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HOMILÍA DE MONSEÑOR MARCELO PALENTINI,
 OBISPO DE JUJUY

EN OCASIÓN DE LA PEREGRINACIÓN DE LOS JÓVENES
 REALIZADA EL DOMINGO 22 DE OCTUBRE
 AL SANTUARIO LA VIRGEN DEL ROSARIO DE RÍO BLANCO Y PAYPAYA,

 PATRONA DE JUJUY

 

 

Queridos hermanas y hermanos:

Dios actúa en la historia del pueblo de Israel desesperanzado, muchas veces deportado, explotado por los demás. Deposita en el corazón de ese pueblo la esperanza, y la certeza de que lo que pasa en este momento se transformara luego en alegría, siempre que se mantenga fiel, mas todavía, les dice, 1º lectura, que muchos otros pueblos querrán participar de la suerte, de la dicha de ser pueblo de Dios.

A lo largo de la historia esto se realizó. Miles, millones, centenares de millones de personas a lo largo de estos dos mil años, han descubierto la alegría de ser pueblo de Dios, la alegría de ser seguidores, discípulos de Jesús. También muchos han sentido la alegría de haber sido llamados para poder colaborar en esta construcción del reino

En la mentalidad judía, el Mesías era alguien que debía hacer las cosas solo, no necesitaba colaboración de nadie, para eso era el Mesías. Y Jesús se esfuerza de hacer entender que el Mesías necesita de colaboradores, por eso, a trabes de palabras, a trabes de signos, a trabes del llamado que hizo Jesús: a los doce, a los setenta dos y los muchos otros, nos enseña que muchos estamos llamados a colaborar.

El evangelio de hoy nos presenta un hecho de reflexión, un tema de meditación para nosotros también. El Rey, Jesús, nos necesita para que colaboremos con El. A cada uno de nosotros le ha dado esa moneda de oro que es la vida, para que la sepamos aprovechar al máximo, y ponerla al servicio suyo. Y de ese… poco, mucho, muchísimo, aparentemente tiempo, que es la vida; depende de años de cada uno, tenemos que ir haciéndola fructificar, para poder colaborar con el Seño en esta realización de un mundo nuevo hecho según el proyecto no humano sino Divino. Y nos llama a todos en esta colaboración, pero esta colaboración exige esfuerzo, exige constancia, exige confianza en el Señor. Exige también la seguridad de que la recompensa llegara, por que Dios no falla nunca.

La parábola del evangelio nos mostraba distintos servidores, algunos han hecho todo lo que podían y han recibido la gran recompensa. El otro que se dejo ganar, por lo que diríamos hoy en día: “la fiaca”, que la conocemos, no, la desconfianza, tanto esfuerzo parea que, termina perdiendo uno esa moneda de oro, termina perdiendo el sentido de su vida; termina perdiendo toda la dimensión de ese regalo de Dios, que es el don de la existencia, para servir. Esto nos ayuda a pensar en lo que queremos nosotros hoy, empezar, como momento fuerte para el año 2007, para todos los jóvenes, y los que quieran acompañar, los que tengan mucho años de juventud adentro; juventud acumulada decimos cuando uno tenemos muchos años. La juventud depende del corazón de cada uno. Y estamos llamados a dar nuestro testimonio de Fe. Estamos llamados a dar sentido a nuestras vidas, el lema de hoy era justamente esto “En Cristo encontraras el verdaderos sentido de tu vida” no en la comodidad, no la vas encontrar en el cyber, no la vas a encontrar en el baile, todo puede servir, para manifestar la alegría, la euforia el entusiasmo de la juventud, pero el verdadero y profundo sentido de tu vida te la da el mismo Cristo. Por eso el joven, llamado por Jesús, que ha recibido este don grande de la vida, y la sabe aprovechar en el nombre de Cristo, ese joven, esa persona, que tiene entusiasmo en su corazón, será el que vivirá intensamente;  no se cansará de gastar su vida para construir el reino de Dios. Que lindo pensar en tantos jóvenes, que ya lo están haciendo, como catequistas, como miembros de grupos juveniles, de grupos misioneros, tanta gente que sabe que si vida nos es, para que pase los años, sino para enriquecer cada día y cada año de obras buenas. Que lindo saber que tantos jóvenes, al encontrarse con Cristo saben tener ese entusiasmo permanente de decir mi vida vale, mi vida es importante a los ojos de Dios, mi vida es importante para los hermanos que me rodean. Saber que cada joven se esta preparando para construir una sociedad distinta para el día de mañana, cuando tengan responsabilidades, pero ya ahora están renovando la sociedad, contagiando a sus compañeros, con ideales, con espíritu profundo de todo lo que están haciendo. Por lo tanto, nosotros podemos preguntarnos, ¿para que Dios nos ha dado la vida?, ¿para que vivo?¿como vivo? Son preguntan esenciales, que todo joven, y toda persona se tiene que hacer. Dios no me la dio por casualidad esta vida, si no me la dio como regalo para que yo haga de mi vida un don, un regalo a los demás. Dios no me ha dado la vida para que pase, y vaya acumulando años, sino para que aproveche cada instante, para hacer algo bueno dentro de su proyecto.

El servicio humilde, entregado al proyecto de Dios, es el que llena el corazón de los hombres, es el que llena nuestro corazón de paz. Maria nos enseña justamente eso. Ella la humilde servidora canta las maravillas del Señor. Maria la humilde servidora, sabe que Dios hace grandes cosas en ella. El joven humilde servidor sabe que Dios hace maravillas en el. Y el puede alabar con la vida y con las palabras, con el canto y con la manera  de ser puede alabar a Dios. El joven que encuentra sentido en su existencia no se cansa de buscar formas, de contagias este ardor que tiene adentro. Que admirable lo vemos desde acá. De arriba se ve bien. Tanta, tanta gente, miles y miles de personas, que han venido peregrinando hasta el Santuario de la Virgen, aquí estamos llamados para poder aprender de María, que ese pequeño don que es nuestra existencia, se hace gran don cuando vivimos con el Señor en el corazón. Por lo tanto, el joven que quiere vivir, no se conforma de sobrevivir, no se conforma con dejar pasar el tiempo, sino da sentido, y goza de cada instante y de cada oportunidad que Dios le ofrece. El joven que da sentido a su vida, sabe y hace suyo ese lema tan hermoso que a lo mejor conocen, sino es bueno que lo recuerden siempre, “el que no vive para servir, no sirve para vivir” el que no vive para hacer de su vida un don, no sirve desperdicia su vida. Por eso siempre tiene un dinamismo nuevo para dar, sentido nuevo, entusiasmo nuevo a su vida. El que es discípulo de Jesús, es también misionero, anunciador de Jesús. El que sigue a Jesús y escucha su palabra, es el que después siente la necesidad de anunciar esa palabra a los demás ¿para que? Y es el lema de la Gran Conferencia Latinoamericana del año 2007, por eso entramos en sintonía ya, con ese proyecto de toda América Latina, de hacer una Gran Misión Continental Permanente. Que el titulo de ese  encuentro: “Discípulos y misioneros, para que en Cristo todos los pueblos tengan vida, por que Cristo es Camino, Verdad y Vida”. Nosotros también queremos ponernos en esta sintonía con toda la Iglesia latinoamericana. Invitamos a todos los jóvenes  a que sean discípulos concientes de Jesús. Que sea Él, el maestro. No algunos otros que tenemos en abundancia, y que te proponen lo que no  satisface plenamente la vida. A trabes del canto, a trabes de determinados tipos  de distracciones, o de diversiones, y que dejan árido, vació el corazón. Cristo, es el Maestro, nosotros los discípulos, los que lo seguimos. Cristo nos llama y nos envía, nosotros recibimos su llamado y le decimos si aquí estamos. Por lo tanto en este tiempo nos prepararemos para hacer de toda la juventud, anunciadores o receptores de este mensaje de Jesús. Y poder así  renovar nuestro mundo, nuestra sociedad. Porque nuestra juventud es una juventud entusiasta y buena. Nuestra juventud tiene muchos ideales y muchos valores. Nuestra juventud no esta corrompida por dentro por que lo tiene a Dios en el corazón, y ustedes son la demostración de esto. Nuestra juventud vale, y por eso el Señor confía en nuestra juventud, para que seamos instrumentos suyos para que llevemos ese mensaje a los demás.

Gracias jóvenes por decirle Sí al Señor. Gracias por decirle Si a María, y decirle queremos imitar tus ejemplos. Gracias jóvenes por estar aquí para decir al Señor, queremos servirte. Pero decirle también a nuestra sociedad, hay esperanza en el mundo porque los jóvenes tienen a Dios en el corazón, y quieren seguirla a María, que ha traído al Salvador del mundo a nosotros; que nos ha regalado y nos sigue regalando este Jesús el Salvador del mundo. Gracias jóvenes por estar aquí, y por decirle Si a Dios y a María.

Que así sea.

 

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