Queridos hermanos y hermanas:
Para la celebración de esta Jornada mundial para las comunicaciones
sociales, volvemos de nuevo al tema que constituye el mensaje central de
la instrucción pastoral Communio et progressio, aprobada por el
Papa Pablo VI en 1971, concerniente a la aplicación del decreto del
Concilio Vaticano II sobre los medios de comunicación social. Preparada
según el deseo de los padres conciliares, dicha instrucción contempló, en
su día, las principales finalidades de la comunicación social y todos los
medios de que se sirve para la unidad y el progreso de la familia humana.
En el vigésimo aniversario de este importante documento, deseo contemplar
de nuevo sus consideraciones básicas para invitar a los hijos de la
Iglesia a que reflexionen una vez mas acerca de los serios problemas y las
numerosas oportunidades nuevas que ofrece el continuo desarrollo de los
medios de comunicación, especialmente por lo que se refiere a la unidad y
el progreso de todos los pueblos.
La Iglesia posee desde hace mucho tiempo la convicción de que los
medios de comunicación social (prensa, radio, televisión, cine, ...) han
de ser contemplados como «dones de Dios» (cf. Pío XII, carta encíclica
Miranda prorsus, AAS, 24 [1957], pág. 765). La lista de los
«dones» que ofrece la comunicación social ha continuado ampliándose desde
que fue publicada la instrucción pastoral. Realidades tales como los
satélites, las computadoras, las videograbadoras y los medios cada vez más
perfectos para la transmisión de informaciones están ahora a disposición
de la familia humana. El objeto de estos nuevos dones es el mismo que el
de los demás medios de comunicación tradicionales: conducirnos a una
fraternidad y comprensión mutuas cada vez mayores, y ayudarnos a avanzar
en nuestro destino humano de hijos e hijas amados de Dios.
La relación entre esta consideración general y la reflexión que en esta
ocasión deseo ofrecer es clara y directa: ese poder, puesto a disposición
del hombre, significa un elevado sentido de responsabilidad en su
utilización por parte de aquellos a quienes afecte. Según lo expresado en
la instrucción pastoral de 1971, los medios de comunicación social son
instrumentos carentes de vida propia. El que cumplan o no las finalidades
para las cuales nos fueron dados, depende grandemente de la prudencia y
sentido de responsabilidad con que se utilicen.
Desde el punto de vista cristiano son unos medios maravillosos a
disposición del hombre, bajo la providencia de Dios, para construir unas
relaciones más fuertes y claras entre los individuos y en toda la familia
humana. En verdad, al desarrollarse, los medios de comunicación social son
capaces de crear un nuevo lenguaje, que pone a la gente en condiciones de
conocerse y entenderse mutuamente con mayor facilidad y, por tanto, de
trabajar juntos con mayor prontitud en favor del bien común (cf.
Communio et progressio 12). Pero para que sean medios eficaces de
mayor compañerismo y de auténtico progreso humano, estos medios han de ser
un canal y expresión de verdad, justicia, paz, buena voluntad y caridad
activa, ayuda mutua, amor y comunión (cf. Communio et progressio 12
y 13). El que los medios puedan servir para enriquecer o empobrecer la
naturaleza del hombre, depende de la visión moral y de la responsabilidad
ética de quienes están implicados en el proceso de las comunicaciones y de
aquellos que reciben el mensaje de estos medios.
Todo miembro de la familia humana, ya sea el más humilde de los
consumidores o el más poderoso productor de programas, tiene su
responsabilidad individual al respecto. Me dirijo, por esto, especialmente
a los pastores de la Iglesia y a los fieles católicos que están
comprometidos en la tarea de las comunicaciones sociales para reanimar en
ellos el conocimiento de los principios y directrices que con tanta
claridad quedaron ya expuestas en la Communio et progressio. Ojalá
que todos entiendan mejor en dónde está su deber y se animen a realizar
sus deberes como un servicio fundamental a la unidad y al progreso de la
familia humana.
Abrigo la esperanza de que esta XXV Jornada mundial de las
comunicaciones sociales sea ocasión para que las parroquias y comunidades
locales presten una atención renovada a las diversas implicaciones de
estos medios y a su influencia en la sociedad, en la familia y en los
individuos, especialmente en los niños y en los jóvenes. Veinte años
después de la publicación de la Communio et progressio cabe
adherirse plenamente a aquello que el documento advierte y a las
expectativas referentes al desarrollo de las comunicaciones: «Cada día, y
con rapidez, crece la conciencia de la responsabilidad del pueblo de Dios
en el uso de los medios de comunicación social para que éstos presten una
fecunda y eficaz colaboración al progreso de la humanidad entera... a fin
de que hasta el último rincón del orbe llegue el testimonio de Cristo
Redentor» (n. 182). Pido a Dios fervientemente que os guíe y sostenga en
la realización de esta gran tarea y esperanza.
Vaticano, 24 de enero de 1991, fiesta de san Francisco
de Sales.