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Mensaje de monseñor
Mario Maulión, arzobispo de Paraná,
Navidad - 25 de diciembre de 2005


U
N NIÑO LES HA NACIDO,
LES HA NACIDO UN SALVADOR


 


Queridos hermanos:

Un niño les ha nacido, les ha nacido un Salvador”. Así dijeron los ángeles a aquellos rústicos pastores. Y la señal de este Salvador es que encontrarán a un Niño, envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Así lo escucharon y fueron a ver qué era eso: era, por primera vez, la primer Navidad de la historia humana.

También nosotros estamos llamados a recorrer el camino de los pastores. Y, así, nos vamos a encontrar con un Niño. Ahora tenemos solamente imágenes que nos recuerdan la otra imagen, viviente, que es cada niño recién nacido. Buscando podemos encontrar a Jesús, a través de estas imágenes, la viviente (cada niño) y las de yeso, de madera  o de papel o de otro material, que nos recuerden esa otra verdadera imagen de Dios que es este Niño recién nacido. Jesús, el niño recién nacido en Belén, tiene sus manitos frágiles, pequeñitas, por momentos torpes. Tiene también esa mirada que nos llega al corazón porque es una mirada tierna que, al mismo tiempo, reclama una constante atención. Es una mirada que sabe conmover al hombre de buena voluntad.

Dejarnos mirar por la mirada de esa pequeños ojitos, de ese cuerpo frágil de niño envuelto en pañales y acostado en el pesebre, nos lleva a recordar que su nacimiento estuvo rodeado de cantos de paz. Y la paz siempre es la esperanza que se anhela cuando hay división, violencia, injusticia. Cuando hay enfrentamiento. Cuando hay desencuentro y, a veces también, muerte. Frente a tanto desencuentro la paz resuena como un pedido y, al mismo tiempo, como un anuncio esperanzador. Esa paz es la que se manifestó y se gritó la noche de la primera Navidad y que sigue resonando en cada Navidad. Es la paz que anuncia con el Niño recién nacido porque Dios nos quiere y nos quiere salvar.

La paz está en este Niño que nace de María Virgen, cuyo cuerpo se fue tejiendo en las entrañas de esta joven mujer judía. En ella la acción del Espíritu hizo que esa vida comenzara a gestarse en su propio cuerpo. María es la mujer que acogió a la vida. Y la acogió para cuidarla, para cultivarla. Era la vida que le venía, ofrecida por Dios. La vida como Dios la soñó y la quiere.

El nacimiento de Jesús de la Virgen nos trae la presencia de una mujer que acoge a la vida. De un esposo, José, que acoge el misterioso anuncio de esa vida  surgida virginalmente en María. Son un esposo y una esposa, que acogen y cuidan la vida.

Navidad es la fiesta de la paz, es la fiesta de la vida acogida.

Navidad es la fiesta de la familia. Jesús, María, José o si queremos José, María y Jesús, son desde ya una familia que va a tener una historia que, por un lado, será de serena armonía, y, por otro, de vigor y de fortaleza ante las dificultades muy serias que tuvieron que afrontar, ya desde el mismo nacimiento de Jesús. Y sin embargo esa familia, viviendo en las dificultades, vivía en la paz, en la confianza en Dios. Vivía en el trabajo de una verdadera responsabilidad familiar y social.

Esto es la Navidad. Este es el misterio de Dios que ocurrió en Belén y que se va multiplicando a través de toda la historia.

Cada niño que nace es también un recuerdo de la Navidad. Cada familia que se va consolidando es también una reproducción de la Navidad.

Cada uno de nosotros, dejándonos llenar por la palabra y la fuerza de Dios podemos llegar a ser no sólo testigos sino también actores en la Navidad. También a nosotros se nos llama a acoger la vida, a saber educarla. También a nosotros se nos está llamando a una reconciliación que haga paz y que lleve la paz a los demás.

Por eso querido hermano de corazón te deseo una feliz Navidad: para ti, para tu familia, para todos, en especial, para los que están sufriendo y más lo necesitan.

Feliz Navidad es felicitarnos porque Dios se ha hecho hombre, ha nacido de María Virgen. Es un Niño que está envuelto en pañales, acostado en un pesebre.

Y la Navidad es feliz cuando es la fiesta de la vida, la fiesta de la paz, la fiesta de la unión en familia.

¡Para todos, con Jesús, María y José, Feliz Navidad!

 

Mons. Mario B. Maulión, arzobispo de Paraná

 

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