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HOMILÍA DE MONS. LUIS T. STÖCKLER

Pascua 2006

 

"VIDA ETERNA"

 

¿Dónde estuve antes de nacer?, preguntó un niño a su abuela. “Todavía no estabas en el mundo”, contestó ella. “Pero, ¿ dónde estaba?”, insiste el nieto. Y después de un rato se dio él mismo la respuesta: “Estaba escondido en Dios”. Es ésta la percepción y lógica de alguien que ve, que ni uno mismo, ni nuestros padres, ni ningún ancestro han sido y son capaces de crear nada, pero que tiene claro  que lo maravilloso de la vida no es el resultado de la casualidad o de un destino ciego. Vivimos porque fuimos pensados y queridos por el Creador. Desde nuestro nacimiento estamos llamados a vivir para siempre. La resurrección de Jesucristo es la afirmación de parte de Dios que la vida del hombre no termina nunca.

 

Es ésta la herencia que la fe judeo-cristiana ha trasmitido a la humanidad. No hay otra religión que dé tanto valor a cada persona. No somos una suma de moléculas organizadas que se desintegran con la muerte para sumarse a la energía universal y reciclar el metabolismo de la naturaleza. Fuimos creados a ser imagen y semejanza de Dios. En esto radica la dignidad de la persona. Por eso la vida humana debe ser respetada, es inviolable. El hombre pertenece a Dios, y no está permitido que otro se apodere de él. La vida es sagrada. Esto ha sido confirmado de una manera definitiva con la encarnación del Hijo de Dios, y sobre todo por su resurrección, donde manifestó la plenitud del hombre nuevo, que está llamado a vivir siempre. Esta verdad aporta a nuestra existencia mortal la certeza indestructible de lo que nos aguarda a todos. Vida eterna no es simplemente la prolongación en el tiempo, lo que significaría la prolongación de los conflictos, de los sufrimientos, de la caducidad de todo lo que nos rodea. Pascua de Resurrección significa el comienzo de la nueva era en que Dios seca las lágrimas de nuestros ojos y no hay muerte que nos pueda amenazar.

 

De ahí entendemos, por qué la Iglesia es tan inflexible cuando se trata de defender la vida humana. No es testarudez, sino la consecuencia de nuestra fe. Los cristianos no se dejan superar en la apreciación de la persona, desde el inicio de su existencia hasta el fin. Quien en nombre de Jesucristo cree en el Padre creador, no se pone en su lugar para intervenir o fabricar vida humana según su propio parecer. Hoy la ingeniería genética se atreve a manipular la vida humana y a juzgarla como no deseable en el estado prenatal para eliminarla. Con la arrogancia de un Prometeo científicos se adjudican la autoridad que corresponde exclusivamente a Dios. Los experimentos que se hicieron a escondidas en los campos de concentración nazis en nombre de la pretendida raza aria, se practican hoy abiertamente en nombre de la ciencia y con la anuencia de los parlamentos. La aprobación legal del aborto es la manifestación más gruesa de este desprecio por la vida humana.

 

Volviendo a la expresión del niño del comienzo: “Yo estaba escondido en Dios”, les recuerdo otra historia de jugar al escondite, que viene de la sabiduría judía. Llega corriendo un nieto a su abuelo, un viejo rabino, y se queja llorando que su compañero se había ido y que no lo había buscado, mientras él se había escondido. Entonces se le desbordan los ojos al abuelo y dice: “Así dice Dios también: Yo me escondo, pero nadie me quiere buscar”. Dios escondido en el hombre, ésta es la perspectiva nuestra de la vida. Si dejamos de buscarlo, abandonamos finalmente al hombre mismo.

Al desearnos Felices Pascuas, anunciamos el gran proyecto de Dios.

  

Luis T. Stöckler

Obispo de Quilmes

 

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