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Homilía  de Monseñor Mario Antonio Cargnello, Arzobispo de Salta
con motivo de la Nochebuena

I

“El pueblo que caminaba en las tinieblas
Ha visto una gran luz;
Sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz…
Porque un niño nos ha nacido,
Un hijo se nos ha dado” (Is. 9, 1.5)

 

Los hombres, llamados a buscar la verdad, nos encontramos con la luz. Cristo, el que conoce el corazón del hombre, ha nacido. En él el hombre encuentra la respuesta última y definitiva a los grandes interrogantes de su corazón. Él es la respuesta a la pregunta sobre el sentido de nuestra existencia y de la historia. A su luz la vida adquiere color y perspectiva porque él nos entrega una nueva identidad de la que brota una nueva conciencia: la identidad y la conciencia de ser hijos de Dios.
¡Que importante es recordar esta verdad maravillosa en las puertas del año jubilar del bicentenario de nuestra Iglesia de Salta! Dios ha sido fiel con nosotros. En el curso de nuestra historia que remonta sus orígenes más atrás, allá por 1582, dios no nos ha abandonado. Su ternura de Niño que nace, su fuerza de Hombre que camina y pasa haciendo el bien, su entrega de Víctima inmolada en la Cruz por nuestra Redención, su poder de Resucitado que renueva todas las cosas, han estado siempre con nosotros desde el Rostro amado del Señor del Milagro, alimentando en cada generación de salteños el compromiso de ser cristianos y ciudadanos, caminantes hacia la Casa del Padre y comprometidos por mejorar la casa de los hombres.
Recordar en esta Navidad al Señor que nace es buscar en Él la raíz de nuestra identidad como cristianos y como pueblo. Su luz, la luz de la Navidad proyecta su brillo que nos permite descubrir quiénes somos para gestar en nuestra generación una sociedad a la medida del hombre. Una sociedad en la que la familia sea respetada y sostenida en el marco liberador del proyecto de Dios, porque cualquier proyecto que ignore el designio de Dios sobre la familia, que la fundó sobre el amor de un hombre y una mujer, amor exclusivo, fiel, capaz de permanecer en el tiempo y abierto a la vida, termina oprimiendo a los mismos esposos e hipotecando o destruyendo el futuro de los hijos.
A la luz de la Navidad queremos renovar nuestra convicción y compromiso de trabajar por una sociedad en la que los valores de la verdad, la libertad, la justicia y el amor, valores que brotan de la dignidad humana y la favorecen, sean sostenidos y promovidos en todos los niveles. Practicar estos valores constituye un camino seguro y necesario para alcanzar la perfección personal y una convivencia social más humana. Amar la verdad, procurar vivir en la verdad, ser transparentes, constituye una exigencia de vida o muerte en una sociedad en la que las relaciones se hacen cada vez más complejas y la brecha entre los pocos que tienen mucho y los muchos que terminan siendo excluidos se convierte en un abismo. Se juega aquí un capitulo en el que los cristianos debemos testimoniar claramente nuestra fe. La llamada a la santidad que adquiere sonidos fuertemente convocantes en la Navidad nos exige no mirar hacia otro lado en este tema, “porque la gracia de Dios, que es fuerte de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos para vivir presente con sobriedad, justicia y piedad! (Tit 2, 11s)

 

II

“No teman, porque les traigo una buena noticia,
Una gran alegría para todo el pueblo:
Hoy, en la ciudad de David,
Les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.
Y esto les servirá de señal:
Encontrarán a un niño nacido envuelto en pañales
Y acostado en un pesebre (Lc. 2, 10-12)

 

La vida es un don de Dios. Navidad nos recuerda el valor de cada niño desde el instante mismo en que es gestado en el seno de su madre. El encuentro de María e Isabel testimonia la fuerza evangelizadora de un niño concebido: “El niño se estremeció en mi vientre” (Lc. 1, 44), dice Isabel. Un niño que va nacer es una oportunidad para la humanidad no una amenaza. Por eso supone la madurez de quiénes deciden ser padres y por consiguiente, una actitud respetuosa ante la sexualidad que no es mero vehículo de placer desenfrenado sino camino de comunión interpersonal total que adquiere su sentido sólo en el matrimonio.
Es necesario que como sociedad asumamos el costo de una mentalidad pansexualista y erotizada que alimenta violencias, frustraciones, búsquedas de caminos equivocados, niños condenados a no conocer a sus padre, pobrezas estructurales cada vez más difíciles de superar. Se pone el sexo al servicio del dinero hasta prostituir a las reaccione escandalizadas frente a hechos aberrantes. Es necesario que la sociedad reconozca el proyecto de Dios sobre la sexuali dad, el amor, la famita y la vida y que no tema a ese proyecto. Nadie mas que Dios quiere el bien del hombre y de su felicidad, también en estos temas. Los cristianos debemos asumir frente a ellos un serio compromiso de educar en la madurez que propone la castidad como estilo de vida que nos enseña a poseernos para darnos y que respeta el pudor como custodio de la dignidad humana. No nos engañemos, cuando los sistemas quieren ser totalitarios saben que desnudar al hombre ante los otros es una forma de degradarlo en su dignidad; sea que lo hagan en un campo de concentración, sea que lo hagan en una propaganda o programa de “entretenimiento” al servicio del dinero.

 

III

“Canten al Señor un canto nuevo,
Cante al Señor toda la tierra:
Canten al Señor, bendigan su Nombre (Sal 95,1)

Podemos mirar los grandes desafíos que están en la raíz de nuestra cultura salteña y argentina como pueblo marcado por el Evangelio de frente y sin miedo. La familia y la vida son para nosotros, los cristianos, bienes preciados que nos ha confiado Dios como un desafío para servir a nuestros hermanos en el tiempo que nos toca vivir. El canto nuevo de la Navidad nos invita a caminar sirviendo a las familias para renovarlas desde el amor de Cristo que vive en nuestros corazones y a la vida que palpita en el ser humano desde su concepción hasta la muerte. Como familia de Dios nos reunimos alrededor de su Mesa en la Eucaristía. Aquí nos es dada la Vida ¡Feliz Navidad!

 

Mario Antonio Cargnello
Arzobispo de Salta

 

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