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Homilía de Monseñor Luis Stöckler,
 Obispo de Quilmes


Domingo 26 de febrero de 2006
 

"VINO NUEVO"

La praxis del ayuno es común en todas las religiones. Su observancia es considerada como prueba de la autentica piedad de los fieles. También Jesús, antes de emprender la misión pública, se retiró guardando ayuno absoluto durante un mes entero. Los discípulos de Juan, con el cual Jesús se había bautizado, practicaban esta disciplina, y los fariseos, además del día de perdón según la prescripción de la ley mosaica, ayunaban voluntariamente dos veces todas las semanas y gozaban  por eso del aprecio del pueblo. Llama por eso la atención que los discípulos de Jesús no ayunaran.

Jesús mismo explica el significado profético de  esta aparente falta de austeridad. "¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos?", pregunta el Señor. Y nos viene a la memoria el primer signo que él produjo justamente en una boda, cuando transformó el agua en vino, en sobreabundancia. "Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo", dice Jesús. La profecía de Oseas de que Dios iba a encontrarse con su pueblo y desposarse con él para siempre en la justicia y el derecho, en el amor y la misericordia, se cumplió por fin con la venida de Cristo, y con sus discípulos se inició esta fiesta de desposorio. Así también se comprende que el Señor se dejara invitar por los publicanos y marginados, y que lo tildaran de glotón y borracho. Él les contestó: "En el cielo hay más alegría por un solo pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse"(Lc 15, 7). La presencia del Mesías es el motivo de la fiesta. "Yo quiero amor y no sacrificios" (Os 6, 6) reclamaba Dios por el profeta. La ascesis no sirve, si su resultado es la autosuficiencia. El verdadero ayuno sensibiliza por las  limitaciones propias y despierta en nosotros  la misericordia para con los demás.

Jesús termina la enseñanza con la comparación del genero nuevo y del vino nuevo. El que está vestido del hombre nuevo adquiere hábitos diferentes, y el que bebe el vino nuevo del Espíritu asume un estilo de vida que manifiesta la frescura de sus inspiraciones permanentes. La novedad de la existencia cristiana es el amor, y el amor nos hace libres. "Ama, y haz lo que quieras", dice San Agustín. Pero el santo está conciente de que este amor no es obra nuestra, sino don de Dios. Por eso le ruega: "Dame lo que pides, y entonces pide lo que quieras".

"Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán", dijo Jesús aludiendo a su muerte. Dentro de pocos días estaremos invitados de hacerlo en la Cuaresma. Pero hoy es domingo, día de la presencia del Resucitado, motivo de fiesta y de gozo en el Espíritu. Como Jesús  debemos saber celebrarlo, abiertos a todos,  en el amor y la misericordia.

Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes
Quilmes, 26 de febrero de 2006
 

 

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