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HOMILÍA DE LA MISA CRISMAL 2006

 

Mis queridos hermanos: Conmovido por estas palabras de Cristo, en quien se cumplen todas las Escrituras: “ El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido, me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres .Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír”, me inclino para centrar mi corazón  y mi vida en El que nos mira con Amor y renovar mi entrega y  mi fidelidad. Doblo mis rodillas para reconocer delante de todos  ustedes  y con ustedes  mi confesión de fe:  ¡Jesús es el Señor! Y mi confesión de amor: ¡Señor! Tú lo sabes todo sabes que te amo.

 

¡Que el Espíritu Santo nos regale una rica efusión de sus dones y gracias que nos renueven  el vivir de cada día!

 

Delante de Ustedes querido Pueblo de Dios, me inclino para venerar la dignidad de cada uno de ustedes, y que juntos reconozcamos nuestra dignidad de ser un Pueblo Profético, Sacerdotal, y Real ,  todos por la gracia bautismal y por la unción de la Confirmación.

Glorifico en Ustedes al Cristo Total, que nos mira con su Rostro de Buen Pastor y nos encamina hacia el Cenáculo para Celebrar su Cuerpo entregado; hacia el Calvario que nos enseña a morir para vivir y hacia el Santo Sepulcro para Resucitar con Él para hacer nuevas todas los cosas.

 

Me inclino ante Ustedes mis queridos Sacerdotes,  en quienes descubro el Rostro Sacerdotal de Cristo y  la presencia del Espíritu de Santidad que  nos ha configurado un día, por la imposición de las manos  para ser otros Cristos.

 

Nos enseñaba  Juan Pablo II : “La vocación sacerdotal es esencialmente una llamada a la santidad, que nace del sacramento del Orden. La santidad es intimidad con Dios, es imitación de Cristo, pobre, casto, humilde, obediente, servidor; es amor sin reservas a las almas y donación a su verdadero bien; es amor a la Iglesia que es santa y nos quiere santos, porque ésta es la misión que Cristo le ha encomendado...Ser santos para ayudar a los hermanos a seguir su vocación a la santidad” (PDV 33).

 

¡Dónde podemos encontrar y experimentar el manantial de nuestra identidad sacerdotal y la fuerza para la santidad sacerdotal?

 

Alguien me hizo un día  este pedido que me hizo mucho bien a mí: Mons., ayude a sus sacerdotes a vivir la consagración de la Misa. Recordando aquel consejo pongo a disposición de Uds.,  estos testimonios : Son de una mujer santa y otros del Predicador del Papa. Experimentaba esta piadosa mujer al participar de la Eucaristía.

 

¡Ay sacerdote! No desperdicies este  terrible Momento de la Consagración. Date al Infinito sin miedo; ponte en sus manos para que te utilice según su Voluntad ; sé todo tú, un sí al Amor eterno que tan incondicionalmente se te entrega. Es el gran momento de tu vida, tal vez el último..¡Este es el gran momento de responder al Amor con tu Don! El recibido en la Ordenación

 

Estoy viendo  a la Trinidad en su majestad soberana inclinada sobre ti sacerdote...Toda la Trinidad está inclinada hacia ti, y ante tu palabra...El Padre responde con su Palabra infinita a tu llamamiento, y como don te da a su Verbo en el amor eterno del Espíritu Santo. Pero toda la Trinidad, en actitud amorosa te pide tu respuesta a ese gran momento de su Don. (Como esperó el Si de María)

 ¡Silencio! ¡Que está engendrando el Padre,  su divina Palabra para dártela a ti Sacerdote de Cristo!

¡Silencio! ¡ Contempla cómo, en ese instante, el seno del Padre se abre en un engendrar eterno de amor infinito, y en ese mismo instante de virginidad intocable y de santidad eterna, el Padre está engendrando a su Verbo para ti y para los hermanos!

El Padre te da su Verbo. Espíritu Santo  te lo entrega en unión con el Padre, como donación de amor. El Verbo, presuroso y contento se hace Pan... ¡en tus manos Sacerdote del Nuevo Testamento!

Pero ahora yo te digo ¡ mira que eres sacerdote de Cristo! Hijo mío se pequeño! Canta con María tu Magnificat. “ El Señor hizo en mí, maravillas”

 

Esta experiencia trinitaria  del momento de la Consagración, nos lleva también a vivir las consecuencias de la Eucaristía como el sacramento que hace a la Iglesia y quiere transformar la humanidad. Todo esto lo vivimos con la Iglesia y para la Iglesia.

 

 Tomad y comed todos de él , porque esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros. Tomad y bebed, mi sangre derramada . Palabras de la  Última Cena que  hacen presente el Sacrificio de la Nueva Alianza. Sacramento de la Salvación del universo.

Estas palabras tienen una fuerza  eficaz sobre el pan y el vino y sobre nuestra vida y para vivir como Jesús.

Jesús nos ha unido a El en la acción más sublime y santa de la historia.

 

Nunca estamos solos cuando celebramos la Eucaristía. El Cuerpo real y el cuerpo Místico están sobre el altar

 

El Cristo total es el que pronuncia las palabras de la Consagración y nosotros con él. En el gran Yo de la Cabeza, se esconde el pequeño yo del Cuerpo que es la Iglesia.

Que rico fundamento para  una participación conciente, para una experiencia de encuentro en el Cristo que se entrega por nosotros y no educa para entregarnos con Él al Padre y a los demás.

La ofrenda del cuerpo de Cristo debe ser acompañada de la ofrenda del propio cuerpo.

San Ignacio de Antioquia en su camino hacia el martirio escribía a los Romanos: “Trigo soy de Dios y por los dientes de las fieras he de ser molido, a fin de ser presentado como limpio pan de Cristo”.

 

En cada Eucaristía aprendemos a vivir, desplegando la entrega de Cristo en nuestra entrega:

Tomen y coman  este es mi cuerpo entregado.

Tomen y beban  esta es mi  sangre que se derrama gota a gota por ustedes.

 

Nosotros los Sacerdotes que lo decimos en voz alta para que se produzca el milagro de la Transustanciación y también los fieles al escucharlo lo dicen con el corazón y todos para vivirlo en cada  instante de nuestra vida en el trato con los demás

 

Piensen en las consecuencias de esto, si se vive  :

en una madre

En una religiosa

En un obrero

En un Diácono permanente

En un profesional

En un educador

En un Seminarista

En un enfermo

En un médico o enfermero . en un gobernante, legislador, economista. etc

 

Gracias a la Eucaristía ya no existen vida inútiles en el mundo. No digas  ¿De que sirve mi vida? ¿ Para que estoy en el mundo?

Estás en el mundo para el fin  más sublime que existe: para ser un sacrificio vivo, una eucaristía con Jesús.

 

Que esta Eucaristía Crismal, tan rica de significado Eclesial y con la ayuda maternal de María, Madre de Dios y de la Iglesia, nos ayude como Iglesia Diocesana a vivir desde cada Misa la Experiencia del Misterio y la responsabilidad Misionera madurando más profundamente desde la Comunión un camino pastoral  participado y comprometido por todos.

 

¡DIOS ES AMOR!

 

 

+ Baldomero Carlos Martini

Obispo de San Justo

 

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