Charla de Mons. Maulión sobre
EDUCACIÓN PARA EL AMOR
15 de febrero de 2007
La educación para el amor
1.- Al comenzar este curso lectivo 2007, en
este encuentro con Ustedes comenzamos a abordar el amplio tema de la
educación sexual o educación para el amor. La necesidad de la misma,
siempre vigente en el hombre y en su educación, aparece hoy con mayores
exigencias por distintas razones que van desde lo negativo hasta lo
positivo. Esta educación, por una parte es presentada como respuesta a
situaciones lamentables: precocidad sexual, embarazos no Y, por otra,
también es propuesta como el camino hacia una vida humana plena, feliz, de
seria y conciente maduración, en orden a una plena libertad. La educación
sexual es, así, propuesta como una necesidad para el desarrollo perfectivo
del hombre. Cuando esta cuestión no era ni siquiera pensada en nuestros
sistemas y orientaciones escolares y en amplios sectores de nuestra
cultura, ya el Concilio Vaticano II, hace ya más de 40 años afirmaba que
“hay que ayudar, pues, a los niños y a los adolescentes, teniendo en
cuanta el progreso de la psicología, de la pedagogía y de la didáctica,
para desarrollar armónicamente sus condiciones físicas, morales e
intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido más perfecto
de la responsabilidad en la cultura ordenada y activa de la propia vida y
en la búsqueda de la verdadera libertad, superando los obstáculos con
valor y constancia de alma. Hay que iniciarlos, conforme avanza su edad,
en una positiva y prudente educación sexual”. Urgía ya la
Iglesia a una desafiante actividad no siempre tenida en cuenta luego por
nosotros.
Hoy está fuera de discusión la conveniencia
y la necesidad de la educación sexual. Creo que es preferible la
denominación educación para el amor pues responde a una visión
integral del hombre en la que lo sexual está enmarcado en una concepción
completa y trascendente del hombre: la del amor como fuente como
desarrollo y como meta de todo hombre, de cada hombre.
2.- La necesidad y urgencia de la educación
para el amor aparece requerida por los profundos cambios culturales
provocados por los modernos y atractivos “educadores” y moldeadores
tanto de la conducta como del modo y manera de pensar. Los MCS presentan,
de modo acrítico, sugestivo y tendencioso, modas, estilos de vida, modos
de pensar, con un relativismo creciente, con veladas o explícitas
descalificaciones y ridiculizaciones de conductas y valores “tradicionales”.
Son poderosos maestros que educan e impulsan a actuar.
La educación para el amor es
educación para la vida. Los aspectos negativos y nefastos de la
cultura de la muerte alcanzan y afectan a todo hombre. Abortos
justificados como derechos, mutilaciones presentadas como liberadoras,
contracepciones transitorias o permanentes propuestas para la seguridad,
distorsiones de la familia consideradas como diferentes alternativas de
familia y de parejas tienen una influencia directa sobre lo que entendemos
como educación para el amor. Pero sobre todo la tienen con los niños
desde su mismo asomar a la vida conciente.
Esta crisis cultural (sacudimiento de
valores, de modos de pensar y de estilos de vida) hace hoy más urgente una
educación para el amor que sea lúcida, veraz, íntegra.
“El amor permanece para siempre”
3.- Quiero hacer ante ustedes algunas
reflexiones sobre el tema: las hago como creyente en Jesucristo a
creyentes en Jesucristo. Nuestra fe alcanza, afecta e ilumina nuestras
vidas. También en este punto. Y junto con la Fe, también el sano y
correcto pensamiento racional.
Todo surgió del amor
y todo está llamado a desarrollarse en el amor, a culminar en él,
y, a proyectarse y continuarse en el amor. El amor permanece para
siempre. Y lo realizado por amor acompaña a los hombres para siempre,
más allá de lo negativo. De lo destructivo y de la misma muerte. Y la
muerte es derrotada y superada por el amor con que Jesucristo nos amó.
Dar la vida y educar
son las expresiones más altas del hombre porque son las manifestaciones
más fuertes del amor. Y, por lo mismo, son las más delicadas.
4.- En cada hombre que
nace hay una inclinación natural al bien y a la verdad. Hay también una
gran pobreza. Decían los antiguos que el hombre en su inicio es como una
tabla lisa (tabula rasa): no conoce, no elige, no ama. Es él quien
irá escribiendo su historia, sus conocimientos, sus opciones, sus amores.
Y lo hará aprendiendo. Aprenderá por lo que ve, por lo que oye, por
el modo como irá interpretando de esa realidad que es él y lo que lo
rodea. Para esto será ayudado a pensar, a elegir, a tomar decisiones tan
propias que sólo él las va a decidir.
Y necesitará ser
ayudado para encontrar respuestas a los por qué que siempre irá
teniendo en su vida.
Educar es enseñar a
pensar para que uno mismo descubra qué son las cosas, quiénes son los
demás, y, sobre todo, quién es él. Es saber encontrar el sentido de todo.
Irá aprendiendo a
elegir, a saber por qué elige. Tendrá que aprender que lo valioso que hay
en él y en los demás se mide por la dignidad de la persona, por la
riqueza de bien que hay en las cosas, en la naturaleza de
las mismas. Así irá descubriendo los valores que se asumen y se realizan.
El recto pensamiento humano muestra que todo esto tiene su valor en Dios “en
quien vivimos, nos movemos y existimos”. Él es “fuente de toda
razón y justicia” como sabiamente puntualiza nuestra Constitución
Nacional. En el creyente, la fe en Jesucristo afianza y corrobora todo
esto.
La familia
5.- El ámbito
primero, insustituible y fecundo de la vida y de la educación es la
familia. En ella nacemos, nos abrimos a la vida y aprendemos a vivir:
desde comer, vestirnos, caminar, asearnos hasta hablar, pensar, y, sobre
todo, elegir y amar. Porque es ámbito de vida, la familia
está llamada a ser ámbito de alegría, de comunicación. En
ella se practica el laborioso esfuerzo de crecer y se acrecienta el
maravilloso estado de felicidad que viene de experimentar vivencialmente
el desarrollo, el crecimiento. La crisis de la
familia oscurece toda esta perspectiva
La educación es un
camino arduo pero maravilloso, esforzado y fecundo. Cuesta trabajo y
esfuerzo. La educación que se pretenda fácil (“comprensiva”) es
engañosa y termina siempre en fracaso. La educación es costosa al
educador y al educando. No se logra con directivas o indicaciones. Por
el contrario, se alcanza en y por la convivencia de
personas que teniendo y viviendo los valores profundamente humanos
enseñan a descubrirlos (es decir, ayudan a pensar, a interpretar la
realidad) y estimulan. Por su manera de vivir muestran que lo que dicen es
su propio estilo de vida, del que están convencidos y porque lo consideran
sumamente valioso lo quieren trasmitir.
5.- Educar, así, es una
opción de vida, el estilo de vida que viven los educadores. Educan
por lo que viven, no tanto por lo que dicen. En esta perspectiva la
educación sexual manifiesta la opción de vida del educador.
Educar abarca una
realización multifacética. Es diálogo en que se aporta por la
palabra, los hechos, las respuestas y las actitudes ante decisiones y
acontecimientos. Porque uno vive, propone y busca provocar en el otro una
respuesta a su problemática y a lo que espera, ama y desea ser. El otro va
recibiendo propuestas que asumirá o modificará o rechazará. Pero siempre
será en relación con el otro. La acción es acción conjunta del educador y
del educando.
La primera y
fundamental escuela de aprendizaje, desde antes del mismo
nacimiento son la madre y el padre. Por ellos llegamos a la vida y
por ellos aprendemos a vivir. Por ser papá y mamá son educadores, los
primeros e insustituibles educadores: es su condición natural,
es su necesidad y es su gloria. No se los puede desplazar de esta tarea,
esta responsabilidad y esta gloria. Lo natural es que ellos
eduquen. Desplazarlos o sustituirlos es antinatural.
La escuela
6.- La escuela está
llamada a colaborar, a ayudar la limitación que los padres puedan
tener o experimentar. Pero, salvo situaciones lamentables y como remedio
excepcional y siempre parcial a sustituir o desplazar a los padres.
Tampoco otras instancias sociales pueden arrogarse el rol de primeros y
hasta de únicos educadores. La familia necesita ayuda complementaria, no
sustitutos. Las situaciones desgraciadas y lamentables que puedan darse
deben ser cuidadosamente atendidas para ser superadas. Pero nunca pueden
ser tan generalizadas como para desplazar a los padres en esta función
natural de ellos (educar) que es su gloria, su derecho, su
tarea, su obligación en conciencia.
La educación para el
amor (=educación para la vida) constituye hoy un desafío muy urgente para
los padres y para la escuela que los ayuda y colabora con ellos porque la
misma sociedad aparece contradiciendo el mismo sentido común.
Considerando lo que es el hombre, la mujer, el
matrimonio, los hijos, el trabajo, valores como la
responsabilidad, la laboriosidad, la defensa y
cuidado de la vida, hoy aparecen muy cuestionados, relativizados,
se descree de la inteligencia como camino hacia la verdad,
se desconoce el valor de la naturaleza como punto de referencia y de
valoración. Por ese motivo, a quienes somos educadores (en nuestro caso,
padres y docentes) se nos requiere un esforzado trabajo de presentar los
valores encarnados, mostrar las razones de esos valores,
reafirmar el valor de la inteligencia para encontrar tales razones,
conocer adecuadamente la naturaleza.
7.- Esto se nos
requiere en medio de una tormentosa vorágine cultural que oscurece y
desconcierta. Por eso la familia y la escuela están llamadas a una
formación creciente y continua de los padres y de los docentes. Hoy no
vivimos lo que vivíamos hace pocos años. La crisis moral y cultural es
creciente y plantea la necesidad de respuestas adecuadas porque las
necesidades de los niños son las mismas de siempre y su desprotección está
agudizada.
Razón y Fe en educación
Como creyente la
educación tiene una dimensión y una perspectiva mas honda.
Racionalmente sabemos que como hombres somos materiales,
vivientes, sensibles, inteligentes (conocemos e
interpretamos la realidad y aprendemos a hacerlo buscando la razón de
todo), voluntarios (elegimos luego de valorar), libres,
sociales (miembros de la sociedad: familia, grupo, nación),
culturales (destinatarios y agentes de la cultura. También nos
sentimos malos. Por la fe en Jesucristo sabemos que somos
amados y queridos por Dios. Es decir salvados. Dios,
creador y padre de todo, es también educador. Los padres y la
escuela somos educadores no solo de hombres sino de personas queridas y
salvadas por Jesucristo. Nuestra tarea educativa es una misteriosa
interacción con Dios. La tarea redentora de Dios en Jesucristo pasa por
las palabras, por la acción de los padres y de la escuela cuando viven la
unión con Él.
Así los padres y
la escuela son educadores de una manera novedosa: son testigos (hacen lo
que dicen) y son colaboradores de la paternidad y de la educación que Dios
hace con sus hijos y sus alumnos. Es un proceso arduo y difícil. Jesús el
Maestro lo realizó por el doloroso camino de la cruz y así fue
fuente de vida y de verdad para los que formaba y forma: así llegó y lleva
a la luz.
Acentos en la educación
¿Cuál es el trayecto de
esta educación tan necesaria y tan ardua? Quiero simplemente proponerles
algunos acentos que considero importantes para tener en cuenta en toda
educación, también en la educación para el amor
-
Asombro,
amor, cuidado y respeto a la vida para cultivarla.
-
Conocimiento
adecuado de la naturaleza. Este enunciado parece tan obvio
que puede resultar carente de sentido. Hoy es sumamente urgente tener
ideas claras para actuar y enseñar. Del encuentro entre inteligencia
y naturaleza surge la afirmación de los valores y
desvalores. Acertar en esto es camino de plenitud. Errar en esto es
camino de degradación. Las razones y las seudo razones para vivir ponen
en juego y en riesgo el presente y el futuro de todos en especial de los
niños y educandos. Enseñar a pensar en verdad es ayudar a elegir en
libertad. La ignorancia y la mentira esclavizan. Y para esto es
necesario que los educadores tengamos el espíritu reflexivo y crítico
para alcanzar laboriosamente y enseñar a hacerlo. No basta saber lo que
aprendimos. Es preciso mirar cada día cuál es la cultura emergente que
afecta y condiciona a todos, para saber responder
-
El rol insustituible del educador (padres
y docentes) exige de nosotros ser testigos de lo que
enseñamos, decimos y pedimos. En todo nivel, pero sobre todo en el tema
de la educación para el amor. Y en este ámbito todos queremos tener
ideas y propuestas claras y tenemos el influjo desgastante de una
cultura que en esta materia vive e impulsa vivir en sentido contrario.
Para esto se requiere la fuerza de la audacia para ser, como decía,
testigos de lo que proclamamos. La educación, así, es obra de
testigos que porque aman trasmiten lo que viven como auténticamente
valioso.
-
La mirada de la Fe por la Palabra de
Dios, por la enseñanza que desde Él nos viene aporta un panorama
nuevo y sustancial para la educación para el amor. La filiación
divina, hijos de un Dios que es caridad, abre la inteligencia y
la voluntad a una conducta mucho más amplia y más plena. Por eso la
unión con el Señor, en su Palabra
y en sus Sacramentos son parte integrales de una educación para
el amor en un creyente. La continua formación alcanza
también esta dimensión.
La educación para el
amor, piedra de toque de toda educación, es:
-
CAMINO DE
LIBERTAD
-
CAMINO DE
MADURACIÓN
-
CAMINO DE
FELICIDAD
-
CAMINO DE
VIDA
-
CAMINO DE AMOR
Mons. Mario Maulión
Arzobispo de Paraná