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I. Motivos y objetivos
 

1. "Hoy la patria requiere algo inédito", los Obispos así nos dirigíamos a todos los argentinos en nuestra Asamblea Plenaria de mayo del 2001 y exhortábamos a generar comunión, ofreciendo nuestro ministerio de reconciliación para reconstruir los vínculos sociales1.

Durante el año 2001 y en variadas ocasiones, diversos actores sociales (gobierno, partidos políticos, sindicatos de empresarios y trabajadores, ONG, ciudadanos) solicitaron nuestra intervención para iniciar un diálogo social que permitiera la búsqueda de soluciones convenidas por todos frente a la crisis que atravesaba la sociedad. Habiendo sido testigos del Diálogo convocado por el Gobierno nacional con el apoyo técnico de las Naciones Unidas, debemos dar cuenta de lo sucedido, sus resultados y exigencias.

2. El 13 de diciembre de 2001 nos referimos al diálogo que la Patria necesitaba y expusimos los objetivos, características y condiciones para que el mismo fuera fructífero. El diálogo imprescindible y urgente necesita renunciamientos sinceros en la mente y el corazón de toda la dirigencia. Debe tener como horizonte la fundación de un tiempo nuevo y no ser el espacio de un intercambio de beneficios o de réditos políticos. Debe ser una búsqueda sincera de la verdad y del bien de todos con una permanente preocupación por los más pobres2 .

3. La Iglesia cuya presencia fue solicitada oficialmente aceptó señalando que no participaría como un miembro más, sino que brindaría un espacio de encuentro, en el que estuvieran vigentes viva y cuidadosamente los grandes valores morales propios de un diálogo auténtico3.

4. Para la Iglesia dialogar no es claudicar, ni entrar en connivencia con algún sector. El diálogo es un gesto audaz y profético que dispone a ser servidores de la verdad. Lo aprendió de Jesús que dialogaba con todos, aún con aquellos que eran sus enemigos. Por ello, la presencia de la Iglesia en el diálogo ciudadano no es ejercicio de poder político, ni intento de ocupar un lugar que no le corresponde. Busca crear un espacio para que las personas se encuentren y no se enfrenten4. Puede ser un ejercicio sincero de corrección fraterna.

 

II. El Desarrollo del Diálogo
 

5. La Comisión Permanente del Episcopado, reunida con carácter de urgencia los días 7 y 8 de enero de 2002, decidió prestar el ámbito espiritual para el Diálogo Argentino designando, hasta el mes de abril, a tres Obispos con quienes colaboraría un grupo de laicos.

6. El lunes 14 de enero se inauguró oficialmente el Diálogo Argentino. En su mensaje el Presidente de la Nación expresó: "Mi gobierno asume hoy la responsabilidad de conducir el diálogo y de reafirmar la unión nacional. El resultado de esta labor será el plan de acción de este nuevo momento de la Argentina"5.

7. En su primera fase participaron del Diálogo Argentino alrededor de 300 organizaciones y más de 1000 personas y se visitaron varias ciudades del interior del país.

Enriquecida por el proceso de deliberaciones la Mesa emitió con fecha 30 de enero las Bases para el Diálogo Argentino, que en sus consideraciones destaca:

Que la crisis que afecta a la Argentina es severa y compleja.

Que en millones de hogares reinan la pobreza, la humillación, la confusión y la desconfianza.

Que se encuentran desdibujados los conceptos fundamentales de nación y bien común. La sociedad exige justicia y el fin de la impunidad.

Que el país necesita gestos y actitudes públicas de grandeza y renunciamientos por parte de su dirigencia (política, sindical, empresarial).

8. En virtud de los resultados alcanzados en las rondas de entrevistas se pusieron en marcha las llamadas mesas sectoriales a fin de encontrar acuerdos, delineando medidas de urgencia y estrategias de mediano y largo plazo. Las mesas, conducidas por los Ministros del Poder Ejecutivo Nacional fueron las siguientes:

Socio-laboral-productiva
Salud
Educación
Reforma política
Reforma de la justicia

Se había pensado también en la necesidad de una mesa que estudiara la reforma del Estado pero lamentablemente nunca fue convocada.

Estas mesas sectoriales buscaron alcanzar un mínimo de acuerdos básicos que aportaran soluciones a temas prioritarios relacionados con la emergencia económica y social.

 

III. El momento actual
 

9. El Diálogo Argentino se manifestó como una experiencia apasionante en la que aparecieron las grandezas y miserias de nuestro país. Si analizamos la dificilísima situación de los pasados meses de diciembre y enero, la primera constatación positiva ha sido que la mayor parte de la ciudadanía hizo una clara opción por el diálogo y la paz y no por la violencia.

La segunda constatación positiva es que en la Argentina existe un enorme capital pensante que se expresó en múltiples propuestas de superación de nuestra crisis.

10. ¿Por qué entonces no terminamos de encontrar el camino? Una vez más tenemos que decirlo: los intereses sectoriales y corporativos siguen siendo poderosos. Son las grandes barreras que impiden la construcción del bien común. Ésta es la gran enfermedad que padecemos los argentinos. Por eso, los resultados del Diálogo no se han transformado hasta la fecha en el plan de acción de este nuevo momento de la Patria.

Es un tiempo decisivo. Es necesario curar de raíz esta enfermedad. Es la hora de la concreción de las reformas y de los grandes renunciamientos personales y sectoriales. Es necesario abrir canales de renovación de la política para que la energía volcada al malestar y a la protesta se pueda traducir en la construcción de la paz y la amistad social.

11. En este momento hay gestos que nuestra dirigencia debe hacer y que constituirían una clara opción por el bien común.

El Diálogo Argentino presentó a los Poderes Ejecutivo y Legislativo, un proyecto de acuerdo nacional que, de ser aprobado e implementado por medio de leyes y de adecuadas medidas de gobierno por parte de las fuerzas políticas y los gobernadores, podrían convertirse en verdaderas bases de un gran cambio para la Argentina.

Alentamos que se le preste atención y se implementen las medidas sugeridas en dicho proyecto que pueden favorecer la vida política como gestión del bien común y hagan más creíble a su dirigencia.

12. El Diálogo Argentino brindó el marco propicio para que se renovaran las actitudes y hábitos y se encauzaran propuestas de reformas estructurales que respondan al objetivo inicial: refundar el país.

Dando marco a este Diálogo los Obispos hemos querido responder a una obligación de conciencia ante Dios y nuestros hermanos. Ahora es necesario que quienes tienen el poder implementen las reformas.

Valoramos el trabajo y la buena voluntad de todos los participantes en el Diálogo Argentino y agradecemos la confianza con la cual fuimos honrados.

Manifestamos nuestra disposición de continuar colaborando en la búsqueda de caminos que nos permitan crecer como nación y generar un nuevo proyecto de país.

En el contexto de esta Asamblea Plenaria hemos puesto en manos de María, la Virgen Santísima, en el Santuario de Luján, los deseos y aspiraciones de todos los argentinos que queremos construir una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común.

 

Los Obispos de la Argentina
83ª Asamblea Plenaria de la C. E. A.,
Fiesta de Santo Toribio de Mogrovejo

San Miguel, 27 de abril de 2002

[1][1] Cf. Asamblea Plenaria, 12 de mayo de 2001[1]
[2] Cf. 130 Reunión de la Comisión Permanente de la CEA. Buenos Aires, 13 de diciembre de 2001[1]
[3] Cf. Mensaje de Mons. Estanislao Karlic desde la Iglesia Santa Catalina de Siena, 14 de enero de 2002[1]
[4] Cf. Comunicado de los Obispos Jorge Casaretto, Juan Carlos Maccarone y Ramón Staffolani, 28 de enero de 2002[1]
[5] Mensaje a la Nación del Presidente Eduardo Duhalde desde la Iglesia Santa Catalina de Siena, 14 de enero de 2002

 

 

 

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