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Mensaje
de monseñor Joaquín Piña, obispo de Puerto Iguazú
para la Navidad - 25 de diciembre de 2005

¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!


 


Hermanos y amigos:

¡Feliz Navidad para todos! Y no se olviden que Navidad quiere decir “nacimiento”. Que nace el Hijo de Dios. Que Él vino al mundo. Vale la pena que lo festejemos. Porque de ahí arranca nuestra salvación. Nuestra liberación.

El hijo de Dios se hizo hijo del hombre para que nosotros pudiéramos llegar a ser hijos de Dios. En realidad que lo somos, dirá San Juan. “Y si somos hijos, también herederos”. Y si todos somos hijos, quiere decir que, entre nosotros, somos todos hermanos. No lo olviden en esta Navidad. Que nadie la festeje solo. Vamos a compartir en familia. Pero no se olviden de los más pobres... Poco sentido tendría hacer una gran festichola para celebrar el nacimiento de un niño pobre, y excluirle a los pobres de hoy.

Pero de esto ya les hablé el domingo pasado, y les dije que no podemos olvidarnos del motivo por el que celebramos la Navidad: El nacimiento, o si quieren, el cumpleaños de Jesús, (aunque sea de una manera simbólica) Por esto que les decía que NAVIDAD SIN CRISTO, NO SERÍA NAVIDAD. Como si festejáramos el cumpleaños de alguien, y el homenajeado estuviera ausente. De modo que ya saben, la Navidad empieza por ir a saludarle y felicitarle a JESÚS. Y, como me supongo que saben, Jesús está presente también en la persona de nuestros hermanos más pobres y marginados.

Dicho esto, quisiera hablarles también de otra cosa:

Mañana, 26, es el Día de San Esteban, el promártir, que quiere decir el primero que dio su vida por Cristo. Para dar testimonio de Él. Por esto que se celebra su fiesta el primer día después de la Navidad.

Esteban fue un diácono. Uno de aquellos siete primeros que eligieron los Apóstoles, para que les ayudaran en la predicación del Evangelio, y en el servicio de las mesas (a los pobres, que en aquel tiempo eran, sobre todo, las viudas y los huérfanos)

A mí me parece interesante que la Iglesia, ya desde sus inicios, tuvo esta preocupación. De hecho el diácono es una de las instituciones más antiguas en la Iglesia, que felizmente fue restaurada en el Concilio Vaticano II. (1.962-1.965)

En nuestra joven Iglesia de Yguazú, (pronto vamos a cumplir los 20 años), tuvimos esto muy en cuenta desde el principio; y por esto que, en estos años, se han venido preparando y ordenando tantos diáconos. Sólo en este último año han sido 10, y en total ya suman 33 los que, en este momento, están trabajando en la Diócesis.

Yo estoy muy contento con ello. Porque es evidente que la Iglesia necesita colaboradores en su misión. “La mies es mucha, y los trabajadores son pocos”, dijo Jesús. Y aunque es cierto que todos, los laicos incluidos, tenemos algo que hacer en la Iglesia, como miembros vivos que somos, pero hace falta que haya quienes liberen toda su vida para el servicio de los hermanos. Y éstos son, por un lado, los diáconos. La misma palabra, diacono, quiere decir esto: un servidor. Y por otro lado, los presbíteros, o sacerdotes, que son los “primeros colaboradores de los Obispos”, que a su vez son los sucesores de los Apóstoles.

Ya otras veces les hablé de la necesidad que tiene la Iglesia de estas personas que estén dispuestas a dejar de lado todo interés personal, para librarse al servicio de los hermanos, haciendo presente a Cristo en medio de la comunidad. Que esto es, o tendría que ser, el sacerdote: otro Cristo, presente entre nosotros.

Felizmente no han faltado, entre nosotros, jóvenes generosos que le han respondido sí a esta invitación de Jesús. Para trabajar con Él  en esta obra maravillosa, que es acercarles a los hombres a Dios. “A fin de que todos se salven y lleguen a conocer la verdad”.

Precisamente en estos días, desde mañana, 26, vamos a tener un Campamento Vocacional, en el CEPAMI, (Centro de Pastoral Misionera, de Eldorado), para los jóvenes que se plantean esta hermosa vocación. ¿Será que Jesús me está llamando? ¡Feliz de vos! Y ustedes recen por ellos, para que no nos falten estos servidores en nuestras Iglesias.

Para todos un saludo lleno de afecto de su Padre Obispo:


Mons. Joaquín Piña Batllevell,
obispo de Puerto Iguazú

 

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