Recordar el pasado para
construir sabiamente el presente
La memoria de un pueblo se nutre de
innumerables hechos que jalonan su historia. Algunos han de ser celebrados
como acontecimientos fecundos que fortalecen la convivencia social.
Otros, aunque generen dolor y tristeza, no deben ser silenciados.
En estos días los argentinos volvemos
nuestra mirada al pasado para recordar el quiebre de nuestra vida
democrática del 24 de marzo de 1976. Este hecho, acontecido en un contexto
de gran fragilidad institucional, y consentido por parte de la dirigencia
de aquellos momentos, tuvo graves consecuencias que marcaron
negativamente la vida y la convivencia de nuestro pueblo.
¿Qué sentido tiene traer hoy a la memoria
tan doloroso aniversario? ¿Con qué espíritu lo haremos?
Estos hechos del pasado, que nos hablan de
enormes faltas contra la vida y la dignidad humana, y del desprecio por la
ley y las instituciones, son una ocasión propicia para que los argentinos
nos arrepintamos una vez más de nuestros errores y para asimilar, en la
construcción del presente, el aprendizaje que nos brinda nuestra historia.
Los cristianos, cuando recurrimos a la
memoria, lo hacemos para purificarla y constituirla en fuente de
sabiduría, reconciliación y esperanza. Consideramos oportuno recordar
ahora lo que dijimos hace 25 años en el documento “Iglesia y Comunidad
Nacional”: “Porque se hace urgente la reconciliación argentina queremos
afirmar que ella se edifica sólo sobre la verdad, la justicia y la
libertad, impregnadas en la misericordia y en el amor” (ICN 34).
Debe ser este espíritu de reconciliación el
que nos anime en el presente, alejándonos tanto de la impunidad, que
debilita el valor de la justicia, como de rencores y resentimientos que
pueden dividirnos y enfrentarnos. Una fructífera mirada al pasado debe
ayudarnos a todos a crecer en nuestra dignidad de hijos de Dios y a
comprometernos responsablemente en la construcción de una patria de
hermanos.
Por ello, si asumimos nuestra historia como
verdadera maestra de nuestra vida presente, podremos vivir en el respeto a
la ley, fortalecer nuestras instituciones y consolidar una democracia
fundada en los valores de la verdad y la vida, de la justicia y la
solidaridad, del amor y la paz.
Que nuestra fe en Dios, que es Padre de
todos, nos fortalezca e ilumine en este camino que estamos llamados a
recorrer todos juntos.
Comisión Permanente de la C.E.A
Buenos Aires, 15 de marzo de 2006