predicando con gestos y palabras. Sabemos que seremos constructores de la sociedad, desde la sencillez de lo cotidiano.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

                                                                         Mons. Juan Rubén Martínez

 

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