Oficina de Prensa

prensa@cea.org.ar

Todas las Noticias

HOME PRENSA

HOME CEA

La voz de los pastores

Documentos

Agenda CEA

Otras oficinas de Prensa

Vínculos

Contacto

 

Homilía de Monseñor Luis Stöckler,
Obispo de Quilmes

28 de mayo de 2006

 

"Ascensión del Señor"



Los 40 días, en los cuales Jesús se manifestó a los apóstoles, dándoles numerosas pruebas de que vivía y hablándoles del Reino de Dios, les confirmó lo que habían vivido antes al lado de él, y a la vez les hace descubrir que lo más profundo e importante estaba por venir todavía. El Cristo transformado que come y bebe familiarmente con sus discípulos y cuya gloria queda aún velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria, al mismo tiempo ya no responde a las leyes de este mundo. Se les aparece a quienes él quiere revelarse, sin embargo no se deja retener. Es un tiempo de transición, en que los apóstoles podían comprobar que los encuentros con el Señor no eran producto de su imaginación, sino la experiencia cierta de la presencia del Resucitado entre ellos. La última aparición de Jesús termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube y por el cielo, donde él se sienta para siempre a la derecha de Dios. El acontecimiento a la vez histórico y trascendente de la Ascensión marca la transición del Cristo resucitado al Cristo exaltado en el cielo. Con él, el primer hombre entra en la intimidad inaccesible de Dios y comienza a cumplirse la promesa del Señor: "Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12, 32). Con la presencia de Cristo al lado del Padre, el cielo se nos hace cercano. No creemos en un  Dios de los filósofos, omnipotente, omnisciente, omnipresente, un ser absoluto, frío y distante que nos ha puesto en este mundo y nos atemoriza con la amenaza de la muerte. Es el Padre de nuestro Señor Jesucristo que nos ha creado según la imagen de este Hijo encarnado que nos está esperando y nos llama a compartir la vida con él. Estamos llamados a ser hijos en el Hijo.

Pero esto no significa que nos quedemos mirando al cielo. Antes de que Jesús vendrá de la misma manera que lo han visto partir, nos toca  anunciarlo a todas las naciones. "Serán mis testigos hasta los confines de la tierra". "Yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto." El mandato misionero de Jesús no sería posible realizarlo, si tuviéramos que confiar en nuestra buena voluntad. Pero sí es posible gracias a la fuerza del Espíritu que nos conduce, nos ilumina, nos fortalece para que la Palabra sea anunciada y testimoniada. Somos capaces de hacerlo, debido a "la extraordinaria grandeza del poder con que Él obra en nosotros, los creyentes, por la eficacia de su fuerza" (Ef 1, 19). Porque "éste es el mismo poder que Dios manifestó en Cristo, cuando lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo"(Ef 1, 20). Lo que pedimos y anunciamos es que Dios ilumine los corazones, para que puedan "valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos"(Ef 1, 18).

Hoy, la Iglesia en la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, señala a "Los Medios en la Familia: un riesgo y una riqueza". "Gracias a la expansión sin precedentes del mercado de las comunicaciones, muchas familias en todo el mundo ahora tienen acceso desde su casa a los inmensos y variados recursos de los medios de comunicación social. En consecuencia, gozan de oportunidades prácticamente sin límites de información, educación, enriquecimiento cultural e incluso espiritual, oportunidades muy superiores a las que tenían en el pasado reciente la mayoría de las familias. Con todo, estos mismos medios de comunicación tienen la capacidad de producir gran daño a las familias, presentándoles una visión inadecuada o incluso deformada de la vida, de la familia, de la religión y de la moralidad.
El Papa en su mensaje para esta Jornada se dirige a los productores de los medios, a las autoridades públicas y finalmente a los padres, como primeros y principales educadores de sus hijos. "Están llamados a formar a sus hijos en el uso moderado, crítico, vigilante y prudente de tales medios en el hogar. Cuando los padres lo hacen bien y con continuidad, la vida familiar se enriquece mucho. Incluso a los niños pequeños se les pueden dar importantes explicaciones sobre los medios de comunicación social: que son producidos por personas interesadas en transmitir mensajes; que esos mensajes inducen a hacer algo - a comprar un producto, a tener una conducta discutible ­ que no beneficia al niño o no corresponde a la verdad moral; que los niños no deben aceptar e imitar de modo acrítico lo que encuentran en los medios de comunicación social...Sobre todo, los padres deben dar buen ejemplo a los niños, haciendo un uso ponderado y selectivo de dichos medios."

La fuerza que nos da el Espíritu, nos hace audaces en la transmisión de nuestra fe y creativos,  nos abre la mente y fortalece nuestra voluntad para rechazar lo que hace daño a la vida religiosa y social. Pidamos al Señor que nos envíe su Espíritu con sus dones. Porque el que vive en comunión con Cristo por su Espíritu, desarrolla sanos reflejos que le hacen responder con prontitud frente a lo que le hace daño a la vida interior y comunitaria, y busca espontáneamente lo que  produce el gozo del alma y la paz familiar y social.

La celebración de la Eucaristía nos ayuda para fortalecer estas virtudes y a recibir cada vez de nuevo la extraordinaria grandeza del poder con que Cristo obra en nosotros.
 

Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes

Quilmes, 28 de mayo de 2006.

          Si desea recibir nuestro servicio de noticias, envíenos un mail a :

prensa@cea.org.ar