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MENSAJE DE ADVIENTO 2006
de Mons. Baldomero Carlos Martini, Obispo de San Justo
 

 CRISTO QUE VIENE:
MANANTIAL VIVO DE NUESTRA ESPERANZA

 

Comenzamos un nuevo Adviento y este tiempo, que es breve, es una gracia que nos prepara para vivir la Navidad con un corazón abierto y bien dispuesto, y asÍ sea un luminoso pesebre para Jesús , el Mesías y Salvador,  que quiere ser  dentro de cada uno, de cada familia y de  la sociedad, un vivo manantial de nuestra esperanza.

 

 EN LOS TIEMPOS QUE VIVIMOS , ¿ HAY LUGAR PARA LA ESPERANZA?

Vivimos tiempos difíciles de profundos  retos y desafíos. El sentido de la vida  se oscurece por un relativismo que no nos dejar ver el esplendor de la Verdad y la crisis de la civilización y un pretendido cambio cultural nos recuerdan “ que no estamos sólo en una época de cambios sino  ante un cambio de época que compromete seriamente la identidad de nuestra nación.”

Decíamos  también los obispos en “Navega mar adentro”,  que al comenzar el nuevo milenio , la humanidad entera se encuentra sumergida en grandes dificultades, entre ellas, la alarmante extensión de la pobreza y la escandalosa concentración de la riqueza, la corrupción de las clases dirigentes, los conflictos armados de insospechables consecuencias, los nuevos fundamentalismos, las formas inimaginables de terrorismo y la crisis de las relaciones internacionales. Son evidentes las contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace, el relativismo, el menosprecio de la vida, de la paz, de la justicia, de algunos derechos humanos fundamentales, de la preservación de la naturaleza, que desafían a todos por igual y exigen respuestas comunes” (22). ¿Hay lugar para la esperanza: Si la familia pierde el sentido de su misión, si muchos  jóvenes son quemados por el paco, la droga y el alcohol, si los niños son heridos y explotados de tantas maneras, si las ideologías le impiden a la educación, cumplir su pleno cometido, de velar por  el desarrollo de todas las dimensiones  de la  persona y especialmente de su trascendencia  y religiosidad?

¿No se apaga la esperanza cuando el bien común  queda herido y  ciertas decisiones que mucho tienen que ver con él, nacen sobre tablas y en sesiones de trasnoche?

¿Qué pasa con la esperanza cuando tenemos miedo a dar la cara como cristianos en todas partes y ante quien sea?

 

CRISTO ES NUESTRA ESPERANZA

El Adviento como tiempo de gracia nos hace tender hacia Cristo, que siempre viene, para que nos encontremos con Él. “ Jesús está presente entre nosotros, en su Palabra que da sentido a la vida, en la Eucaristía, que alimenta nuestro amor y compromiso, en el hermano que sufre y nos tiende su mano, en las alegrías cotidianas y de otras maneras que nos ayudan a encontrarlo a Él y nos fortalecen  para el camino. Él  lo prometió y en esa promesa confiamos: Yo estaré siempre con ustedes(Mt28,20). Su presencia y su cercanía a todo lo humano  hacen  posible la Esperanza.

En este abrazo con Cristo , en este encuentro con Él,  lo descubrimos como el manantial, como la fuente viva de nuestra esperanza, pues cambia nuestra vida, liberándonos del pecado y de toda esclavitud y mediocridad.

Es necesario descubrir en estos días, que Cristo ha triunfado sobre el pecado  y la muerte  y en Él encontramos la fuente y la fuerza para  alentarnos unos a otros y no desalentarnos por la realidades que nos interpelan. Somos  capacitados para dar razón de la esperanza que tenemos y proclamar este profundo convencimiento: Cristo es mi Esperanza, la Esperanza que no defrauda.

 

NO TENGAMOS MIEDO DE SER HOMBRES Y MUJERES DE ESPERANZA

La Esperanza nos ayuda a discernir y reconocer las semillas del Reino de Dios que nunca  faltan en medio de la oscuridad. Una Luz  ya ha brillado en las tinieblas y  las tinieblas no la podrán devorar.

Los desafíos que hoy se nos presentan  nos hagan madurar en un auténtico espíritu de esperanza que nos lleven a  ser fuertes y generosos, firmes y creativos para encontrar caminos de solidaridad  y fraternidad como rostro humano de la comunión.

La esperanza  que tenemos y debe madurar dentro de nosotros, sea como la de los Apóstoles y  Profetas que esperaron contra toda esperanza. “No es lamento estéril, sino fortaleza que no se deja vencer. Porque sabemos en quien nos fiamos, no es pesimismo, sino confianza. Porque nos dejamos impulsar por el Espíritu , no es pasividad, sino compromiso, lleno de grandeza y de pasión por el bien.

El tiempo no es algo que pasa  sino Alguien que viene. “ Tengan animo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación” (Lc21,28) por eso no nos quedamos de brazos cruzados, corremos al encuentro de Cristo, que vino, viene y vendrá y lo hacemos unidos a los demás con un solo corazón y una sola alma en el amor.

Los bendigo de corazón y quiero ser para todos, profeta, testigo y servidor de la esperanza, infundirles confianza y proclamar ante todos, las razones de la esperanza cristiana (1 Pe 3,15)

Que la  Eucaristía de estos domingos, nos haga entrar  en los sentimientos  de Cristo para  que toda nuestra vida lo irradie y en todas partes demos un testimonio claro de esperanza y fidelidad.

Los encomiendo a la Virgen fiel ,  el signo de esperanza más bello  y  le ruego  nos prepare el corazón para descubrir la belleza de la Navidad con Cristo y que proclama siempre y a todos que: ¡ DIOS ES AMOR ¡

  

+Baldomero Carlos Martini

Obispo de San Justo

  

“ALÉGRENSE, Y NO SE ANGUSTIEN POR NADA , EL SEÑOR ESTÁ CERCA”

 

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