Oficina de Prensa

prensa@cea.org.ar

Todas las Noticias

HOME PRENSA

HOME CEA

La voz de los pastores

Documentos

Agenda CEA

Otras oficinas de Prensa

Vínculos

Contacto


Carta Pastoral de Cuaresma – 2006

  “La Conversión a la comunión eclesial, en el camino del Sínodo”

  

Queridos hermanos y hermanas:

1.         La cuaresma es un tiempo de conversión en el que nos preparamos para celebrar con hondura y gozo el Misterio de la Pascua, de la muerte y la Resurrección de Cristo, Nuestro Señor. Misterio en el que celebramos a Aquel que queremos seguir y ser sus discípulos. La liturgia cuaresmal nos permite actualizar aquel Misterio y nos invita a morir al hombre viejo y vivir plenamente la condición de Hijos y testigos de Dios. Esta cuaresma de 2006 encuentra a nuestra Diócesis de Posadas, caminando como Pueblo de Dios hacia el Sínodo que celebraremos en 2007, con motivo de conmemorar los 50 años de la creación de nuestra Diócesis. En el 2005 como primer año del triduo preparatorio hemos acentuado la necesidad de “convertirnos a la persona de Jesucristo, el Señor”. Sin Él, nada tendría sentido y desde Él, podremos comprender sus enseñanzas y la importancia de ponerlas en práctica, desde la fe, sostenidos por la comunión eclesial, para seguir anunciándolo en este inicio del siglo XXI. 

            Este año 2006, continuando con el triduo preparatorio queremos acentuar la necesidad de “la comunión eclesial”, como indispensable para que nuestra misión sea creíble. “Que todos sean uno: como tu, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. (Jn. 17,21). En el 2007 año propiamente del Sínodo, acentuaremos la misión y evangelización del hombre y la mujer en este inicio de siglo. En realidad la razón de ser de la Iglesia es la evangelización (EN) y también será el eje de nuestro Sínodo Diocesano. Por tal motivo en este tiempo buscaremos acentuar la oración, reflexionar juntos, buscar orientaciones y líneas de acción para evangelizar y cumplir con el mandato que el Señor nos dejó: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt. 28,19). A nosotros nos toca hacerlo en nuestra querida Provincia de Misiones, en esta tierra cargada de historia, “tierra roja”, como la sangre de nuestros mártires de las misiones; “tierra vital “ por la heterogeneidad de las razas, que por la dinamicidad de la historia y su necesaria integración buscan forjar una identidad cultural y misionera. 

Seguramente, la memoria y este elemento esencial de la heterogeneidad y diversidad aporten como una clave para proyectarnos cultural, socialmente y sobre todo religiosamente en el tema de la “comunión”, como una clave de comprensión en la acción evangelizadora y misión de la Iglesia. 

            La cuaresma puede ayudarnos a revisar desde la fe la necesidad de convertirnos a la comunión. Comunión con Dios, con los hermanos y hermanas; comunión con los más pobres; comunión con la naturaleza. También será indispensable la cuestión ecológica que deberemos tener en cuenta en esta exuberante naturaleza que Dios nos regaló a los misioneros. La comunión no implica uniformar las relaciones que entablamos, sino amar a nuestro Creador, como Padre, amar a nuestros hermanos que son imagen y semejanza de Dios, sobre todo a los más deteriorados y pobres en quienes parece desdibujarse esta maravillosa condición de ser personas. Amar la creación, la naturaleza, cuidando de ella y respetándola profundamente, porque ella es nuestra casa y la casa de todos. 

            En definitiva cuando planteamos nuestro Sínodo, estamos queriendo con las consultas, escucha, participación , reflexión, encuentros... poner en práctica las enseñanzas del Concilio Vaticano II que tanto nos cuesta asumir en la vida eclesial. Las expresiones de comunión y participación que señala el documento de Puebla, buscan traer a nuestra América Latina, la eclesiología del Vaticano II, la dimensión teológica y también metodológica, para plasmarlas en nuestras Diócesis, parroquias, movimientos, asociaciones, escuelas e institutos, así como en los consejos y comisiones. 

            Revisar nuestra comunión, es realizar un examen de conciencia cuaresmal sobre cómo vivimos “el amor a Dios y a los hermanos”. Esto también es indispensable realizarlo en una época que globaliza más eficaz y rápidamente, el materialismo y consumismo, que nuestro anuncio evangélico y los valores indispensables para que la cultura que generamos sea una cultura de la vida y no de la muerte. En este contexto el individualismo y la despersonalización o masificación, dificultan la generación de una sociedad que personalice y permita relaciones de comunión y la formación de comunidades. 

A veces corremos el riesgo de vivir una fe individualista, sin la dimensión comunitaria necesaria para que ésta pueda madurar. La fe individualista tiende a paganizarse con rituales supersticiosos o peor a extinguirse y a poner el propio criterio sobre la propuesta que el Señor nos hace. 
 

2. “Camino de Comunión en nuestra Diócesis”

            Al plantear para este año, en el camino del Sínodo y en este tiempo cuaresmal, el tema de “la comunión eclesial”, queremos acentuar que “la Iglesia es el Pueblo de Dios que vive en la presencia de Cristo y lo refleja en el mundo. Es el pueblo congregado por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Ella ha de irradiar el misterio de la comunión misionera que contemplamos en Jesús y brota de la Trinidad” (N.M.A. 60). 

            Durante el año 2003 y 2004 por iniciativa sobre todo de algunos miembros del pueblo de Dios, se propuso celebrar el jubileo de los 50 años de la Diócesis, con un “Sínodo Diocesano”. Esta consulta se llevó a diversas instancias, decanatos, encuentros del clero, Consejo diocesano de Pastoral, laicos y junto al Consejo de Presbiterio que por unanimidad se expidió a favor del Sínodo, hemos resuelto en el decreto Nº 32 del 21 de junio de 2004, iniciar nuestro caminar con diversas etapas. Desde ya que de la participación de todos, dependerá en gran parte, la realización y proyección del mismo. Durante el año 2005 hemos realizado encuestas individuales (4000) y grupales para escuchar las inquietudes de nuestra gente, que ayudarán a orientar la decisión de los temas que se tratarán en el Sínodo en el 2007. Durante los próximos meses se elaborará el Instrumento de trabajo, que será lanzado en la próxima Asamblea diocesana, que tendremos el lunes feriado 19 de junio. En el mismo explicaremos el inicio de esta etapa ya inmediata al Sínodo y que es clave en su preparación. Sobre todo desde las Parroquias y otros organismos se armarán los grupos sinodales de trabajo, para reflexionar y aportar a dicho Instrumento de trabajo. Esta etapa en sí misma es clave porque requerirá nuestro protagonismo y participación. De alguna manera todo esto es ya parte de nuestro Sínodo diocesano cuyas sesiones serán en 2007. 

            En este punto debo pedirles que todo nuestro aporte esté ligado a este camino de conversión a Jesucristo, de comunión eclesial y del eje principal del Sínodo que es la evangelización y misión. No dudo en afirmar que desde este tiempo cuaresmal, la liturgia nos ayudará a convertirnos a asumir nuestras responsabilidades que surgen del maravilloso don bautismal de ser hijos de Dios y confirmados para ser sus testigos en este inicio del siglo XXI.
 

3. Espacios de comunión

            Será indispensable que en esta cuaresma, ya próxima a la celebración de nuestro Sínodo de 2007, revisemos si somos generadores de espacios de comunión en nuestras familias, comunidades o en la misma sociedad. 

            El Sínodo implica “caminar juntos” y esto no es más que una forma extraordinaria de hacer visible lo que la Iglesia es permanentemente en lo más profundo y en lo más real de sí misma: un Misterio de Comunión. Por la fe y el bautismo formamos parte de este pueblo de Dios y somos todos responsables de dar testimonio de la vocación y misión de la Iglesia. Para cumplir esta misión, que a todos nos compete según nuestra propia vocación, se dan en la Iglesia oficios peculiares, diversidad de carismas, ministerios y servicios. El Sínodo representa una excelente oportunidad para vivir con intensidad la comunión a la que constantemente somos llamados y la misión por Él encomendada, que no cesa de interpelarnos. En este tiempo deberemos convertirnos y generar espacios que sean enriquecidos con la diversidad de dones y la participación y la necesaria “comunión”, fruto del mandamiento del Amor. 

a) La Familia:

Este es un lugar fundamental y básico para revisar sobre las relaciones que generamos y si éstas ayudan a vivir la comunión. En el documento de la Conferencia Episcopal Argentina “Navega mar adentro”, señala la crisis del matrimonio y la familia como uno de los desafíos de la Evangelización en nuestra Patria.

            No voy a insistir en la agresión y desvalorización que padece la familia, tanto desde los medios de comunicación, desde el Estado, la legislación y el poder económico... perjudicando sustancialmente y “dejando sin defensas a la institución básica y más sólida de la sociedad”.

             En esta carta quiero subrayar junto a “Navega mar adentro” que “a pesar de todo, percibimos que la familia continúa siendo un valor apreciado de nuestro pueblo. El hogar es un lugar de encuentro de personas y en las pruebas cotidianas se recrea el sentido de pertenencia. Gracias a los afectos auténticos de paternidad, filiación, fraternidad y nupcialidad, aprendemos a sostenernos mutuamente en las dificultades, a comprendernos y perdonarnos, a corregir a los niños y a los jóvenes; a tener en cuenta, valorar y querer a los abuelos y a las personas con capacidades diferentes...” (43). Nuestro tiempo requerirá sobre todo que revisemos “la comunión”, fruto del amor en nuestras relaciones familiares y de amistad, para que con el peso contundente del testimonio podamos invitar a la cultura de nuestro tiempo a gustar y a trabajar por este maravilloso don de la familia. 

b) La pertenencia a la Diócesis y la pastoral orgánica:

            Aunque pasaron varias décadas de la realización del Concilio Vaticano II, que significó una profundización sobre la Iglesia y su misión, aún nos cuesta poner en práctica sus enseñanzas. El mismo Sínodo será una búsqueda de ahondar la figura de “Pueblo de Dios”, que nos propone el capítulo II de Lumen Gentium, uno de los documentos de dicho Concilio. En este sentido también nos cuesta integrar en la espiritualidad y vida cristiana que “la Iglesia de Jesucristo subsiste y se encarna en cada Iglesia particular, donde se encuentran todos los elementos necesarios para la santificación y la misión de cada cristiano y de todas las comunidades...” (N.M.A. 70). Todos deberemos entender que la variedad de dones y carismas, en nuestro caso, parroquias, movimientos, asociaciones, comisiones, institutos y escuelas (“ver Guía diocesana”), enriquece la evangelización y para esto deberemos “caminar juntos”. El mismo documento “Navega mar adentro” sigue diciendo: “Pero este acento, no significa que cada uno realice sus tareas al margen del resto, sino que desarrolle su misión de un modo armónico e integrado en el proyecto pastoral de la Diócesis, que surja en un camino de variada participación: es la llamada pastoral orgánica” (79). 

            En nuestra Diócesis venimos tomando como una de las prioridades la eclesiología de comunión y la pastoral orgánica. En estos últimos años tanto las semanas de pastoral y formación del clero, la acentuación de los consejos pastorales, nuestro centro de espiritualidad conocido como “el proyecto Loreto”, nuestros centros de formación de laicos, el plan compartir y el mismo Sínodo, entre otras acentuaciones se han realizado en relación a este desafío. Es cierto que no todo a sido fácil y a muchos les cuesta captar que cultivando “solos” el propio jardín, al margen de la comunión eclesial terminan dificultando gravemente la evangelización y el anuncio del Reino de Dios. 

c) La sociedad:

            La comunión, como fundamento de la evangelización para ser creíbles, es un elemento no solo importante para la Iglesia. En todo proyecto, empresa, Estado... pueden enriquecerse o empobrecerse si no hay verdadera participación y comunión. Esto está ligado a la creatividad humana por ser cada hombre o mujer imagen y semejanza de Dios. En nuestro proceso democrático en la Argentina, la lucha por el poder que en cierto sentido es necesaria, ha pesado mucho más que la búsqueda de servir al bien común. Lamentablemente lo habitual es que quien obtiene “el poder” busque construirlo aniquilando a los que no se subordinan al mismo. La división de poderes y “la diversidad y diferencias, tanto en el poder ejecutivo, legislativo y judicial” siempre enriquecen un proyecto de País y Provincia. Cuando todo tiende a uniformarse, perdemos la posibilidad de la riqueza que nos da la democracia de “la comunión y participación” y corremos el riesgo de acercarnos a “una dictadura enmascarada”. Desde ya que tampoco ayuda el que “se opone por estrategia”, y no por la inteligencia de su convicción. Lamentablemente esto también lo hemos tenido y esta división absurda siempre es generadora de violencia. Pero levantar la mano por “obediencia debida” a un sector, o por obsecuencia , nos sumerge en la peor de las pobrezas que es la mediocridad de los dirigentes y el someter nuestro futuro al carisma de una persona o sector. Es importante recordar que los obsecuentes nunca son verdaderos colaboradores porque solo trabajan para si mismos. La democracia hoy necesita, no al que solo sabe “levantar la mano” obedientemente, sino dirigentes que piensen, participen, que disientan, pero que siempre sepan vivir en la “comunión” y “diversidad” de las Instituciones para realmente ser constructores de la sociedad. 

            A todos los cristianos y especialmente a los católicos que tienen distintas responsabilidades dirigenciales y sociales, les pido gravemente que en este tiempo cuaresmal hagan un profundo examen de conciencia, sobre la necesaria “participación y comunión a la luz de la fe”.
 

4. La comunión y la caridad practicada

            La comunión está ligada para los cristianos al momento culminante del Amor que es la Pascua. Jesucristo, el Señor, cumpliendo la misión que el Padre le encomendó, dio su vida donándola por amor a la humanidad, para redimirla del pecado y de la muerte. Por “Cristo Nuestro Señor”, expresión tan reiterada en la liturgia, somos reconciliados. La plenitud del Amor pascual, es sacramentalmente celebrado en cada Eucaristía. Es el momento de la comunión con Dios y los hermanos. El saludo de la paz antes de la eucaristía, está significando el Amor eucarístico, clave de comprensión de la comunión eclesial. 

            Es cierto que debemos poner en práctica dicha comunión tratando de amar a todos, pero sobre todo de “incluir” en la comunión a los más pobres y necesitados. La eucaristía, reclama que nos donemos en el amor realizando una clara “opción preferencial por los pobres”. Quiero reiterar un texto que he escrito hace algunas semanas y creo conveniente reflexionarlo en esta carta pastoral cuaresmal. “Es cierto que hay muchos que se molestan cuando señalamos con dolor el problema de la marginalidad y la pobreza, pero está en la esencia de nuestro seguimiento de Jesucristo, el amor a todos y sobre todo a los hermanos más débiles. Los pobres de hoy tienen muchos nombres: la problemática indígena que los lleva a estos hermanos nuestros a deambular en contextos culturales adversos y racistas. Los pobres de hoy son los desnutridos que han crecido con limitaciones y diferencias, que los lleva a la exclusión social e incluso a la condena por vagancia. Los nuevos pobres son muchos de nuestros jóvenes desocupados y desde el vamos se encuentran sin horizontes. Son los pobres que siguen contenidos por el asistencialismo, todavía necesario, pero que daña gravemente “la cultura del trabajo”. Son excluidos los que tienen SIDA y los enfermos que no tienen ni monedas para acercarse a un hospital o al algún centro de salud que en general padecen superpoblación”. Los cristianos si queremos serlo de verdad no podemos mirar al costado, omitir y silenciar estas realidades que no hacen falta demostrarlas porque lamentablemente son evidentes y abundan.

             El tiempo de la cuaresma nos debe provocar el deseo de conversión. No podremos crecer en la comunión eclesial, sin la búsqueda de una caridad practicada. La comunión de bienes es uno de los caminos que la Iglesia siempre practicó desde las colectas realizadas para ayudar a las comunidades más necesitadas. Ya en los Hechos nos narra la necesidad de los diáconos para atender las mesas de los pobres (Hch. 6, 1-3). En varias oportunidades he señalado que en gran parte vivimos de la comunión de bienes de católicos de otros lugares del mundo, que con colectas nos ayudan para sostener infraestructuras, salones, capillas, autos para evangelizar, pero sobre todo recibimos muchísima ayuda para sostener programas de solidaridad en la asistencia, y promoción de los más pobres de nuestra Diócesis.

             En el contexto de la cuaresma y como fruto de la conversión, desde hace algunos años realizamos la colecta del 1 % del total de nuestros ingresos, para ayudar sobre todo en temas de reparación de ranchos y viviendas. No debemos mal acostumbrarnos y recibir todo de afuera, sino poner en ejercicio la comunión de bienes entre nosotros, ese es el objetivo principal de Cáritas en nuestras comunidades. El próximo 11 y 12 de marzo y durante la cuaresma se realizará esta colecta. Nuestro esfuerzo tendrá valor, si éste va acompañado de nuestra búsqueda de conversión a Dios, de nuestra oración y reconciliación con Él y los hermanos. Nuestra ofrenda y limosna será un signo de nuestra búsqueda de crecer en la comunión.

             Al finalizar esta carta quiero implorarles que durante este año 2006, anterior a nuestro Sínodo, busquemos caminos que acentúen nuestra “comunión eclesial”. Nuestro tiempo requiere muchas respuestas a los nuevos desafíos, pero sobre todo necesita que todos como pueblo de Dios, obispo, sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y religiosas, consagrados y los laicos seamos una Iglesia más testimonial y profética y para ello necesitamos convertirnos a una mayor comunión eclesial.

             Les envío un saludo cercano y mi bendición, como hermano, padre y Pastor.

  Mons. Juan Rubén Martínez
Obispo de Posadas

 Miércoles de Ceniza, 1 de marzo de 2006.

          Si desea recibir nuestro servicio de noticias, envíenos un mail a :

prensa@cea.org.ar