MENSAJE DE JUAN PABLO II PARA LA
XXIII JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
7 de mayo de 1989
Queridos hermanos y hermanas, queridos amigos
informadores y comunicadores:
1. El tema de la Jornada mundial de las Comunicaciones Sociales reviste
este año una importancia particular para la presencia de la Iglesia y su
participación en el diálogo público: "La religión en los ´mass-media ´".
Efectivamente, hoy en día los mensajes religiosos, al igual que los
mensajes culturales, tienen mayor impacto gracias a los medios de
comunicación social. La reflexión que quisiera proponeros en esta ocasión
corresponde a una preocupación constante de mi pontificado: ¿Qué lugar
puede ocupar la religión en la vida social y, más precisamente, en los
medios de comunicación?
2. En su acción pastoral, la Iglesia se formula, naturalmente, preguntas a
sí misma, acerca de la actitud de los medios de comunicación hacia la
"religión". De hecho, al mismo tiempo que se desarrollaban los medios y
técnicas de comunicación, el mundo industrial, que les ha dado un empuje
tan grande, manifestaba un "secularismo" que parecía llevar a la
desaparición del sentido religioso del "hombre moderno".
3. Sin embargo, actualmente puede observarse que la información religiosa
tiende a ocupar más espacio en los medios de comunicación, debido al mayor
interés que se manifiesta hacia la dimensión religiosa de las realidades
humanas, individuales y sociales. Para analizar este fenómeno, habría que
interrogar a los lectores de periódicos, los telespectadores y los
radioyentes, porque no se trata de una presencia impuesta por los medios
de comunicación, sino de una demanda específica por parte del público,
demanda a la que los responsables de la comunicación responden dando más
espacio a la información y comentario de temas religiosos. En el mundo
entero, son millones las personas que recurren a la religión con el fin de
conocer el sentido de su vida, millones las personas para quienes la
relación religiosa con Dios, Creador y Padre, es la más feliz de las
realidades de la existencia humana. Bien lo saben los profesionales de la
comunicación, que constatan el hecho y analizan sus implicaciones. E
incluso si esa dialéctica entre informadores y público de la comunicación
social a veces se caracteriza por su falta de imparcialidad y da lugar a
informaciones incompletas, queda un hecho positivo: la religión, hoy en
día, está presente en la corriente informativa de los medios de
comunicación.
4. Por un feliz concurso de circunstancias, la Jornada mundial de las
Comunicaciones Sociales coincide, en 1989, con el vigésimo quinto
aniversario de la fundación de la Pontificia Comisión para las
Comunicaciones Sociales, que se transforma ahora en "Pontificio Consejo".
¿Qué balance puede hacerse tras veinticinco años al servicio del
apostolado de las comunicaciones? Desde luego, la Iglesia misma ha sabido
discernir más claramente los "signos de los tiempos" que implica el
fenómeno de la comunicación. Mi antecesor Pío XII, ya había invitado a ver
en los medios de comunicación no una amenaza, sino un "don" (cf. Encíclica
Miranda prorsus , 1957). El Concilio Vaticano II, a su vez, confirmaba
solemnemente esta actitud positiva (cf. Decreto Inter mirifica , 1964). La
Pontificia Comisión que entonces nacía, y que hoy encuentra, en cuanto
Pontificio Consejo, toda su dimensión, se ha comprometido con
perseverancia a promover, dentro de la Iglesia, una actitud de
participación y creatividad en dicho sector o, mejor dicho, en ese nuevo
estilo de vida de humanidad compartida.
5. La cuestión que hoy se plantea para la Iglesia ya no es la de saber si
el hombre de la calle todavía puede percibir un mensaje religioso, sino la
de encontrar los mejores lenguajes de comunicación que le permitan dar
todo su impacto al mensaje evangélico.
El Señor nos anima muy directa y sencillamente a seguir en el camino del
testimonio y de la más amplia comunicación: "No tengáis miedo... Lo que
oís al oído, proclamadlo desde los terrados" ( Mt 10, 26-27). ¿De qué se
trata? El Evangelista lo resume así: "Declararse por Cristo ante los
hombres" (cf. Mt 10, 32). ¡Esta es, pues, la audacia, a la vez humilde y
serena, que inspira la presencia cristiana en el diálogo público de los
medios de comunicación! Nos lo dice San Pablo: "Predicar el Evangelio no
es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe" (
1 Co 9, 16). La misma fidelidad se expresa a lo largo de toda la
Escritura: "He publicado la justicia del Señor en la gran asamblea" ( Sal
40/39, 10), y "todo hombre... anunciará la obra de Dios" ( Sal 64/63, 10).
Comunicadores y público de los medios de comunicación: Podéis preguntaros,
los unos a los otros, acerca de la exigencia y constante novedad de esa
"religión pura e intachable" que invita a cada uno de nosotros a
"conservarse incontaminado del mundo" ( St 1, 27). Operadores de los
medios de comunicación: Estos pocos ejemplos de sabiduría bíblica os harán
entender enseguida que el gran desafío del testimonio religioso, en el
marco del diálogo público, es el de la autenticidad de los mensajes e
intercambios, así como de la calidad de los programas y producciones.
6. En nombre de toda la Iglesia, quiero agradecer al mundo de la
comunicación el espacio que ofrece a la religión en los medios de
difusión. Estoy seguro de interpretar el sentimiento de todas las personas
de buena voluntad al expresar esa gratitud, incluso si a menudo nos parece
que sería posible mejorar la presencia cristiana en el debate público.
Quisiera, con mi voz, dar las gracias por la parte reservada a la religión
en la información, la documentación, el diálogo, la recogida de datos.
También quisiera pedir a todos los comunicadores que, por su deontología,
se muestren profesionalmente dignos de las ocasiones que se les ofrecen de
presentar el mensaje de esperanza y reconciliación con Dios, en el marco
de los medios de comunicación de todo tipo y de todo estatuto. Los "dones
de Dios" (cf. Pío XII, Encíclica Miranda prorsus ), ¿no son aquí el
misterioso encuentro entre las posibilidades tecnológicas de los lenguajes
de la comunicación y la apertura del espíritu a la luminosa iniciativa del
Señor en sus testigos? A ese nivel precisamente está en juego la calidad
de nuestra presencia eclesial en el debate público. Más que nunca, la
santidad del apóstol supone una "divinización" (según la palabra de los
Padres de la Iglesia) de toda la ingeniosidad humana. Por ese motivo,
también, la celebración litúrgica de los misterios de la fe no puede ser
ignorada en ese vasto movimiento de presencia en el mundo de hoy a través
de los medios de comunicación.
7. Pensando en todo ello, quiero formular, con sencillez y confianza, una
petición que tengo muy a pecho. Se inspira en el mismo sentimiento de
amistad que el de Pablo cuando se dirige a Filemón: "Te escribo
confiado..., seguro de que harás más de lo que te pido" ( Flm 1, 21). Esta
es mi petición: dad a la religión todo el espacio que consideráis deseable
en la comunicación de masas. "Abrid las puertas...; conservaréis la paz" (
Is 26, 2. 3). Es lo que pido en favor de la religión. Veréis, queridos
amigos, que esos temas religiosos os apasionarán en la medida en que serán
presentados con profundidad espiritual y acierto profesional. Abierta a
los mensajes religiosos, la comunicación será de mayor calidad y más
interesante. A los operadores eclesiales de los medios de comunicación,
repito: "¡No tengáis miedo! Recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que
os hace exclamar: Abbá, Padre!" (cf. Rm 8, 15).
¡Ojalá el mensaje religioso y las iniciativas religiosas puedan estar
presentes en todos los tipos de medios de comunicación: en la prensa y
medios de información audiovisual, en la creación cinematográfica, en las
memorias y los intercambios informáticos de los bancos de datos, en la
comunicación teatral y en los espectáculos culturales de alto nivel, en
los debates de opinión y en la reflexión común sobre la actualidad, en los
servicios de formación y educación del público, en todas las producciones
de los medios de comunicación de grupo, mediante dibujos animados e
historietas gráficas de calidad, mediante las amplias posibilidades que
ofrece la difusión de los escritos, de las grabaciones sonoras y visuales,
en los momentos de distensión musical de las radios locales o de gran
difusión! Mi deseo más ardiente es que las redes católicas y cristianas
puedan colaborar, de modo constructivo, con las redes de comunicación
cultural de todos los tipos, superando las dificultades de competencia con
vistas al bien último del mensaje religioso. La Iglesia misma, en esta
ocasión, invita a considerar seriamente las exigencias de la colaboración
ecuménica e interreligiosa en los medios de comunicación.
8. Al terminar este Mensaje, no puedo dejar de animar a todos los que
tienen a pecho el apostolado de la comunicación a empeñarse con ardor,
respetando a cada uno, en la gran obra de la evangelización ofrecida a
todos: "Vete a anunciar el reino de Dios" ( Lc 9, 60). No podemos dejar de
decir cuál es el mensaje nuevo, porque es al proclamar y vivir la Palabra
como entendemos nosotros mismos las profundidades insospechables del don
de Dios.
En la sumisión entusiasta a la voluntad de Dios y con confianza, os digo a
todos, operadores y público, mi alegría ante el espectáculo impresionante
de los vínculos creados más allá de las distancias y "desde los terrados"
para tomar parte en la investigación y profundización de una "religión
pura e intachable", e invoco sobre todos vosotros la bendición del Señor.
Vaticano, 24 de enero de 1989.