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Homilía de Monseñor Luis Stöckler, Obispo de Quilmes


6º domingo de Pascua - 21 de mayo de 2006.


"Gozo perfecto
"


Jesús habla del gozo que tiene, y de su deseo que su gozo sea también nuestro, y que este gozo sea perfecto. ¿Quién no quisiera participar de la alegría del Señor? Sin embargo, debemos reconocer que aquel filósofo atroz tenía razones para decir, que no podía creer en nuestro mensaje porque no veía alegría en la cara de los cristianos. Debemos preguntarnos, a qué se debe que tanta gente viva angustiada y triste y que nos encontremos  tan poco con personas que nos contagien  alegría y paz. Y eso, a pesar de que nuestro mensaje habla de lo que más motiva al corazón humano: el amor.

El evangelio de hoy y también la segunda lectura que tienen el mismo autor, nos iluminan para descubrir la causa. Pareciera que muchas veces los textos sagrados nos abruman, porque prestamos más atención a los imperativos y las exigencias morales, que al indicativo del buen anuncio de que Dios nos ama gratuitamente. ¿Cuál es el motivo del gozo de Jesús? Él lo dice: "El Padre me amó". Y el gozo nuestro, ¿en qué radica? Que el amor que mana del Padre, fluya a nosotros por el Hijo: "Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes". El amor gratuito por el cual el Señor no pide ninguna contraprestación de nuestra parte, es el mensaje propio de la fe cristiana.

"Este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero", dice la carta. "No son ustedes los que me eligieron a mí, sino Yo el que los elegí a ustedes", dice el evangelio. Y Jesús lo afirma más todavía cuando nos llama amigos, es decir hombres y mujeres de su confianza, y no servidores que están movidos  por el temor o el interés. Y nos llama juntos, si bien a cada uno por su nombre. Ser amigo de Dios, ser amigo de Jesús, significa tener muchos amigos. El amor de Dios no toma como parámetro la medida del amor humano, como pensaban los paganos  que consideraban el eros una fuerza divina que veneraban como diosa. San Juan no dice: el amor es Dios, sino al revés: "Dios es amor". La medida de su amor la manifiesta, cuando envía a su Hijo que por su entrega hasta la muerte establece la comunión con Dios y entre nosotros. Él nos sacó de la soledad de nuestro individualismo y nos unió con los lazos del amor sin límites. Su amor nos envuelve a todos juntos. Descubrir esto, es descubrir la felicidad y el gozo.

A partir de ahí comprendemos que el gozo pleno y perfecto es posible, cuando participamos activamente en esta entrega del amor de Dios. "Ámense los unos a los otros, como Yo los he amado", es el mandamiento con que el Señor nos urge a no ahogar el amor en nuestro pequeño yo, sino a compartir y multiplicarlo en el nosotros de la comunidad. El máximo gozo está en dar la vida por los amigos. No hay amor mayor. Así el amor permanece en nosotros, y nosotros en Dios. El Dios trinitario nos da participación en su vida, cuando permitimos que nos hundamos en el amor de su pueblo. "Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y este gozo sea perfecto", dice Jesús. Tertuliano, a comienzo del 3° sigo, decía: "Unus christianus nullus christianus", a sea, un cristiano es ningún cristiano. La relación individual con Jesús es imposible sostenerla, si la persona se desentiende de los demás. De ahí la dimensión necesaria de la iglesia, sin la cual no podemos subsistir como cristianos. Jesús espera que sus discípulos se hagan amigos y que como comunidad den fruto y que este fruto sea duradero. Y nos promete  que, lo que pidamos juntos en su nombre, el Padre nos lo concederá. En la comunión de los santos alcanzamos la plenitud.

La amplitud del amor de Dios descubrió también San Pedro, cuando Dios lo envía a la casa del centurión Cornelio, para "anunciar la Buena Noticia de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos". A medida en que el evangelio se difunde, va en aumento también el gozo del Espíritu. Queremos pedirle al Señor que nos haga dóciles al ímpetu de su Espíritu, para que su evangelio sea difundido por nuestro testimonio y nuestro gozo sea cada vez más perfecto.

Luis T.Stöckler
Obispo de Quilmes

Quilmes, 21 de mayo de 2006.
 

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