Oficina de Prensa

prensa@cea.org.ar

Todas las Noticias

HOME PRENSA

HOME CEA

La voz de los pastores

Documentos

Agenda CEA

Otras oficinas de Prensa

Vínculos

Contacto


CARTA PASTORAL DEL OBISPO DE QUILMES

EL AMOR CRECE A TRAVÉS DEL AMOR
 

1. Con el Miércoles de Ceniza comenzamos el tiempo de los Ejercicios Espirituales que nos invitan a revisar nuestra vida y a renovar la opción fundamental por Cristo. "Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él" (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la primera carta de San Juan expresan con una claridad singular, como dice nuestro Papa Benedicto XVI en su primera encíclica, el corazón de la fe cristiana. Cuando el ministro nos dice, al marcarnos con la ceniza: "¡Conviértete y cree en el evangelio!", se refiere a este mensaje central: creer en el amor de Dios que se ha revelado en Cristo, y permanecer en él. Cristo manifestó el amor en su doble dimensión: al Padre y al prójimo. Es un solo amor que no separa a Dios del hombre, ni al hombre de Dios. En esta unión se verifica la autenticidad del amor. San Juan dice: "Si alguno dice: "amo a Dios", y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve" (1 Jn 4, 20. "El amor del prójimo", comenta el Papa, " es un camino para encontrar también a Dios; cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios" (16).

2. Mi mensaje se inspira este año también en la carta de San Juan. ¡Que la Cuaresma sea un tiempo de revisar nuestro amor! Pidamos al Señor que nos abra los ojos para que veamos nuestras conductas, que terminan por fragmentar este único amor. A pesar de nuestra buena voluntad, muchas veces somos sorprendidos por inclinaciones que nos desvían de la entrega y nos encierran en nosotros mismos. San Juan nos señala algunos frentes, donde debemos estar precavidos: "No amen al mundo ni las cosas mundanas. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo es concupiscencia de la carne, codicia de los ojos y ostentación de la riqueza" (1 Jn 2, 15-16). Por mundo no se entiende aquí  la creación como obra de Dios, sino el medio ambiente donde actúan fuerzas dañinas, que desconciertan al hombre y lo separan de Dios. Estas fuerzas si son aceptadas, provocan en el hombre los vicios que llamamos pecados raíces o capitales. Juan evoca aquí tres de ellos: la sensualidad, la avaricia y la vanagloria.

No es difícil darnos cuenta de la actualidad de esta advertencia. El anzuelo de muchos espectáculos que se ofrecen a través de los medios, apuntan descaradamente a la concupiscencia de la carne. Por el otro lado, los asaltos permanentes a gente indefensa, a bancos y empresas, y la violencia que se manifiesta en las injusticias y los conflictos sociales sin control, tienen como causa comúnmente el afán de sacar dinero de cualquier forma. Finalmente, la idolatría de personas que son aceptadas y admiradas por el éxito y por las riquezas que acumulan, hablan a las claras de la ostentación y la soberbia. Cuando estas avideces nos atrapan, Dios y el prójimo son usados y el amor se desvirtúa.

3. Las tentaciones a las cuales el Señor fue expuesto en el desierto por el demonio, tienen que ver con estos frentes.
Cuando, en la primera, Jesús rechaza la propuesta de convertir las piedras en panes, lo desenmascara al diablo en su intención de llevarlo a la búsqueda de la satisfacción inmediata de su cuerpo y a la exaltación del propio yo. "El hombre no vive solamente del pan sino de cada palabra que sale de la boca de Dios", es la respuesta del Señor. Ciertamente, no despreciamos la vida, y pedimos en el Padrenuestro el pan de cada día; pero hay un hambre en nosotros que no se satisface con la comida. Es ésta la razón, por la cual en la cuaresma estamos invitados al ejercicio del ayuno, que quiere sensibilizarnos para alimentarnos con la Palabra y aprender a disfrutar la vida en toda su profundidad.

4. En la segunda tentación aparece la codicia de los ojos con la tentación de las riquezas, cuando el Señor escucha la oferta de hacerse dueño de todos los reinos. Es notable cómo en nuestra sociedad el aspecto económico está considerado como lo que prima sobre todo lo demás. Sin embargo, no se logra zanjar el problema de la enorme diferencia entre ricos y pobres en el país. Sentimos algo como una rebeldía contra Dios quien nos pregunta como a Caín: "¿Dónde está tu hermano?" Los observadores más lúcidos hoy, por suerte, están convencidos de que la mayor inversión habría que realizarla en el campo de la educación. Pero deberíamos fijarnos desde un comienzo, si esta propuesta no se hace también con fines sólo utilitaristas. Jesús le contestó al diablo: "Está escrito: Adorarás al Señor tu Dios, y sólo a Él rendirás culto". Esta respuesta pone en claro que el poder y la riqueza no se pueden generar ni administrar correctamente, sin tomar en cuenta la dimensión trascendental del hombre. La sociedad se ordena a partir del que es origen y destino de nuestra existencia. Es este el aspecto que debe primar sobre todo lo demás. La respuesta de Jesús significa también una advertencia para la misma Iglesia: nuestra preocupación primordial no es la organización de la sociedad, sino la adoración de Dios. Él es el único Absoluto. Sólo Él es el Señor. A partir de este mensaje central se ordenan todas las demás cosas por añadidura. El dar limosnas, segundo ejercicio propio de la Cuaresma, es la prueba concreta de la conversión en este punto.


5. La tercera tentación quiere confundir al Señor con una propuesta religiosa: Arrojarse de la cima del templo, impresionar al pueblo con el milagro de quedarse indemne y provocar la adhesión de las masas. El dios que soluciona todos los problemas es hoy la tentación para muchas personas. Es impresionante la cantidad de las más diversas sectas que con programas de este tipo alquilan y pagan bien los espacios radiales. Hay algo como una vuelta a lo pagano, con resabios de creencias locales, influencias religiosas orientales, elementos parasicológicos y conceptos filosóficos confusos. La invocación del nombre de Jesús para asegurar curaciones como por encargo, con fines proselitistas o lucrativos, es una desviación del evangelio. "No tentarás al Señor tu Dios" es la respuesta de Jesús a Satanás, cuando le propone el recurso milagrero en su misión mesiánica. Lo que parece una propuesta muy espiritual y religiosa, en realidad es un querer servirse de Dios en lugar de servirle a Él. Que Dios puede realizar milagros y realmente lo hace, lo vemos en la vida de Jesús y en la larga historia de la Iglesia hasta el día de hoy. Pero su finalidad nunca es otra que seguir a Jesús en el camino que nos lleva a través de la cruz a la gloria. "Predicamos a un Cristo crucificado...La debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres"(1 Cor 1, 23.25).  El tercer ejercicio cuaresmal, que es la oración, quiere fortalecernos en esta fe.

6. "El amor crece a través del amor", hemos intitulada esta carta pastoral.  Los ejercicios del ayuno como respuesta a la sensualidad, de la limosna para atajar la avaricia,  y de la oración contra la autosuficiencia, quieren ayudarnos a desprendernos de lo que impide la acción de Dios en nosotros. Que cada uno elija la manera de practicar estos ejercicios. El crecimiento en el amor será obra del mismo Dios que es Amor.

Alentémonos mutuamente en este esfuerzo para que llegar juntos a una celebración sincera de la Fiesta de Pascua.

Con mi bendición

Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes

          Si desea recibir nuestro servicio de noticias, envíenos un mail a :

prensa@cea.org.ar