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Homilía de Monseñor Luis Stöckler

Expulsión de los mercaderes

19 de marzo de 2006
 


Mis queridos hermanos y queridas  hermanas :

Quisiera hablar del culto verdadero. Nos impresiona la violencia con que Jesús expulsaba a los vendedores del Templo. Él, quien predicaba la paciencia y el amor hasta con  los enemigos, ¿Porqué en esta oportunidad actuó de manera tan vehemente con un látigo en la mano? ¿Cómo hay que interpretar este arrebato de Cristo? Sus discípulos recordaron las palabras del salmo "El celo por tu casa me consumirá". Pero los sacerdotes exigían un signo que justificara su actitud frente al culto del templo. El sacrificio de animales formaba parte en lo prescripto por la ley de Moisés. Según su concepto de la pureza no podían permitir que la moneda de los extranjeros entrara en el ámbito sagrado por lo cual, se necesitaban las mesa donde se les cambiaba a los peregrinos el dinero por monedas judías.

Jesús mismo nos da dos respuestas. La primera dirigida a los comerciantes y la segunda a los sacerdotes. "No hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio" dice a los primeros, y por supuesto también a nosotros. Con la expulsión de los comerciantes del Templo protesta Jesús con toda fuerza contra todo abuso de la religión. Los Comerciantes representaban a los que con la religión quieren hacer su negocio interesado. Jesús arremete a la vez contra todos los que toleran y promocionan este abuso.

Existe una relación íntima entre los primeros mandamientos del decálogo, que hemos escuchado en la primera lectura y la escena en el Templo. Jesús no vino para derogar los mandamientos, sino para devolverles el sentido original y cumplirlos. La postura crítica de Jesús y su protesta contra la falsificación de la religión es hoy tan actual como en aquel tiempo. Hay quienes tomando el santo nombre de Dios en vano, no ocultan su afán de dinero y aprovechan la ingenuidad de aquellos que creen poder entablar con Dios una relación de ­Te doy para que me des-.

La necesidad tiene cara de hereje, y a veces aún gente católica en ciertos momentos de crisis, se deja seducir por las promesas de prosperidad, de armonía matrimonial y salud.  Entran en el mercado de la religión o en la religión del mercado. Otra cosa es compartir los bienes para colaborar y sostener la obra evangelizadora y social de la Iglesia. Esto es una obligación, y cada uno debe ser sincero consigo mismo y exponer sus intenciones a la mirada de Dios. Pero Jesús frente al requerimiento de los sacerdotes revela todavía una dimensión mas profunda sobre su proceder en el templo. No se trata solamente de corregir los abusos.

Cuando habla de la destrucción del Templo, y de la reconstrucción en tres días, hacía alusión a su propio cuerpo que iba a ser el nuevo Templo. El Evangelio de San Lucas relata que en el momento de la muerte de Jesús, el velo del Templo se rasgó por el medio, es decir el lugar del arca de la alianza como trono de Dios, donde solamente el sumo sacerdote entraba, perdió su significado de lugar Sagrado y la destrucción del Templo en el año 70 por los romanos, concluyó externamente lo que internamente ya había caducado. La respuesta a los sacerdotes anticipaba esto,  este cambio profundo.

Con la muerte y resurrección de Jesucristo comenzaban los nuevos tiempos en los que el verdadero culto ya no está ligado a ningún espacio físico en particular sino donde se adora a Dios en espíritu y en verdad. Jesús se lo dirá mas adelante a la mujer samaritana en el pozo de Jacob. Del Antiguo Testamento ha quedado el muro de las lamentaciones,  que recuerda nuestras raíces pero  donde ya  no se sacrifican animales. Los rezos en este lugar en cierto modo forman parte del culto espiritual, si bien el Nuevo Templo es la comunidad de los creyentes que forman con Cristo un solo cuerpo.

El Evangelio termina con una expresión llamativa cuando dice "Muchos creyeron en Jesús al ver los signos que realizaba, pero Él no se fiaba de ellos porque sabía lo que  hay en el interior del hombre". Debemos entender esta observación como una advertencia, Jesús nos da aquí una lección de mucho valor para el saludable conocimiento y desconfianza de nosotros mismo. Al que entiende ésto la humildad se le hace luminosa, deseable y fácil. El hombre no solo está naturalmente entregado a su propia inclinación depravada sino que está rodeado por el mundo, enemigo del Evangelio, y expuesto además a la influencia del maligno. De allí la necesidad de vivir la Cuaresma en serio. De vigilar y orar para no entrar en al tentación pues apenas entramos somos vencidos. De ahí que todos necesitamos renovarnos constantemente en el Espíritu por el contacto  con Jesús, mediante el don que Él nos hace de su palabra,  de su cuerpo, y su sangre redentora que nos ofrecerá hoy también de nuevo.
Sólo en Él.

Sólo en Cristo, podemos celebrar el culto verdadero.

Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes
Quilmes, 19 de marzo de 2006.
 

 

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