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SOLEMNE TEDÉUM DEL 25 DE MAYO DE 2006

IGLESIA CATEDRAL DE ZÁRATE-CAMPANA

 

Señor Intendente Municipal

Señora Diputada provincial

Señores Concejales y autoridades municipales

Autoridades de las Fuerzas de seguridad

Autoridades educativas y hermanos todos

 

Estamos en camino cierto hacia el Bicentenario de nuestro ser nacional, que tendrá lugar el 25 de mayo de 2010. Es un proyecto de esperanza y de caridad social por realizar. De hecho, habiéndome hecho cargo el 18 de febrero de esta diócesis de Zárate-Campana, donde me ha enviado el Papa Benedicto XVI, he visto la riqueza de su vida cívico-eclesial, la calidez y laboriosidad de su gente, así como he recogido las muestras de adhesión, respeto y estima de la población. Esta región se distingue dentro del concierto de las regiones argentinas por su pujanza y sus fuentes de trabajo, sin dejar de considerar, claro está, las dificultades y pobrezas, respecto a las cuales queremos seguir progresando y queremos seguir ayudando a la promoción de la persona humana.

 

Es por ello para mí, como vuestro Obispo, y para la iglesia local, un gusto y una alegría muy grandes el poder contar con este tipo de actos que enaltecen nuestro ser cívico y manifiestan los valores de la argentinidad. Nuestra iglesia catedral, pequeña de dimensiones y envergadura pero con corazón grande, recibe hoy a todos ustedes, representantes del pueblo y sus servidores, y a aquéllos vecinos que se han acercado para dar gracias al Señor y para orar. Oramos hoy especialmente por quienes nos gobiernan y por todos quienes tienen responsabilidad por la cosa pública y su gestión, que es de orden humano, que está orientada al bien de todos. Es bueno también reconocer y alentar todos los méritos e iniciativas que se han hecho en bien de la comunidad, los adelantos realizados, las metas compartidas a realizar con esperanza. Hay que seguir trabajando, construyendo una comunidad plural, basada en valores humanos y trascendentes, una comunidad donde se haga carne el amor o «caridad social», como la llama el «Compendio de la Doctrina social de la Iglesia».  

 

En efecto, como cristianos y como ciudadanos venimos a dar gracias a Dios por un nuevo aniversario de un acontecimiento que nos marcó en nuestro ser nacional: el 25 de mayo de 1810. Fue la marca naciente que nos puso en camino al derecho fundamental a regir los propios destinos, el derecho a un territorio propio, magnífico, por cierto, que el Señor nos a dado, a un pueblo, a un gobierno, una economía, una política, una vocación, en fin… Esto es ser nacional, independencia, no para cualquier destino  -lo cual sería más bien un «paradero»- sino para un destino de grandeza que nos posibilite hacer realidad la célebre salutación de nuestro himno: “Al gran pueblo argentino, salud”…  Es lo que hoy, como comunidad nacional, queremos vivir y queremos efectuar, con la contribución de todos, gobernantes y ciudadanos de este bendito país.

 

Vocación significa «ser llamado». Y lo somos, por Dios, a construir la civilización del amor en una sociedad concreta. Como cristianos sabemos que hay que actuar en el mundo, en la sociedad humana concreta. Esto no quita el sentido de la Providencia divina. Hay que actuar en el mundo, en la sociedad concreta, sabiéndonos llevados de una Mano mucho más grande, mucho más amable, y de una Inteligencia infinitamente superior a toda la inteligencia humana. Muchas veces nos preguntamos por el papel de la Iglesia en el mundo de hoy. Y podemos decir que hoy, como siempre, lo más grande que tiene la Iglesia es el mismo Cristo, y por tanto el mensaje de la Buena Nueva que es el Evangelio. A  veces nuestra falta de fe nos lleva a ponernos en planos muy, muy exclusivamente humanos, y desde planos así creo que hay que decir que nuestro atractivo no es mejor o mayor que el que puedan tener otras realidades. Lo grande que aporta el catolicismo al mundo es Cristo, es el mensaje vivo de Cristo, el mensaje hoy presente y real en la vida. Desde aquí lo cristiano supera cualquier dificultad, se hace profundamente atractivo, llena todos los corazones de los seres humanos.

 

Con total respeto de todas las creencias legítimas, el don de la Fe y una mirada optimista y realista sobre la realidad humana, es un gran aporte que el cristianismo puede seguir realizando, con juventud siempre nueva, en nuestra sociedad argentina actual.

 

Ojalá que sigamos construyendo una patria de hermanos, cada día con vitalidad siempre nueva, con nuevo ardor, con nueva fuerza. Que esto sea una razón importante de nuestra vida.

 

El Señor Jesús, Verdadero Dios y Verdadero Hombre, que nos ama profundamente, y su Madre, la Virgen María, están apoyándonos con su Amor para que hagamos cada día más una civilización más conforme al designio del Padre de toda la humanidad.

 

                                                + Oscar D. Sarlinga

                                               Obispo de Zárate-Campana

 

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