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Reflexión para el ADVIENTO

  

1.-Esperar es propio del hombre: somos un ser histórico: desde que nacemos vamos hacia delante. Y caminamos esperando. Siempre esperamos. La espera de lo bueno, de lo mejor estimula y hace desarrollar la actividad. La espera de por sí es activa: vamos en su busca; muchas veces experimentamos que lo que se espera no está allá lejos, inmóvil, si no, más bien está viniendo, se acerca.

¿Qué esperamos?: personas, acontecimientos, cosas. Esperamos confiando que lo que viene nos hará más, mejor, creceremos, podremos  mejorar, desarrollarnos. Esperar nos hace caminar hacia la felicidad. Esperamos crecer, ser más grande, saber más, tener una familia cordial, unida, en paz. Esperamos saber más, tener amigos, hacer un  nuevo hogar.

Es verdad que también se teme lo malo. Aunque no lo esperamos, sin embargo nos sacude y estremece: el mal ennegrece y oscurece el futuro.

Una de las esperas humanas más significativas es la espera del hijo que viene. Sobre todo en la madre y el padre pero también en toda la familia y las amistades.

 

2.- Vivir en espera del que viene es el sentido del Adviento. La llegada del esperado (eso significa ad-viento que puede ser la llegada de alguien o de algo) se activa y se despierta cuando se aguarda con el corazón porque está viniendo. La espera, también, busca como acelerar la llegada. La espera limpia la mirada para ver mejor, purifica el corazón para encontrarse con el esperado.

 

3.-El Adviento en sentido cristiano no es espera de “algo” sino de “Alguien”. Lo que los hombres esperamos puede ser muy variado. Pero hay algo que sabiéndolo o no, siempre buscamos: paz, vida, libertad, alegría, ser dueño de sí, curación de males muchas cosas, una vida que sea plena, feliz. Y, a su vez, en medio de tantas esperas desilusiones, frustraciones, pérdidas. Con todo, aún sin conseguir lo que esperamos y ansiamos, sentimos en nuestro interior el impulso a seguir esperando: es un impulso que el Espíritu de Dios hace brotar en el hombre.

Como creyentes creemos que el Esperado es Jesús. Teniéndolo presente con claridad o, también, aún cuando se desdibuja en nuestra conciencia la persona de Jesús, Lo estamos esperando. Él, a su vez, vino cuando nació, vivió, murió y resucitó, Y, también, ahora, para cada uno y para el mundo, sigue viniendo. El Adviento y la Navidad que recuerdan la primera Venida de Él, nos llama a vivir nuestra vida personal y actual en la Espera de Él que está viniendo también hoy, también a nosotros, también a nuestra Sociedad.

 

4.- La primera espera y la primera llegada de Jesús se realizó en el seno de su Madre Virgen,  en la familia de María y de José. Ambos, pero de un modo muy particular, María esperan, se preparan, aguardan. En María el Esperado comienza a llegar: los sucesivos momentos de su desarrollo en su seno de madre son los primeros pasos y los primeros tramos de su Llegada. Su Nacimiento mostrará a todos  que el Esperado llega y seguirá llegando para todos.

La llegada del Esperado nos muestra que, como en ese embarazo de María, también en todo embarazo viene alguien que Dios ama y envía. Las distintas explicaciones humanas del embarazo no pueden olvidar que cada vida humana nueva viene, en primer término, de Dios. En cada vida humana nueva comienza una historia que abarca y abraza a quien viene y a quines lo esperan. Y quien espera está llamado a cuidar a quien viene. Porque quien viene trae el don de una nueva vida que está llamada a ser también un bien para los demás.

 

5.- En la espera de Jesús, María y José cuidaron al Niño que estaba viniendo. Lo hicieron con dedicación, con generosidad, con audacia, con abnegación, con preocupación, con alegría. Así también cada embarazo requiere cuidado amoroso y abnegado. María y José son hoy, para el hombre y para la cultura que estamos construyendo, el  mensaje y el testimonio que necesitamos.

Hoy la infancia está amenazada  de distintas maneras. En el caso del embarazo, las diferentes razones para justificar, autorizar, legalizar el aborto no cambian la realidad: siempre es, lisa y llanamente, un asesinato. Como creyentes, como hombres se nos pide y se nos requiere desde esa maravilla que es la vida de alguien que comienza a existir en el seno materno que lo acojamos, lo ayudemos, lo cuidemos con toda la energía y la fuerza con que Dios dotó a la naturaleza femenina de la madre y a la naturaleza masculina del padre.

Celebrar el Adviento hoy es para el creyente cristiano profundizar la exigencia que brota de nuestro mismo ser humano: comprometernos a cuidar, a proteger, a alentar el maravilloso camino por el que todos venimos a la vida, el camino por el que Dios vino a hacerse hombre. Es, igualmente el compromiso de educar para la vida para el amor, par la solidaridad. Es el compromiso para promover toda la riqueza de la vida, del trabajo, de la solidaridad como lo hizo y lo enseñó a hacer en su vida Jesús, a Quien esperamos para que nazca en nosotros y a quien queremos seguir para hacer que nuestra vida y nuestra cultura sea de vida, de fraternidad, de justicia, de solidaridad.

 

6.- La celebración del Adviento nos impulse a purificar nuestro corazón a fin de acoger con esperanza y con brío a Quien viene a salvarnos. La espera activa que vivieron María y José sea modelo y estímulo de nuestra espera.
 

 Paraná, 7 de diciembre de 2006

 Mario L. B. Maulión

Arzobispo de Paraná

 

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