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Mensaje de monseñor José María Arancedo,
arzobispo de Santa Fe de al Vera Cruz
 para la Navidad 2005

 

Cada año la fiesta de Navidad nos lleva a fijar nuestra mirada en aquellas cosas simples y profundas que dan sentido y son el fundamento de nuestra vida: la fe en Dios, el valor de la familia y el poder del amor. En estos días también se fortalece nuestra esperanza en la realización de una sociedad más justa y fraterna. Estas palabras y estos deseos que se convierten en saludos  hoy los pronunciamos con una renovada confianza. Lo que parece lejano y difícil en Navidad lo vemos cercano y posible. Al mismo tiempo a su mensaje lo sentimos como un llamado a ser protagonistas en este camino de amor y de paz.   

Navidad es el sí de Dios al hombre. Su fuerza radica en la certeza de que Dios no se ha desentendido del hombre sino que le ha enviado a su Hijo, que nace en la humildad del pesebre, para acompañarlo con su palabra y su presencia. Esta cercanía de Dios es nuestra mayor riqueza y la fuente de nuestra esperanza. El hombre ya no camina solo: Dios camina junto a él. Navidad va a alcanzar su plenitud de sentido cuando se encuentre con el sí del hombre a Dios, con nuestro sí. ¡Que te sepamos encontrar, Señor, en la sencillez y en la humildad de tu venida, para vivir la alegría de tu presencia y el compromiso con tu mensaje!

No podemos dejar de pensar y de dolernos, sin embargo, en estos días en que celebramos el amor de Dios y proclamamos la esperanza de un mundo nuevo, en esa otra realidad de la marginalidad que aún persiste y que no podemos mirar con indiferencia, recordemos que el Niño de Belén a quién hoy celebramos ha nacido en la pobreza y que a lo largo de su vida se ha identificado con los que sufren; en la violencia que ha llegado a niveles de desprecio por la vida y de muerte antes nunca vistos; en el flagelo de la droga que esclaviza a nuestra juventud y destruye sus ideales y su futuro; en la realidad de abandono en que se encuentran muchos chicos en nuestras calles y necesitan de una urgente atención que les permita acceder a los bienes de la comunidad; en los enfrentamientos y rencores que dificultan el diálogo, comprometen la unidad y demoran nuestro desarrollo y crecimiento como sociedad. Estas sombras existen y nos duelen, pero no nos deben hacer olvidar de las riquezas y potencialidades que poseemos y  reclaman, de cada uno de  nosotros una actitud de responsabilidad personal y de compromiso social,  para ponerlos al servicio de  nuestros hermanos más necesitados. Esto también forma parte del mensaje que celebramos. 

En esta Noche de Navidad quiero invitarlos a todos, especialmente a quienes desempeñan cargos de dirigencia en los diversos niveles de la comunidad, a acercarnos al pesebre y recibir el mensaje del Niño de Belén con un corazón bien dispuesto para descubrirnos como hermanos y construir juntos, en una sociedad herida pero que mantiene viva la esperanza, el significado de este día que con alegría celebramos. Que Navidad sea una luz y un llamado para recorrer este camino de verdad y de vida, de justicia y de solidaridad, que son el fundamento de la paz. Este es mi deseo que he querido compartir con ustedes y hacerlo oración con cada familia. Que María, nuestra Madre, nos acompañe en estas fiestas y nos ayude a vivir y a recorrer el camino de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Reciban en esta noche de su Obispo que reza por ustedes, mi palabra de cercanía y afecto junto a mi bendición de Padre y amigo.


Mons. José María Arancedo,
arzobispo de Santa Fe de al Vera Cruz
Santa Fe de la Vera Cruz, Navidad de 2005.

 

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