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S A L U D O   P A S C U A L Y   U N A  I N V I T A C I Ó N  
E N  E L  N O M B R E  D E  J E S Ú S

 

Mis queridos hermanos y hermanas:

Con el gozo en el alma que siento más que nunca en  esta fiesta central de nuestra fe, los saludo para desearles a todos una feliz Pascua de la Resurrección. Esta fe compartida en el Resucitado, que nos ha unido en una gran familia de hermanos, da una fuerza invencible para afrontar y vivir la vida, con la mirada puesta en el día, cuando nosotros "seremos semejantes a Él porque lo veremos tal cual es" (1 Jn 3, 2).

Mi saludo pascual esta vez tiene una connotación particular, y creo, importante para nuestra diócesis. Como fruto del Año Eucarístico que, como último legado del hoy ya Siervo de Dios Juan Pablo II, hemos  celebrado en 2005, nuestra iglesia Catedral ofrece ahora un lugar privilegiado para honrar a Jesucristo en el Santísimo Sacramento. Desde el Concilio Vaticano II las sugerencias para el reordenamiento del templo, donde está la sede del obispo, disponen que el sagrario sea colocado en una capilla apta para la adoración y la oración privada de los fieles, que esté armoniosamente unida a la iglesia y sea visible a los fieles cristianos. Al comenzar la Cuaresma hemos inaugurado esta capilla del Santísimo, que por la frecuentación espontánea y permanente evidenció en seguida su necesidad.

Coincide esta novedad con el inicio de la celebración de los 30 años de nuestra diócesis, que no quiere contentarse con el recuerdo del camino recorrido, sino debe lanzarnos a nuevos emprendimientos pastorales en respuesta a los apremiantes desafíos actuales. No solamente nuestra Conferencia Episcopal Argentina, sino la Iglesia católica en todo el subcontinente convocan a una Gran Misión, que se emprenderá después de la 5ª Conferencia Episcopal Latinoamericana, que se celebrará en mayo del próximo año en el santuario de la Aparecida en Brasil.

Cuando pienso en este compromiso para nuestra diócesis, escucho a Jesús: "Sin mí nada pueden hacer" (Jn 15, 5). Es decir, toda acción pastoral que no se inspira y realiza con el Señor, sería estéril y frustrante. Los grandes evangelizadores en todos los tiempos han sido en primer lugar orantes, y todos los días se quedaban largos tiempos bajo la mirada del Señor para poder descubrir y servirlo después en los hombres. Y pienso en otra palabra de Cristo, con la cual manifestó que Él  también necesitaba orar: "Que todos sean uno para que el mundo crea" (Jn 17, 21). La unión entre nosotros es imprescindible para toda acción pastoral. Debemos sentir una cordial pertenencia a nuestra diócesis, en la cual la Iglesia universal se hace concreta y cercana. La Iglesia está donde está el obispo, decían los Padres apostólicos. Por eso, la Catedral señala una referencia para todas las comunidades. El amor entre nosotros fortalece la fe y la esperanza, y es el testimonio más eficaz para que los alejados se sientan atraídos por la Iglesia.

Impulsado por estas palabras del Señor y confiado en su promesa: "Estaré con ustedes hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20), quiero hacerles una invitación en el nombre de Jesús. A partir de este Domingo de Pascua, todos los días del año, para siempre, queremos iniciar la Adoración Diaria en nuestra iglesia Catedral. En horas de la tarde, desde las 17 hasta las 18 horas, quisiera que todas las comunidades de los 80 templos parroquiales, de las más de 200 capillas, de las congregaciones religiosas, de las Asociaciones y Movimientos, y de los Colegios católicos, una vez al año, vengan a la capilla del Santísimo en la iglesia Madre de nuestra diócesis, que es la casa de todos, para orar junto a nuestro Señor.  

En aquella primera Pascua los once discípulos, al ver al Resucitado, se postraron delante de Él. Es esto lo que les propongo y pido en esta Pascua: que en adelante, todos los días, algunos hermanos y hermanas estén delante del Señor, en nombre de todo el pueblo de Dios. Esta presencia, de esto podemos estar seguros, traerá muchas bendiciones.

Desde ya les agradezco su participación y los abrazo fuertemente en el amor del Buen Pastor resucitado.

Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes

Quilmes, 16 de abril de 2006.

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