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Homilía de Mons. Luis T. Stöckler

 

Catedral de Quilmes, 10 de diciembre del 2006.-
 

 
 

PREPARAR EL CAMINO

- 2° Domingo  de Adviento -

 

               Dios está por llegar. Este mensaje del adviento despierta en el cristiano sensible una actitud de escucha y de mirada atentas. Son dos los acontecimientos que están por venir: la fiesta de Navidad  cercana y la vuelta de Cristo definitiva. La expectativa y la celebración de Navidad son de cierto modo un anticipo del encuentro con el Señor cuando venga en la gloria, y  nos da la oportunidad de probar si realmente lo esperamos.

                Juan el Bautista mostró cómo repercute la espera de Dios en el hombre. Nos sirve como modelo frente a lo que nos aguarda. Si bien la redención ya nos llegó en Jesús, seguimos bajo el acecho del pecado y continuamente debemos allanar los senderos para poder alcanzarlo después de haber sido alcanzados por él. La salvación no está completada todavía, y como en tiempos de Juan debe ser anunciada la conversión. Basta leer y escuchar los noticieros para darse cuenta de la necesidad de redención. Los acontecimientos en el medio oriente, especialmente en la tierra de Jesús, son para los creyentes una exhortación continua para abrir los ojos e implorar la venida del Mesías. Juan el Bautista fue llamado por Jesús el más grande nacidos de mujer y representa a todos los que todavía no han entrado en el Reino de Dios. El Adviento por eso quiere despertar en nosotros el espíritu misionero, para que los pueblos descubran el verdadero sentido de la Navidad que muchos conocen solamente como una fiesta sentimental de los blancos.

 

            La pregunta que nos hacen y que nos hacemos los cristianos hoy es, si el anuncio de Cristo es realmente tan importante. ¿No dice el mismo Magisterio que Dios de manera sólo por él conocida puede salvar a todos los hombres, aunque no pertenezcan a la Iglesia? Y surge a partir de ahí otra pregunta: ¿En qué está lo propio del cristianismo que no solamente justifica, sino que exige que nosotros no sólo nos llamemos cristianos, sino que vivamos como tales? El Papa Pablo VI decía en la “Evangelii nuntiandi”: “Con frecuencia y bajo formas diversas se oye decir que imponer una verdad, por ejemplo el Evangelio; que imponer una vía, aunque sea de la salvación, no es sino una violencia cometida contra la libertad religiosa. Además, se añade, ¿para qué anunciar el Evangelio, ya que todo hombre se salva por la rectitud del corazón? .. Sería ciertamente un error imponer cualquier cosa a la conciencia de nuestros hermanos. Pero proponer a esa conciencia la verdad evangélica y la salvación ofrecida por Jesucristo, con plena claridad y con absoluto respeto hacia las opciones libres que luego pueda hacer, .. lejos de ser un atentado contra la libertad religiosa, es un homenaje a esa libertad, a la cual se ofrece la elección de un camino que incluso los no creyentes juzgan noble y exaltante” (E.N. 80). Y decía nuestro actual Papa Benedicto, hace años en una reflexión sobre el adviento: “Uno no se hace cristiano para si mismo, sino para todos los demás. La dinámica que comienzo con nuestro bautismo y que se prolonga en toda nuestra vida, nos lleva a disponernos a un servicio que Dios espera de nosotros para hacer historia. El misterio del pueblo de Israel y de la Iglesia está en que fueron elegidos para anunciar a todos los hombres el amor de Dios. Es la ley del grano de trigo: si no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”. Aunque seamos pocos, la siembra de la palabra es la esperanza para todos. Dios nos quiere dar participación en su obra. Basta que hagamos lo que podamos.

 

            El anuncio y la celebración de la Navidad se hace así mensaje para esperar la vuelta definitiva de Cristo.  La ternura del niño que nos cautiva en la pobreza del pesebre, nos quita los miedos y despierta el anhelo del Señor en la gloria.
 

 

Luis T. Stöckler
 

Obispo de Quilmes

 

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