MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II PARA LA
XXXIX JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
“Los medios de
comunicación al servicio del entendimiento entre los pueblos”
Queridos hermanos y hermanas:
1. Leemos en la Carta de Santiago: “De una misma boca proceden la
bendición y la maldición. Esto, hermanos míos, no debe ser así” (St 3,
10). Las Sagradas Escrituras nos recuerdan que las palabras tienen un
extraordinario poder para unir a las personas o dividirlas, para crear
vínculos de amistad o provocar hostilidad.
Ello no es verdad sólo respecto a palabras intercambiadas entre
individuos. Se aplica asimismo a toda comunicación, donde sea que tenga
lugar y a cualquier nivel. Las modernas tecnologías nos ofrecen
posibilidades nunca antes vistas para hacer el bien, para difundir la
verdad de nuestra salvación en Jesucristo y para promover la armonía y la
reconciliación. Por ello mismo su mal uso puede provocar daños enormes,
suscitando incomprensión, prejuicios y hasta conflictos. El tema elegido
para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales del año 2005, “Los
medios de comunicación al servicio del entendimiento entre los pueblos”,
señala una necesidad urgente: promover la unidad de la familia humana a
través de la utilización de estos maravillosos recursos.
2. Un modo importante para lograr esta meta es la educación. Los medios
pueden enseñar a millones de personas cómo son otras partes del mundo y
otras culturas. Por ello se han llamado acertadamente “el primer areópago
del tiempo moderno;... para muchos son el principal instrumento
informativo y formativo, de orientación e inspiración para los
comportamientos individuales, familiares y sociales” (Redemptoris missio,
37). Un conocimiento adecuado promueve la comprensión, disipa los
prejuicios y despierta el deseo de aprender más. Las imágenes, en
particular, tienen la capacidad de transmitir impresiones duraderas y
moldear actitudes. Enseñan a la gente a mirar a los miembros de otros
grupos y naciones, ejerciendo una influencia sutil sobre si deben ser
considerados como amigos o enemigos, aliados o potenciales adversarios.
Cuando los demás son presentados en términos hostiles, se siembran
semillas de conflicto que pueden fácilmente convertirse en violencia,
guerra e incluso genocidio. En vez de construir la unidad y el
entendimiento, los medios pueden ser usados para denigrar a los otros
grupos sociales, étnicos y religiosos, fomentando el temor y el odio. Los
responsables del estilo y del contenido de lo que se comunica tienen el
grave deber de asegurar que esto no suceda. Realmente los medios tienen un
potencial enorme para promover la paz y construir puentes entre los
pueblos, rompiendo el círculo fatal de la violencia, la venganza y las
agresiones sin fin, tan extendidas en nuestro tiempo. En palabras de San
Pablo, que fueron la base del Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de
este año: “No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el
bien” (Rm 12, 21).
3. Si esta contribución a la construcción de la paz es uno de los modos
significativos como los medios pueden unir a las personas, otra es su gran
influencia positiva para impulsar las movilizaciones de ayuda en respuesta
a desastres naturales u otros. Ha sido conmovedor el ver la rapidez con
que la comunidad internacional respondió al reciente tsunami, que provocó
innumerables víctimas. La velocidad con que las noticias viajan hoy
aumenta la posibilidad de tomar medidas prácticas en tiempo útil para
ofrecer la mejor asistencia. De esta manera los medios pueden lograr un
bien muy grande.
4. El Concilio Vaticano II recuerda: “Para el recto uso de estos medios es
absolutamente necesario que todos los que los utilizan conozcan las normas
del orden moral en este campo y las lleven fielmente a la práctica” (Inter
mirifica, 4).
El fundamento ético es éste: “La persona humana y la comunidad humana son
el fin y la medida del uso de los medios de comunicación social; la
comunicación debería realizarse de personas a personas, con vistas al
desarrollo integral de las mismas” (Ética en las comunicaciones sociales,
21). Así pues, son en primer lugar los comunicadores quienes deben poner
en práctica en sus vidas los valores y actitudes que están llamados a
inculcar en los demás. Antes que nada, esto debe incluir un auténtico
compromiso con el bien común, un bien que no se reduzca a los estrechos
intereses de un grupo particular o nación, sino que acoja las necesidades
e intereses de todos, el bien de la familia humana entera (cf. Pacem in
terris, 132). Los comunicadores tienen la oportunidad de promover una
auténtica cultura de la vida, distanciándose de la conjura actual contra
la vida (cf. Evangelium vitae, 17) y transmitiendo la verdad sobre el
valor y la dignidad de toda persona humana.
5. El modelo y pauta de toda comunicación se encuentra en el Verbo mismo
de Dios. “De muchos modos habló Dios a nuestros padres por medio de los
Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo” (Heb
1,1). El Verbo encarnado ha establecido una nueva alianza entre Dios y su
pueblo, una alianza que también nos une entre nosotros, convirtiéndonos en
comunidad. “Porque él es nuestra paz, el que de los dos pueblos hizo uno,
derribando el muro que los separaba, la enemistad” (Ef 2, 14).
Mi oración en la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este
año es que los hombres y mujeres de los medios asuman su papel para
derribar los muros de la división y la enemistad en nuestro mundo, muros
que separan a los pueblos y las naciones entre sí y alimentan la
incomprensión y la desconfianza. Ojalá usen los recursos que tienen a su
disposición para fortalecer los vínculos de amistad y amor que son signo
claro del naciente Reino de Dios aquí en la tierra.
Desde el Vaticano, 24 de enero
de 2005, fiesta de San Francisco de Sales.
JUAN PABLO II