Queridos responsables de las comunicaciones sociales y queridos
usuarios:
Las comunicaciones sociales constituyen una plataforma de intercambios
y de diálogo apta para dar respuesta a una viva preocupación de mi
pontificado y del pontificado de mi predecesor Pablo VI (cf. Mensaje a la
sesión especial de las Naciones Unidas sobre el desarme, 24 de mayo de
1978, n. 5): contribuir a pasar, en la promoción de la paz por la
justicia, de un equilibrio del terror a una estrategia de la confianza.
Por eso me ha parecido urgente proponeros como tema de la Jornada mundial
de las Comunicaciones Sociales de 1987: "Las comunicaciones sociales al
servicio de la justicia y de la paz". Lo he repetido a menudo, pero hoy lo
subrayo añadiendo este corolario: la confianza no puede ser obra de los
responsables políticos solamente, debe nacer en la conciencia de los
pueblos. Después de haber tratado ya el problema de la paz (Jornada
mundial de 1983), desearía, el presente año, proseguir con vosotros esta
breve reflexión sobre la obra de la justicia que realiza la paz, o sobre
la estrategia de la confianza como realización de la justicia con miras a
la paz.
Yo sé que para vosotros, artífices de las comunicaciones sociales, las
masas no son multitudes anónimas. Representan el continuo desafío de
alcanzar y llegar a cada uno en su propio contexto vital, a su nivel
personal de comprensión y de sensibilidad, por medio de tecnologías cada
vez más avanzadas y a través de estrategias de comunicación cada día más
eficaces. Podría así resonar en vuestras conciencias esta invitación:
transmitir la estrategia de la confianza a través de la estrategia de la
comunicación, al servicio de la justicia y de la paz.
Vuestra estrategia de la comunicación es, en gran medida, una
estrategia de la información en orden a contribuir a la edificación de
esta sociedad del saber en la que nos encontramos implicados para lo mejor
o para lo peor. Permitidme recordar lo que ya he afirmado a este
propósito: la paz del mundo depende de un mayor conocimiento de los
hombres y de las comunidades; la información cualificada de la opinión
pública tiene una influencia directa sobre la promoción de la justicia y
de la paz (cf. Mensaje para la Jornada mundial de la Paz de 1982, nn. 6,
8). Vuestra tarea parece superar las posibilidades humanas: informar para
formar, cuando la avalancha de noticias os arrastra, a veces de manera
peligrosa, a los cuatro ángulos del mundo, sin daros el tiempo necesario
para ponderar cada caso o cada acontecimiento. Y sin embargo, los usuarios
dependen de vosotros para comprender los estragos del terror y las
esperanzas de la confianza.
La paz no es posible sin diálogo (cf. Mensaje para la Jornada mundial
de la Paz de 1986, nn. 4-5), pero no se puede dialogar plenamente sin
estar bien informado, en el Este y en el Oeste, en el Sur y en el Norte.
Vuestro diálogo quiere ser, además, un "diálogo total", es decir, un
diálogo que se establezca en el marco de una estrategia global de
comunicación: de información, ciertamente, pero también de recreación,
publicidad, creación artística, educación, sensibilización para con los
valores culturales. A través de esta estrategia de comunicación debería
realizarse la estrategia de la confianza. Del equilibrio del temor, del
miedo, incluso del terror, resulta -como decía Pío XII- una "paz fría",
que no es la verdadera paz. Sólo la comunicación podrá generar -por la vía
del diálogo total- un deseo y una esperanza de paz expresiva, como
exigencia del corazón de las poblaciones. Y se podría añadir: una
"justicia fría" no es verdadera justicia. La justicia no puede vivir más
que en el seno de la confianza, de lo contrario no es más que una
"justicia contra" y no una "justicia para" y una "justicia con" cada
persona humana.
¿Cómo compaginar la estrategia de la confianza y la estrategia de la
comunicación? Desearía desarrollar este tema de reflexión. Sé que la
comunicación de masas es una comunicación programada y cuidadosamente
organizada. Por ello, es importante evocar lo que podría ser una
estrategia de la confianza transmitida por los mass-media. Creo que
podría abarcar siete momentos fundamentales: hacer tomar conciencia,
denunciar, renunciar, superar, contribuir, divulgar, afirmar.
En primer lugar, es preciso hacer tomar conciencia, o, en otros
términos, hacer labor de inteligencia. ¿No ha dicho Pablo VI que la paz es
una obra de inteligencia? Sería necesario, a través de los más variados
programas, hacer tomar conciencia de que cualquier guerra puede provocar
la pérdida de todo y de que nada puede perderse con la paz. Para ello, la
estrategia de la comunicación puede, mejor que cualquier otro medio, hacer
comprender las causas de la guerra: las innumerables injusticias que
empujan a la violencia. Cualquier injusticia puede llevar a la guerra. La
violencia está en nosotros, debemos liberarnos de ella para inventar la
paz. Esta es la obra de la justicia que se realiza como fruto de la
inteligencia. La inteligencia, según la enseñanza del Concilio Vaticano II
(cf. Gaudium et spes, 82-91), se expresa sobre todo a través de las
opciones positivas que se hacen en torno a las cuestiones de la justicia y
de la paz, frente a la injusticia y a la guerra. Y es ahí donde vuestro
papel se hace apasionante, debido al espíritu de iniciativa que implica.
Comunicar las opciones constructivas de justicia y de paz corre parejo
con vuestro deber de denunciar todas las causas de violencia y de
conflicto: armamento generalizado, comercio de armas, opresiones y
torturas, terrorismo de toda especie, militarización a ultranza y
preocupación exagerada por la seguridad nacional, tensión Norte-Sur,
cualquier forma de dominación, ocupación, represión, explotación y
discriminación.
Si se quiere denunciar de manera coherente, es preciso también que uno
mismo renucie a las raíces de la violencia y de la injusticia. Una
de las imágenes más sólidamente integradas en la producción de los medios
de comunicación parece ser la del "ideal del más fuerte", de esa voluntad
de supremacía que no hace sino aumentar el miedo mutuo. En la línea de lo
que decía Juan XXIII, es necesario llegar, en vuestra producción, a un
"desarme de los espíritus" (cf. Discurso a los periodistas del Concilio,
13 de octubre de 1962). ¡Cuál no sería el progreso de los intercambios de
comunicación, si el mercado se hallase abundantemente provisto de
programas que presentasen algo distinto a esta voluntad de dominar que
inspiran tantas obras actualmente distribuidas! ¡Y cuál no sería la mejora
cualitativa si los usuarios "impusiesen", con sus demandas y reacciones,
que se renuncie al ideal del más fuerte! Para actuar en un espíritu de
justicia, no basta "actuar contra", en nombre de una fuerza empedernida.
Es preciso también "actuar para y con" los otros, o, en el mundo de los
mass-media, comunicar para cada uno y con cada uno.
La estrategia de la confianza significa además superar todos los
obstáculos que se oponen a las "obras de justicia" con miras a la paz. Es:
necesario, en principio, superar las barreras de la desconfianza. Nada
mejor que las comunicaciones sociales puede traspasar todas las barreras
de razas, clases, culturas, las unas frente a las otras. La desconfianza
puede nacer de cualquier forma de parcialidad y de intolerancia social,
política o religiosa. La desconfianza vive del desaliento que se hace
derrotismo. La confianza, por el contrario, es el fruto de una actitud
ética más rigurosa en todos los niveles de la vida cotidiana. El Papa Juan
XXIII recordaba que era absolutamente necesario superar el desequilibrio
entre las posibilidades técnicas y el compromiso ético de la comunidad
humana. Y vosotros, que sois artífices o usuarios de las comunicaciones,
sabéis bien que el mundo de la comunicación es un mundo de explosión del
progreso tecnológico. Por ello, en este sector-punta de la experiencia
humana, la exigencia ética es la más urgente a todos los niveles.
Vuestro papel, además, consiste en contribuir a hacer posible la paz a
través de la justicia. La información es la vía de la sensibilización, de
la verificación, del control de la realidad de los hechos en los caminos
de la paz. Esta contribución se puede profundizar a través de los debates
y discusiones públicos en los mass-media. Es tal vez en este nivel
donde vuestra imaginación se pondrá a prueba más duramente. La respuesta
de los usuarios será también ahí la más necesaria.
No debemos descuidar nunca la divulgación insistente de todo lo
que puede ayudar a hacer comprender y a hacer vivir la paz y la justicia,
desde las más humildes iniciativas al servicio de la paz y de la justicia
hasta los esfuerzos de las instancias internacionales. Entre estas
iniciativas, el papel de un nuevo orden mundial de la información y de la
comunicación, al servicio de la paz y de la justicia, para la garantía de
la difusión múltiple de la información en favor de todos, ocupa,
ciertamente, un lugar importante, como ya he recordado con ocasión de uno
de los congresos de la Unión Católica Internacional de la Prensa (cf.
Discurso a la UCIP, 25 de septiembre de 1980). Vuestra tarea de
responsables de las comunicaciones es la de una educación permanente.
Vuestro deber de usuarios es el de una continua búsqueda de acceso a todos
los datos que podrán formar vuestra opinión y haceros cada vez más
sensibles a vuestras responsabilidades. Todos nosotros somos responsables
del destino de la justicia y de la paz.
Entre todas las iniciativas a divulgar, permitidme pediros con
insistencia que no descuidéis la presentación de la idea cristiana de la
paz y la justicia, del mensaje cristiano sobre la paz y la justicia, sin
excluir las invitaciones al compromiso, pero también a la oración por la
paz: dimensión irreemplazable de la contribución eclesial a las
iniciativas de paz y en favor de los esfuerzos para vivir en la justicia.
Todo ello, lo sabéis, supone la presentación, a través de los medios de
comunicación social, de la imagen verdadera y completa de la persona
humana, fundamento de toda referencia a la justicia y a la paz. Todo lo
que ofende a la persona es ya un "acto de guerra" que comienza. ¡Qué
incalculables consecuencias tendrán, pues, cada una de las iniciativas de
comunicación, cuyos animadores sois vosotros!
Con la divulgación, es preciso afirmar todas las condiciones
previas en orden a la justicia y a la paz: los derechos inalienables de la
persona humana, las libertades fundamentales en la igualdad y con vistas a
una participación de todos en el bien común, el respeto de las soberanías
legítimas, los deberes de indemnización y de asistencia... Pero sobre todo
es preciso poner de relieve los valores de la vida: no ya la existencia
presentada como inexorablemente integrada en una "lucha por la vida", sino
la vida vivida con la inteligencia de la sabiduría en la bondad, o, más
aún, el amor como fuente y como ideal de vida. Sólo el amor, que inventa
de nuevo cada día la fraternidad, podrá definitivamente lograr la
capitulación del terror. Que el amor, inspirado por el don de Dios, pueda
actuar sobre estas "maravillas técnicas" de la comunicación, que son
también "dones de Dios" (cf. Miranda prorsus).
Esperando que estas palabras os ayuden a no perder nunca de vista la
justicia y la paz, ya sea en el momento de la creación de vuestros
programas, a vosotros, queridos artífices de las comunicaciones sociales,
o en el momento de la escucha y de la respuesta, a vosotros, queridos
usuarios, os manifiesto a todos mi propia confianza y os invito a trabajar
para crear confianza, al servicio de la humanidad entera. Con este
espíritu os doy gozosamente mi bendición apostólica.
Vaticano, 24 de enero de 1987.