Oficina de Prensa

prensa@cea.org.ar

Todas las Noticias

HOME PRENSA

HOME CEA

La voz de los pastores

Documentos

Agenda CEA

Otras oficinas de Prensa

Vínculos

Contacto


Homilía de Monseñor Luis Stöckler, Obispo de Quilmes

- Domingo 8 de octubre de 2006 -


"Domingo de las Misiones"



Los textos de hoy, al parecer, no tienen mucho que ver con el Domingo de las Misiones que celebramos en la Argentina. La indisolubilidad del matrimonio, en la que Jesús insiste, no era defendida  en el ambiente judío y, menos aún, en el mundo greco-romano. Por eso, los discípulos estaban extrañados, y el Señor tuvo que repetir ante ellos cómo hay que entender las primeras páginas de la Biblia, donde dice que "el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne". Y concluye Jesús: "Que el hombre no separe lo que Dios ha unido". Esta visión del matrimonio, que según la palabra de Cristo vale para todos los hombres, entre los cristianos alcanza una dimensión más profunda todavía. La relación entre el hombre y la mujer que forman una sola carne, se transforma en un sacramento; es decir, en un signo y un medio por el cual Dios manifiesta su amor a los hombres. Dios es fiel, aún cuando los hombres lo traicionan. Por eso el compromiso, asumido en nombre de Dios por un hombre y una mujer cristianos, habla ya en el mismo casamiento de las circunstancias adversas de la vida matrimonial y familiar. Y los dos prometen en vistas de estas pruebas la fidelidad hasta la muerte.

¿Qué relación hay entre este concepto del matrimonio y la misión? El Papa Benedicto XVI intitula su mensaje para el Domingo de las Misiones: "La caridad, alma de la misión", para hacernos entender que la misión surge de un profundo acto de amor divino y no se reduce a una mera actividad filantrópica y social. Él también hace alusión a los primeros padres Adán y Eva, quienes por abandonar la relación de confianza con el Señor, introdujeron entre ellos la sospecha de que Él era un rival y quería limitarles su libertad. "Como consecuencia acabaron perdiendo la felicidad original y experimentaron la amargura de la tristeza del pecado y de la muerte. Dios, sin embargo, no los abandonó y les prometió a ellos y a su descendencia la salvación, preanunciando el envío de su Hijo unigénito, Jesús, que revelaría, en la plenitud de los tiempos, su amor de Padre". "Gracias a Cristo, buen Pastor, que no abandona a la oveja perdida, se da la posibilidad a los hombres de todos los tiempos de entrar en la comunión con Dios, Padre misericordioso". En Cristo Dios reafirma su pacto de amor con los hombres.

Nosotros, los cristianos, somos los primeros que hemos sido alcanzados por este amor de Dios. La Iglesia en su totalidad es como un sacramento, a sea signo del amor divino ante los hombres. Ella es, como dice San Pablo, la esposa por la cual el Señor dio su vida. Somos nosotros, por eso, los que debemos este testimonio a los que todavía desconocen a Cristo. La importancia de este mensaje de amor está en estos días a la vista, cuando observamos la reacción sensible en el mundo islámico al cuestionamiento de la violencia como modo de imponer la convicción religiosa. En estas circunstancias tanto más apreciamos la labor misionera de cuantos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos han ofrecido y siguen dando el supremo testimonio de amor con el martirio. "Ser misioneros es atender, como el buen Samaritano, las necesidades de todos, especialmente de los más pobres y necesitados, porque quien ama con el corazón de Cristo no busca su propio interés, sino únicamente la gloria del Padre y el bien del prójimo".

Gracias a Dios, nuestra Diócesis de Quilmes, de modo humilde está ayudando a la misión con algunos sacerdotes. Nuestra oración y nuestra colaboración llega también a ellos a través de las Obras Misionales Pontificias, a las cuales se entregará la colecta de este domingo. Apelo, mis hermanos, a su generosidad para esta obra de evangelización de los pueblos.

Concluyo con la palabras del  Papa: "Que la Virgen María, que con su presencia en la Cruz y su oración en el Cenáculo colaboró activamente en los inicios de la misión eclesial, apoye su acción y ayude a los creyentes en Cristo a ser cada vez más capaces de auténtico amor, para que en un mundo espiritualmente sediento se conviertan en manantial de agua viva."

 

Luis T. Stöckler
Obispo de Quilmes

Quilmes, 8 de octubre de 2006

          Si desea recibir nuestro servicio de noticias, envíenos un mail a :

prensa@cea.org.ar