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MENSAJE DE JUAN PABLO II PARA LA
XVII JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
15 de mayo de 1983
Queridísimos hermanos y hermanas en Cristo:
1. La promoción de la paz: éste es el tema que la Jornada mundial de las
Comunicaciones Sociales propone este año a vuestra reflexión. Tema de
extrema importancia y de palpitante actualidad.
En un mundo que, gracias al progreso espectacular y a la rápida expansión de
los mass-media , se está volviendo cada vez más interdependiente, la
comunicación y la información representan hoy un poder que puede servir
eficazmente a la causa noble y grande de la paz, pero puede agravar también
las tensiones y favorecer nuevas formas de injusticia y de violación de los
derechos humanos.
Plenamente consciente del papel de los operadores de la comunicación social
, en mi reciente Mensaje para la Jornada mundial de la Paz (1 de enero de
1983), que tenía como tema: "El diálogo por la paz, un desafío para nuestro
tiempo", he creído necesario dirigir una especial llamada a cuantos trabajan
en los mass-media para animarles a sopesar su responsabilidad y a poner de
relieve con la mayor objetividad los derechos, los problemas y las
mentalidades de cada una de las partes a fin de promover la comprensión y el
diálogo entre los grupos, los países y las civilizaciones (cf. núm. 2).
¿De qué modo la comunicación social podrá promover la paz?
Garantizar un uso recto, justo y constructivo de la información
2. Ante todo mediante la realización, en el plano institucional, de un orden
de la comunicación que garantice un recto uso, justo y constructivo, de la
información , removiendo atropellos, abusos y discriminaciones fundadas
sobre el poder político, económico e ideológico. No se trata aquí en primer
lugar de pensar en nuevas aplicaciones tecnológicas, sino más bien de
repensar los principios fundamentales y las finalidades que han de presidir
la comunicación social, en un mundo que ha pasado a ser como una sola
familia y en el cual el legítimo pluralismo ha de quedar asegurado sobre una
base común de consenso en torno a los valores esenciales de la convivencia
humana. A este fin se exige una sabia maduración de la conciencia, tanto
para los operadores de la comunicación como para los receptores, y se hacen
necesarias opciones certeras, justas y valientes por parte de los poderes
públicos, de la sociedad y de las instituciones internacionales. Un recto
orden de la comunicación social y una equitativa participación en sus
beneficios, dentro del pleno respeto de los derechos de todos, crean un
ambiente y condiciones favorables para un diálogo mutuamente enriquecedor
entre los ciudadanos, los pueblos y las diversas culturas, mientras las
injusticias y los desórdenes en este sector favorecen situaciones
conflictivas. Así, la información parcial, arbitrariamente impuesta desde
arriba o por las leyes de mercado de la publicidad, la concentración
monopolística, las manipulaciones de cualquier género, no sólo son atentados
al recto orden de la comunicación social, sino que terminan también por
dañar los derechos a la información responsable y poner en peligro la paz.
Promover los valores de un humanismo integral
3. La comunicación, en segundo lugar, promueve la paz cuando en sus
contenidos educa constructivamente al espíritu de paz. La información, en
realidad, no es nunca neutra, sino que responde siempre, al menos
implícitamente y en las intenciones, a opciones de fondo. Un nexo íntimo
vincula la comunicación y la educación a los valores. Unos hábiles
subrayados o frases forzadas, así como unos silencios bien dosificados,
revisten en la comunicación un profundo significado. Por lo tanto, las
formas y modos con los que se presentan situaciones y problemas tales como
el desarrollo, los derechos humanos, las relaciones entre los pueblos, los
conflictos ideológicos, sociales y políticos, las reivindicaciones
nacionales, la carrera de armamentos, por citar sólo algunos ejemplos,
influyen directa o indirectamente en la formación de la opinión pública y en
la creación de mentalidades orientadas en el sentido de la paz o, por el
contrario, abiertas hacia soluciones de fuerza.
La comunicación social, si quiere ser instrumento de paz, deberá superar las
consideraciones unilaterales y parciales, removiendo prejuicios y creando,
en cambio, un espíritu de comprensión y de recíproca solidaridad. La
aceptación leal de la lógica de la convivencia pacífica en la diversidad
exige la constante aplicación del método del diálogo. Y éste, reconociendo
el derecho a la existencia y a la expresión de todas las partes, afirma el
deber de que se integren unas con otras, a fin de conseguir ese bien
superior que es la paz, al cual se contrapone hoy, como dramática
alternativa, la amenaza de la destrucción atómica de la civilización humana.
Como consecuencia, hoy se hace todavía más necesario y urgente proponer los
valores de un humanismo integral, fundado en el reconocimiento de la
verdadera dignidad y de los derechos del hombre, abierto a la solidaridad
cultural, social y económica entre personas, grupos y naciones, con la
conciencia de que una misma vocación agrupa a toda la humanidad.
4. La comunicación social, en fin, promueve la paz si los profesionales de
la información son operadores de paz .
La peculiar responsabilidad y las insustituibles tareas que los
comunicadores tienen en orden a la paz se deducen de la consideración sobre
la capacidad y el poder que éstos poseen de influir, quizás de manera
decisiva, en la opinión pública, e incluso en los mismos gobernantes.
Habrá ciertamente que asegurar a los operadores de la comunicación social,
para el ejercicio de sus importantes funciones, unos derechos fundamentales
tales como el acceso a las fuentes de información y la facultad de presentar
los hechos de manera objetiva.
Favorecer el consenso y el diálogo, reforzar la comprensión y la
solidaridad
Pero, por otra parte, es también necesario que los operadores de la
comunicación transciendan los dictados de una ética concebida en clave
meramente individualista y, sobre todo, que no se dejen poner al servicio de
los grupos de poder, visibles u ocultos. En cambio, han de tener presente
que, más allá y por encima de las responsabilidades contractuales en
relación con los órganos de información y de las responsabilidades legales,
tienen también unos deberes precisos hacia la verdad, hacia el público y
hacia el bien común de la sociedad.
Los comunicadores sociales prestarán una ayuda magnífica a la causa de la
paz si en el ejercicio de su tarea, que es una verdadera misión, saben
promover la información serena e imparcial, favorecer el entendimiento y el
diálogo, reforzar la comprensión y la solidaridad.
A vosotros confío, queridísimos hermanos y hermanas, estas consideraciones
precisamente en el comienzo del Año Santo extraordinario, con el cual vamos
a celebrar el 1950 aniversario de la redención del hombre, obrada por Cristo
Jesús, "Príncipe de la paz" (cf. Is 9, 6), Aquel que es "nuestra paz" y ha
venido a "anunciar la paz" (cf. Ef 2, 14. 17).
Mientras invoco sobre vosotros y sobre los operadores de la comunicación
social el don divino de la paz, que es "fruto del Espíritu" (cf. Gál 5, 22),
imparto cordialmente mi bendición apostólica.
Vaticano, 25 de marzo de 1983, V
año de mi pontificado.
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