Comunicación en
VITA CONSECRATA
Exhortación Apóstolica Postsinodal de Juan Pablo II
25 de marzo de 1996
Presencia en el mundo de las comunicaciones sociales
99. De igual manera que en el pasado las
personas consagradas han sabido servir a la evangelización con todos los
medios, afrontando con genialidad los obstáculos, también hoy están
llamadas nuevamente por la exigencia de testimoniar el Evangelio a
través de los medios de comunicación social. Estos medios han
adquirido una capacidad de difusión cósmica mediante poderosas tecnologías
capaces de llegar hasta el último rincón de la tierra. Las personas
consagradas, especialmente cuando por su carisma institucional trabajan en
este campo, han de adquirir un serio conocimiento del lenguaje propio de
estos medios, para hablar de Cristo de manera eficaz al hombre actual,
interpretando sus gozos y esperanzas, sus tristezas y angustias,242 y
contribuir de este modo a la construcción de una sociedad en la que todos
se sientan hermanos y hermanas en camino hacia Dios.
No obstante, dado su extraordinario poder
de persuasión, es preciso estar alerta ante el uso inadecuado de tales
medios, sin ignorar los problemas que se pueden derivar para la vida
consagrada misma, que ha de afrontarlos con el debido discernimiento.243
Sobre este punto, la respuesta de la Iglesia es ante todo educativa:
tiende a promover una actitud de correcta comprensión de los mecanismos
subyacentes y de atenta valoración ética de los programas, y la adopción
de sanas costumbres en su uso.244 En esta tarea educativa, orientada a
formar receptores entendidos y comunicadores expertos, las personas
consagradas están llamadas a ofrecer su particular testimonio sobre la
relatividad de todas las realidades visibles, ayudando a los hermanos a
valorarlas según el designio de Dios, pero también a liberarse de la
influencia obsesiva de la escena de este mundo que pasa (cf. 1 Co 7, 31).
Todos los esfuerzos en este nuevo e
importante campo apostólico han de ser alentados, con el fin de que el
Evangelio de Cristo se transmita también a través de estos medios
modernos. Los diversos Institutos han de estar disponibles para cooperar
en la realización de proyectos comunes en los varios sectores de la
comunicación social, aportando fuerzas, medios y personas. Que las
personas consagradas, además, y especialmente los miembros de los
Institutos seculares, presten de buen grado sus servicios, según las
oportunidades pastorales, en la formación religiosa de los responsables
de la comunicación social pública o privada, para que se eviten, de
una parte, los daños provocados por un uso adulterado de los medios y, de
otra, se promueva una mejor calidad de las transmisiones, con mensajes
respetuosos de la ley moral y ricos en valores humanos y cristianos.