Oficina de Prensa

prensa@cea.org.ar

Todas las Noticias

HOME PRENSA

HOME CEA

La voz de los pastores

Documentos

Agenda CEA

Otras oficinas de Prensa

Vínculos

Contacto


Homilía de Monseñor Luis Stöckler, Obispo de Quilmes,

 
en el domingo 13º del año - 02 de julio de 2006

 

"El Dios de la Vida"



"Los ciegos ven, los paralíticos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva" (Lc 7, 22). Con estas palabras del profeta Isaías, Jesús presenta el significado de su propia misión. Así, quienes sufren a causa de una existencia de algún modo disminuida, escuchan de Él la buena nueva de que Dios se interesa por ellos, y tienen la certeza de que también su vida es un don celosamente custodiado en las manos del Padre" (Enc. Evangelium Vitae, 32).

La cita del profeta no era meramente una declaración de principios, sino el inicio de la acción misionera de Jesús, que daba cumplimiento concreto a lo prometido. "La multitud de enfermos y marginados, que lo siguen a Jesús y lo buscan, encuentran en su palabra y en sus gestos la revelación del gran valor que tiene la vida y del fundamento de sus esperanzas de salvación". Cristo, al que "seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados", distinguía a cada uno. Cerca de él nadie desaparece en el anonimato de la masa. Él percibía que alguien había tocado su manto no por un descuido, sino a propósito. Fue una mujer que, a causa de su larga enfermedad, no había quedado solamente en la pobreza, sino excluida de la comunidad cultural, por ser considerada impura por sus hemorragias.

Su fe en Cristo la sanó y el Señor la devuelve públicamente a la vida en comunidad. A partir de esta momento ella pudo vivir de nuevo plenamente su matrimonio y participar en la vida del pueblo. También el gesto de Jesús de acompañar a Jairo, jefe de la sinagoga, hasta su casa donde, apartado del bullicio de la gente, se dirige a la joven que había muerto, demuestra que Jesús quiere que tengamos vida y se realice el proyecto que Dios tiene para cada uno. La hija de Jairo no solamente recuperó la vida, sino por su edad, según las costumbres de su pueblo, podía iniciar su propio hogar y trasmitir la vida a nuevos hijos. Poder procrear ha sido siempre considerado el orgullo de la mujer.

En estos días se está planteando en el parlamento de la Nación un proyecto de ley que quiere autorizar la intervención quirúrgica de la mujer y del hombre para su esterilización irreversible, de manera que ya no puedan procrear. Con el argumento que la persona es libre para disponer sobre su cuerpo, y el pretexto de que hay que evitar el aumento de los pobres, se propone que el Estado cubra los costos de esta intervención como si se tratara de curar una enfermedad. La ligadura de trompas y la vasectomía es llanamente una mutilación del cuerpo humano, con consecuencias no sólo fisiológicas, de las cuales podrían dar testimonio los matrimonios que por causas involuntarias sufren la tristeza de no tener hijos.

Provocar concientemente la impotencia procreadora vacía el acto de entrega mutua de los esposos de su contenido fundamental, que es amarse sin reservas y estar abiertos a la vida. Si se quisiera garantizar el placer sexual sin dominio de si mismo, se facilitaría el dominio del otro y se transformaría el signo del amor en una experiencia repetida de frustración. Cualquier persona que tiene sentido común, puede entenderlo y siente normalmente un rechazo espontáneo a tal intervención. Para cristianos hay además otra motivación. Jesús habla una vez de la opción voluntaria de no tener hijos, cuando se refiere a quienes se les ha concedido el llamado de no casarse a causa del Reino de los Cielos. Pero los distingue claramente de los que han nacido impotentes y de los que fueron castrados por los hombres. Los legisladores que se consideran cristianos deberían saber que el matrimonio también es  signo del Reino, y que esta opción de amor no es menos exigente que el celibato.

"¡El que pueda entender que entienda!" (Mt 19, 10-12). "Para el futuro de la sociedad y del desarrollo de una sana democracia, urge descubrir de nuevo la existencia de valores humanos y morales esenciales y originarios, que derivan de la verdad misma del ser humano y expresan y tutelan la dignidad de la persona. Son valores, por tanto, que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado nunca pueden crear, modificar o destruir, sino que deben sólo reconocer, respetar y promover. En este sentido, es necesario tener en cuenta los elementos fundamentales del conjunto de las relaciones entre ley civil y ley moral" (EV, 71).

En estos días se inició en Roma el proceso de canonización del cardenal argentino Mons. Pironio. Cuando su madre tuvo su primer hijo, los médicos le recomendaron que no tuviera más familia. La madre confió más en Dios que en los profesionales, y el que hoy ya es Siervo de Dios nació como el vigésimo primer hijo de veintidós hermanos. Jesús nació como hijo único de una Virgen, que nos asumió a todos como hijos suyos en la cruz. Celebremos ahora la memoria de su entrega, y pidámosle que nos anime a amar de verdad.
 

Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes

Quilmes, 02 de julio de 2006.

 

          Si desea recibir nuestro servicio de noticias, envíenos un mail a :

prensa@cea.org.ar