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Carta del Obispo de Posadas 
8º domingo del año – 26.02.06

 

El texto del Evangelio de este domingo (Mc. 2,18-22), nos presenta el tema del ayuno. Nos dice que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban y fueron a preguntar a Jesús porque sus seguidores no lo hacían. Jesús les contestó: “¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?... Llegará un día en que el novio les será quitado. Entonces ayunarán” (19-20).

 

Este texto bíblico es oportuno para nuestra reflexión semanal, ya que en pocos días iniciaremos el tiempo de cuaresma, tiempo de preparación para celebrar bien la Pascua. El próximo primero de marzo será el miércoles de ceniza. Es la Misa en que los cristianos somos iniciados con las cenizas con un signo penitencial e invitados a renovar el compromiso cristiano y “creer en el Evangelio”. Para esta cuaresma he escrito una carta pastoral sobre la necesidad de convertirnos a la “comunión” y especialmente crecer en la comunión eclesial. La espiritualidad de comunión será indispensable en el camino que vamos realizando hacia nuestro Sínodo Diocesano ha celebrarse en el 2007. Este tiempo de cuaresma podrá ayudarnos a comprender que no seremos creíbles en el anuncio si no nos amamos como nos propone el Señor.

 

Es cierto que reflexionar sobre el ayuno, el tema de este fin de semana en el Evangelio, es ir a contrapelo de nuestra sociedad excesivamente consumista. El ayunar está cargado de sentido en el camino cuaresmal para celebrar bien la Pascua. El Misterio de la muerte y la Vida. Será este tiempo una oportunidad para que podamos renovar nuestra fe y ser testigos de un Cristo vivo.

 

Desde los primeros siglos la Iglesia en este tiempo litúrgico ha asumido tres palabras claves: “el ayuno, la limosna y la oración”. En estos tres temas los cristianos tenemos momentos comunitarios en donde expresamos “la comunión eclesial”. Algunos ejemplos concretos son el ayuno del miércoles de ceniza o el del viernes santo. La limosna, expresada en la colecta diocesana del 1 % del total de nuestros ingresos, como un mínimo para ayudar a nuestros hermanos más necesitados. O bien, la oración expresada en la liturgia de cada día o las celebraciones de la Semana Santa.

 

Por el contexto consumista y cierto individualismo se tiende a desvalorizar estas impresiones comunitarias, en donde, con estos gestos de amor solidario o de comunión de bienes o privación de algo, buscamos como comunidad eclesial testimoniar que nuestro único absoluto es Dios. Por un lado es un ejercicio espiritual o “ascesis”, para que no absoluticemos a las criaturas, las comidas, el dinero, la fama, las modas, el poder... En definitiva es considerar que todo es relativo en relación a Dios en quien creemos. También es un gesto de amor a nuestros hermanos el dejar algo que podemos necesitar, para ayudar a aquellos que tienen mucho menos que nosotros. El ayuno, la limosna o la oración comunitaria, no remplazan el camino personal que debemos realizar de discipulado que nos permita encontrarnos “por Cristo nuestro Señor”, con nuestro Padre Dios, que nos ama misericordiosamente.

 

En la carta cuaresmal señalo la necesidad de revisarnos por el riesgo de caer en una fe individualista: “Revisar nuestra comunión es realizar un examen de conciencia cuaresmal sobre como vivimos el amor a Dios y a los hermanos. Esto también es indispensable realizarlo en una época que globaliza más eficaz y rápidamente, el materialismo y consumismo, que nuestro anuncio evangélico y los valores indispensables, para que la cultura que generamos sea una cultura de vida y no de muerte. En este contexto el individualismo y la despersonalización o masificación, dificultan la generación de una sociedad que personalice y permita relaciones de comunión y la formación de comunidades. A veces corremos el riesgo de vivir una fe individualista, sin la dimensión comunitaria necesaria para que ésta pueda madurar. La fe individualista tiende a paganizarse con rituales supersticiosos o peor a extinguirse y a poner el propio criterio sobre la propuesta que el Señor nos hace”.

 

El ayuno, la limosna y la oración, nos ayudarán en esta cuaresma que iniciamos a reubicar “los valores” y colocarlo a Dios como el único absoluto.

 

¡Les envío un saludo y hasta el próximo domingo!

                                                                                  Mons. Juan Rubén Martínez

 

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