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Carta de Mons. Baldomero C. Martini, Obispo de San Justo,
al Senado de la Nación

 

San Justo, 18 de Septiembre de 2006

 

Al Señor
Vicepresidente de la Nación Argentina

Don Daniel Scioli

Presidente del H. Senado de la Nación

 

Estimado Señor Vicepresidente: 

Reciba mis cordiales saludos y deseos de Paz y Bien en Jesucristo, Señor de la Historia; que solicito extienda al resto de los integrantes del Honorable Senado de la Nación, enviándoles copia de la presente.

 Confiando en su gestión al servicio de la República, y de los valores inmutables que le dan un sustento verdadero, como ciudadano y también como Obispo de la Diócesis de San Justo -La Matanza-, me dirijo a Ud. y por su intermedio, a todos los Señores Senadores de la Nación, para que tengan en cuenta estas consideraciones, referidas al proyecto de ley con media sanción, en revisión ante ese H. Senado, relativo a la educación sexual en las escuelas, todo ello por el bien de la amada Patria Argentina. 

No escapa al conocimiento común, que las cuestiones atinentes a la sexualidad humana, jamás pueden reducirse a los aspectos meramente biológicos, comunes por otra parte a diversas especies animales. Todos somos personas sexuadas, de modo tal que esta realidad tiene una impronta en la personalidad de cada quien. A su vez, los seres humanos tenemos una naturaleza social; somos incapaces de proveernos cada uno y por sí mismos, a las más básicas necesidades de supervivencia. Necesitamos la ayuda de los demás y, además, precisamos sentirnos útiles ayudando a los demás. Esta realidad elemental, que todos percibimos intuitivamente desde niños, exige una especial atención, a la delicada cuestión de la enseñanza escolar en materia tan compleja. Es que, a la postre, buena parte del futuro de la sociedad se juega en ella; como lo prueba la unánime coincidencia en este aspecto, cualquiera sea la postura antropológica y social que se adopte.  

Es un lugar común que la familia es la célula social básica. También es evidente -y las pruebas están a la vista de todos-, que un porcentaje importante de familias disfuncionales, crea multitud de problemas sociales; que se potencian con la desocupación, trabajo escaso, salarios insuficientes, vivienda indigna, etc. La enseñanza de la sexualidad humana, entonces, no puede realizarse como al margen o fuera del horizonte del matrimonio y la familia. Es más, están en juego derechos fundamentales, con rango constitucional, por provenir de tratados internacionales de derechos humanos, incorporados por la última reforma constitucional. 

Entre las normas que una ley nacional no puede contradecir, están las siguientes: "La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y debe ser protegida por la sociedad y el Estado" (Pacto de San José de Costa Rica, art. 17, inc. 1). "Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos" (Declaración Universal de Derechos Humanos, art. 26, inc. 3). "Los Estados Partes en el presente Pacto se comprometen a respetar la libertad de los padres y, en su caso, de los tutores legales, para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones" (Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, art. 18, inc. 4); entre otros. 

Es decir que, los progenitores tienen el derecho humano básico de escoger la educación que habrá de darse a sus hijos; este derecho queda enfatizado en las cuestiones religiosas y morales, las que el Estado debe garantizar que se desarrollen conforme las convicciones de los padres, y no según la ideología del gobernante de turno. Dicho de otro modo, en estas cuestiones el Estado tiene una función subsidiaria, debiendo acatar las decisiones de quienes legítimamente ejercen la patria potestad. La razón es por demás obvia: el Estado no engendra, ni viste, ni alimenta niños, mal podría pretender educarlos en el sentido pleno de la palabra…

 Ahora bien, en materia de sexualidad hay una norma constitucional aún más específica, que es la reserva -aceptada por la comunidad internacional y, entonces, integrante de las "condiciones de su vigencia", art. 75, inc. 22 C.N.- al art. 24, inc. f, de la Convención sobre los Derechos del Niño), que textualmente dice: "… la República Argentina, considerando que las cuestiones vinculadas con la planificación familiar atañen a los padres de manera indelegable de acuerdo a principios éticos y morales, interpreta que es obligación de los Estados, en el marco de este artículo, adoptar las medidas apropiadas para la orientación de los padres y la educación para la paternidad responsable". 

La redacción resulta muy clara, y reafirma enfáticamente, que la materia educación sexual corresponde enseñarla a los padres "de manera indelegable", conforme sus convicciones éticas y morales. Hay sí, un amplio espacio para la actuación del Estado y otros agentes educativos formales, en cuanto a la capacitación de los progenitores. 

El proyecto de ley en revisión adolece, como puede apreciarse a simple vista, de dos inconstitucionalidades patentes: 1°) la imposición totalitaria estatal, de un modelo único en la materia; al cual deberían someterse todos los educandos, al margen de las convicciones de quienes ejercen la patria potestad. Para no ser inconstitucional, la ley debería flexibilizar suficientemente este aspecto; respetando la libertad de los padres, en lugar de vulnerarla de modo tan brutal. Desde luego que esto resulta inadmisible en una sociedad pluralista, excepto que el pluralismo se reduzca a un mero slogan publicitario, para tranquilizar incautos. Entiendo que no es esa la postura, de ese Honorable Senado de la Nación. Pero sería fundamental, que lo demuestre con hechos concretos, en los proyectos de ley bajo su jurisdicción. 

2°) El proyecto adolece del espacio de capacitación para los progenitores, coadyuvando con ellos en la materia, y haciendo así realidad la función estatal subsidiaria. No se trata de vedar la materia al Estado, sino de ubicarlo en su justa dimensión. No podemos dejar de lado la triste realidad, de la patente ineficacia estatal para una mínima alfabetización. Si el Estado no es capaz de enseñar a leer, escribir, sumar y restar, ¿cómo podríamos confiarle sin ningún recaudo, la educación en la sexualidad, de las futuras generaciones de argentinos?. Sería un notable desatino. Un mínimo de sensibilidad y de sentido común sería suficiente, para que los Señores Senadores no se hagan cómplices de ello… 

En este orden de ideas, me permito transcribir la Declaración de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, del pasado 9 de noviembre: "Ante la posibilidad de que al finalizar el presente período legislativo se aprueben leyes que dicen relación a la familia y a la educación, como es el caso del proyecto de educación sexual, el Episcopado argentino, reunido en Asamblea Plenaria en Pilar, atendiendo al bien de la Nación, pide a los señores legisladores que, con auténtico espíritu democrático, sometan los proyectos al correspondiente y amplio debate previo que incluya la consulta a las instancias interesadas, especialmente a los padres de familia y a las instituciones y organizaciones comprometidas con la educación". En las Comisiones del Senado, aún no han sido escuchadas las voces de los padres de familia, y las instituciones educativas. Se está a tiempo de cumplir ese deber, de los legisladores para con la democracia. 

El proyecto está en revisión, de modo que es la oportunidad para corregir los defectos del articulado -e incluso de enfoque-, del proyecto de ley mencionado. Esto además, daría un cierto alivio a la opinión pública, muy alarmada por el creciente avance del Poder Ejecutivo por sobre los otros Poderes, en especial sobre el Congreso de la Nación. Sin duda, una revisión concienzuda y amplia del articulado, implicaría que no se trata del ciego acatamiento, de una orden "secreta" bajada de la Presidencia de la Nación… Esta triste impresión ha sido impresa en el imaginario colectivo, por determinadas iniciativas, que habían sido criticadas unánimemente en los ámbitos académicos y científicos, pero que -lamentablemente-, fueron aprobadas acríticamente por ciertas mayorías parlamentarias circunstanciales. Naturalmente, el esfuerzo sincero y eficaz de los legisladores, en una revisión minuciosa del proyecto, adaptándolo plenamente a las normas constitucionales vigentes, y en el máximo respeto a las convicciones y derechos de los padres, ayudaría a comenzar a revertir la negativa imagen pública del Congreso Nacional. Y, por el contrario, una aprobación sin cambios, no haría más que confirmar las suspicacias del ciudadano común… 

Señor Presidente y Señores Senadores, vuelvo a insistir que siempre tengamos pasión por el Bien Común, que es el bien de todas las personas, en especial de los niños de ambos sexos, que son el futuro de la amada República Argentina. 

Reciba mi abrazo hecho bendición y oración en Cristo que es la Vida. 

¡ DIOS ES AMOR!

   

+ Baldomero Carlos Martini

Obispo de San Justo

                                                                      

 

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