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Homilía de Monseñor Luis Stöckler,
 Obispo de Quilmes

5º Domingo de Pascua - 14 de mayo de 2006
 

"La vid"


Mis Queridos Hermanos:

"Permanezcan en mí como Yo permanezco en ustedes". Esta expresión es propia de Cristo después de su resurrección y Pentecostés. Porque recién a través del Espíritu Santo, se podía dar la compenetración entre Jesús y nosotros. La relación moral se transformó entonces en una relación mística. La distancia se convirtió en intimidad. Lo exterior en interioridad. Como los sarmientos de la viña se alimentan con la savia del tronco los discípulos están unidos a su maestro.

Él reside en la profundidad de sus almas. Y todos ellos están unidos entre ellos a través de Jesús. Cuando están despiertos y cuando descansan el Espíritu respira en ellos, los sostiene, los alienta, los inspira, les da vida en abundancia. Cristo en ellos asegura la permanencia , el crecimiento, la fecundidad. Sin Él nada pueden hacer. Unidos a Él dan mucho fruto. Esta interioridad de Dios, de Cristo y del Espíritu en la almas es pura gracia y anterior a la decisión de las personas. Es don gratuito recibido en el Bautismo.

El cambio que se produce en una persona que se encuentra así con Jesús, lo podemos ver en Pablo, que primero había sido un enemigo de los cristianos. A Jesús casualmente no lo había conocido pero estaba furioso porque consideraba a los cristianos, los seguidores de Jesús, destructores de la religión.  Y cuando Él se encuentra con Cristo se inicia enseguida un cambio profundo en su persona, y también en su relación  para con Cristo. Él decía: "Si yo lo hubiera conocido, ahora ya no lo conozco a Cristo. Él vive en mí, no soy Yo, es Él que vive en mí".

Para dar fruto, la  persona debe tomar conciencia de esta realidad y percibir la palabra que Cristo nos comunica tanto desde afuera como desde adentro. El Espíritu nos habla con voz fuerte en la Biblia sobre todo en la enseñanza de la Iglesia, y habla también con voz baja en nuestra propia conciencia. Desde afuera es la enseñanza de los apóstoles, que nos trae La Biblia, desde adentro son las nociones del Espíritu que urgen nuestra conciencia. Sobre todo cuando la palabra exterior y la palabra interior coinciden en su mensaje debemos escucharla y ponerla en práctica, porque así damos fruto. Y se realizan las obras.

Los frutos del Espíritu se manifiestan en la alegría, la paz, la justicia, la bondad, la misericordia. Las obras son una consecuencia natural de estos dones y se realizan en cualquier lugar. No solamente cuando estamos rezando. Porque alguien que vive en Cristo y Cristo en él, en cualquier lugar debe hacer lo que hacía Jesús. Como decía en los Hechos de los apóstoles "Pasaba haciendo el bien". Porque es Cristo mismo quien sigue haciendo el bien a través de sus discípulos en los cuales Él vive y a los cuales hace partícipes de su entrega. Las obras son acción de Cristo, sin Él nada podemos hacer.

El que se deja llevar  por las nociones del Espíritu se transforma en instrumento del Señor, actuamos entonces en su nombre. Jesús decía "Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán". Si nosotros no obtenemos lo que pedimos, debemos preguntarnos si de verdad estamos conviviendo con Cristo.  Si en  nosotros se ha dado esta simbiosis, esta compenetración mutua, si permitimos de verdad que el Señor pueda actuar a través de nuestras personas.  Si ustedes permanecen en mí pidan lo que quieran y lo obtendrán.

Esta misteriosa compenetración se manifiesta de manera mas clara, cuando los ministros sagrados ejercen su ministerio en nombre de Cristo. Repitiendo los mismos gestos y palabras en la Eucaristía y en los demás sacramentos. En estos sacramentos la acción del Espíritu, la presencia de Jesús, está absolutamente garantizada. En estos casos la eficiencia de lo que el ministro hace ni siquiera depende de su propia dignidad. Es Cristo el que actúa infaliblemente. Pidamos que el Señor nos de esta convicción de que Él esta dentro nuestro, que estamos viviendo en Él para poder ser así testigos del Resucitado entre nosotros. Y pidámosle que cuando nosotros nos acercamos para recibirlo en la comunión esta compenetración mutua se refuerce y nosotros así cuando volvamos a nuestras casas y a los quehaceres de la vida,  seamos de verdad testigos de esta presencia de Jesús resucitado entre los hombres, pasando haciendo el bien.        
 

Luis T.Stöckler
Obispo de Quilmes

Quilmes, 17 de mayo de 2006.
 

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