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Homilía de Monseñor Luis Stöckler, Obispo de Quilmes

en el domingo 19 de febrero de 2006

Curación del Paralítico

Mis Queridos Hermanos:

Para entender el Evangelio de hoy debemos prestar atención a la Lectura del libro de Isaías.
Según el Evangelio de Marcos los cuatro hombres que cargaban con el paralítico no estaban dispuestos a desaprovechar esta oportunidad de dar con Jesús y entonces resueltamente levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba y descolgaron la camilla con el enfermo.
Al ver la Fe de estos hombres, y sobre todo, conociendo Jesús la vida interior del paralítico, y su necesidad espiritual, dio cumplimiento a aquella palabra del profeta Isaías:
"No piensen cosas antiguas, yo estoy para hacer algo nuevo, sólo Yo soy el que borro sus crímenes por consideración a mi, y ya no me acordaré de sus pecados."

Y le dice Jesús al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados".

Lo que el paralítico ha sentido en este momento, lo pueden comprender todos los que han sufrido las ataduras que causa el pecado en el interior. Aunque gocemos de buena salud física, el pecado tiene un efecto paralizante y nos quita la alegría y la libertad interior. La persona se desmorona por dentro y no escapa ni puede liberarse por su propia iniciativa. La palabra del perdón que dirigió Jesús al paralítico había sido lo mas importante y también lo más difícil, porque para que se rompan las cadenas del pecado el hombre debe aceptar con humildad su condición de pecador. Dios respeta nuestras decisiones y no impone su ley ni su perdón por la fuerza. Aunque para los que estaban por aquel entonces sentados allí y a lo mejor también para los que estamos aquí, es considerado más difícil decir a un paralítico  que se levante.

La sanación física significa para Dios simplemente una orden dirigida al cuerpo que no puede poner resistencia. Cuando Jesús pronuncia la palabra "Yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa", sin duda lo hace para sanar su cuerpo, pero sobre todo para resaltar la veracidad y la importancia de la palabra del perdón. Los escribas estaban escandalizados de estas palabras: "Hijo, tus pecados te son perdonados", y decían: "¿Qué está diciendo este hombre?, ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?. "Ellos no comprendían que fue Dios el que estaba perdonando a través del hombre Jesús. La profecía de Isaías: "Yo estoy por hacer algo nuevo", se concretó en Jesús y a partir de Jesús. El Señor respondió al sufrimiento del hombre pecador que necesita que alguien le diga con autoridad "Te absuelvo de tus pecados". Esta autoridad, dio Cristo a sus apóstoles que en la Iglesia es el sacramento de la reconciliación. Y es allí donde podemos experimentar el poder sanador de la palabra que nos libera de las ataduras y nos devuelve plenamente al seno de la comunidad.

"Nunca hemos visto nada igual", decía la gente en aquel entonces y glorificaba a Dios.  Es esto lo que queremos hacer también con esta Eucaristía, darle Gracias al Señor quien por el poder de su palabra, se hace presente en el cuerpo y en la sangre derramada para el perdón de los pecados.

Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes
Quilmes, 19 de febrero de 2006.
 

 

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