Oficina de Prensa

prensa@cea.org.ar

Todas las Noticias

HOME PRENSA

HOME CEA

La voz de los pastores

Documentos

Agenda CEA

Otras oficinas de Prensa

Vínculos

Contacto


Homilía de Monseñor Luis Stöckler

Catedral de Quilmes, 4 de marzo de 2007

                                                                                                

 

TRANSFORMARSE

 

 

                  Todos conocemos desde pequeño cómo el miedo paraliza. Si estamos solos y no vemos ninguna salida frente a una amenaza, nos invade el pánico. Necesitamos entonces de alguien que nos acompañe y proteja. Esto sentían los apóstoles, cuando el Señor les había anunciado que él tenía que sufrir y que lo iban a condenar a muerte; y que, quien quería ir detrás de él, debía renunciar a sí mismo y cargar con la cruz. Ellos percibían que el seguir al Maestro implicaba un riesgo serio, y tenían miedo. Si bien el Señor les había dicho  que después de su muerte iba a resucitar, ellos no lo entendían. Fue entonces cuando Jesús llevó a los tres íntimos consigo a la montaña para orar.

          Y es ahí, donde se les abre el horizonte. Jesús se transformaba delante de ellos de una manera deslumbrante, y ellos veían a los dos profetas más grandes del pasado, Moisés y Elías. Estos   hablaban con el Maestro sobre su muerte en Jerusalén, y sin embargo, no había nada de desasosiego o angustia.  Los apóstoles tenían el deseo de prolongar esta vivencia y quedarse en la montaña. Sin comprenderlo todavía, fueron testigos de la resurrección por venir. No sabían cómo expresar el gozo que sentían. En vez del miedo a la muerte, con que el demonio quiso esclavizarlos totalmente, como dice la carta a los Hebreos, les entró el santo temor de Dios. Cuando una nube los cubrió con su sombra y ellos oían: “Éste es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo”, esta voz les infundió confianza para seguir con Jesús en su camino a Jerusalén.

            Pedro recordó esta experiencia después de muchos años, cuando escribía en su segunda carta: “No les hicimos conocer el poder y la Venida de nuestro Señor Jesucristo basados en fábulas ingeniosamente inventadas, sino como testigos oculares de su grandeza. Nosotros oímos esta voz que venía del cielo, mientras estábamos con él en la montaña santa” (2 Pe 1, 16.18). Es cierto, que esta primera experiencia del señorío de Cristo no los libró totalmente del miedo. Recién, cuando el Resucitado salió a su encuentro y les comunicó su Espíritu, los apóstoles se entregaron definitivamente. La lección de Jesús tantas veces escuchada, que no temieran ni siquiera a los que maten el cuerpo, fue penetrando finalmente en su vida. Desde entonces Pedro hablaba como el mismo Señor y nos alienta diciendo: “Dichosos ustedes, si tienen que sufrir por la justicia. No teman ni se inquieten: por el contrario, glorifiquen en sus corazones a Cristo, el Señor. Estén siempre dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pida razón de la esperanza que ustedes tienen” (1 Pe 3, 14-15).

           La esperanza, que va más allá de la muerte, da a nuestra vida una calidad que no descubren quienes no aprecian sino las cosas de la tierra. El deseo de vivir para siempre, es innato. No podemos concebir la existencia como algo fortuito sin sentido. Anhelamos la vida en plenitud  y sabemos en el fondo que no lo alcanzamos simplemente acumulando años. “Somos ciudadanos  del cielo, y esperamos que venga de allí como  Salvador el Señor Jesucristo. Él trasformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso”. Así nos habla hoy San Pablo, y agrega: “Hermanos, les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo. Su fin es la perdición, y su dios es el vientre”.

                La Cuaresma es el tiempo que nos motiva para poner nuestras personas y nuestras cosas bajo el dominio del Señor. Ahora ya comienza nuestra transformación. La autodisciplina activa y el sufrimiento pasivo nos purifican y facilitan que el esplendor de la presencia de Cristo en nosotros pueda traslucir. La eucaristía es el medio por excelencia que produce este efecto y que nos anima a dar testimonio de nuestra esperanza.

 

Luis T. Stöckler

Obispo de Quilmes

 

          Si desea recibir nuestro servicio de noticias, envíenos un mail a :

prensa@cea.org.ar