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Líneas de acción para el trienio

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Introducción  Cap I  Cap II  Cap III  Cap IV Cap V Conclusión Abreviaturas y siglas



 

Capítulo 1 

El Espíritu que nos anima

 

 

 

 

Nos dejamos

impulsar por

 el Espíritu

que animó a

Jesús

3. El Espíritu Santo que nos anima es el mismo que impulsó a Jesús. Él nos hace participar de la vida y de la misión del Salvador. Sin Él la evangelización es imposible. Pero con su ayuda podemos ser testigos de Jesús en medio del mundo, para transformar la sociedad. Por eso, desde nuestras dudas, temores, cansancios y debilidades le pedimos:                     

 

Ven, padre de los pobres,

ven a darnos tus dones,

ven a darnos tu luz.

 

RMi 21-30

 DV 5

 

4. Como Iglesia nos preguntamos ahora cuáles son las notas de la espiritualidad que ha de animar esta nueva etapa misionera en nuestra Patria. Dicho de otro modo, cómo los bautizados debemos traducir la vida del Espíritu para contagiar la alegría de la salvación de Cristo en la Iglesia y en el mundo.

 

 
EN 75-80
RMi 87-91
LPNE 33-36

 

 

 

 

Amados por Dios

 

 

Vivir cada día

sostenidos por los

brazos del Padre

5. Ante la tristeza de la soledad, la desilusión o la insatisfacción, los cristianos no olvidamos que Dios es amor (1 Jn 4, 8). Tenemos la certeza de ser amados y de vivir cada día sostenidos por los brazos del Padre. Esta convicción interior nos mantiene firmes en medio de un mundo desbordado por la desconfianza, la inestabilidad y la inseguridad. Aunque nos sabemos pobres y débiles, nos fortalece el amor de Dios que siempre toma la iniciativa. Porque nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él (1 Jn 4, 16).

 

 

 

 
CCE 1828
RMi 31

 

6. El Espíritu nos ilumina para que reconozcamos el amor infinito del Padre contemplando el rostro de Jesucristo. Así vislumbramos el sentido último de nuestras vidas. Porque la máxima perspectiva de la dignidad humana es el llamado a vivir en amistad con Dios que Jesús nos hace.

 

DM 1
NMI 23

 
CCE 27

 

 Firmes en la esperanza

 

Animados por la esperanza que no defrauda

7. Jesús está presente entre nosotros en su Palabra, en la Eucaristía, en el hermano que sufre, en las alegrías cotidianas y de otras tantas maneras que nos ayudan a encontrarlo y que nos fortalecen para el camino. Él lo prometió y en esa promesa confiamos: Yo estaré siempre con ustedes (Mt 28, 20). Él ha triunfado sobre el pecado y la muerte. Por eso, seguimos buscando construir una historia más justa, y nos alentamos unos a otros para no desanimarnos. En el trato frecuente con el Resucitado, recibimos un verdadero impulso que nos sostiene. Él es el manantial vivo de nuestra esperanza.

 

 
SC 7
CCE 1373

NMI 29

MF 17-20

 

NMI 58

 

8. Un auténtico espíritu de esperanza implica esfuerzo firme y creativo. No es lamento, sino fortaleza que no se deja vencer; no es pesimismo, sino confianza generosa; no es pasividad, sino compromiso lleno de magnanimidad y de pasión por el bien (Rom 12, 9). Ella misma nos ayuda a discernir y reconocer las semillas del Reino que nunca faltan en medio de la oscuridad.

 

 

 CCE 274
TMA 46
JSH 19

 

 

9. Además, el poder transformador de Dios que se manifestó en la Pascua, nos invita a esperar con toda la Iglesia su perfección en la gloria del cielo. Porque el que resucitó a Jesús, también nos hará participar de su vida sin fin y para siempre, más allá de la muerte.

 

CCE 1042
CCE 989-991
JSH 18

 

Con entrañas de misericordia

 

La misericordia que busca la felicidad de los hermanos

10. No podemos olvidar que Dios quiere la felicidad de cada ser humano. Él  creó todo para que lo disfrutemos (1 Tim 6, 17), para que a nadie le falte lo necesario. Imitando su generosidad, que se manifestó hasta el fin en la entrega de Jesucristo, los creyentes queremos ser instrumentos de su vida para los demás. Por eso, venciendo la tentación del egoísmo, intentamos salir de nosotros mismos, revistiéndonos de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia (Col 3, 12) para procurar la felicidad de los hermanos.

 

 

 CCE 294

 

 DM 1-9

 

11. La espiritualidad evangelizadora está marcada por un intenso amor a cada persona. A veces se expresa como compañía silenciosa y compasiva, otras veces es palabra que alienta, abrazo que consuela, paciencia que perdona, disposición a compartir lo que se posee; o se torna indignación por la injusticia, y la denuncia proféticamente. Se trata, siempre, de hacernos cercanos y solidarios con el que sufre. En este mundo donde frecuentemente nos sentimos desamparados, ignorados, utilizados, excluidos, ¿no es indispensable oír el llamado del Espíritu a cuidarnos y sostenernos unos a otros con entrañas de misericordia?

 

 

 

 

 
NMI 50

SD 157-163

 

 

 

 

 En la mística de comunión

 

Espiritualidad

de la

 comunión

12. Jesús, antes de entregarse a la pasión, imploró ardientemente al Padre que todos seamos uno para que el mundo crea (Jn 17, 21). La comunión de la Trinidad nos interpela y nos convoca a estrechar vínculos. Por eso, el Papa nos ha recordado que hace falta promover una espiritualidad de la comunión, que parte de nuestra comunión con Dios, antes de programar cualquier acción pastoral en concreto.

 

 
LPNE 35

 

NMI 43

 

 

 

13. Desde una auténtica conversión hacia cada hermano y hermana, los cristianos aceptamos vivir en fraternidad cuando oramos juntos, dialogamos, trabajamos, compartimos fraternalmente y planificamos. Esta espiritualidad de comunión nos permite valorarnos unos a otros de corazón y apreciar la riqueza de la unidad
en la diversidad de vocaciones, carismas y
ministerios. Y cuando caemos en la tentación de hacernos daño, nos mueve a optar una vez más por la reconciliación.

 

 

 

  

 

EA 32

 

 

14. En un mundo donde reina la competencia despiadada, que a veces nos contagia, los cristianos sentimos el llamado de Dios a hacer juntos el camino, a buscar las coincidencias y superar los desencuentros para convivir como hermanos. De este modo podremos ser testigos de Jesucristo en nuestra Patria, para ofrecer el signo del amor que estimule un estilo de sociedad más fraterna, justa y solidaria.

 

 EA 27

 

 

 

 
Con fervor misionero

 

Valientes y

fervorosos

testigos de

Jesucristo

15. Somos misioneros porque hemos recibido un bien que no queremos retener en la intimidad. Es lo que todo ser humano necesita encontrar. Lo que hemos visto y oído reclama que lo transmitamos a quienes quieran escucharnos. La Iglesia existe para evangelizar. Tiene como centro de su misión convocar a todos los hombres al encuentro con Jesucristo.

 

 

 EA 8-12

 EA 68

 

16. Esta misión que Dios nos confía exige luchar contra nuestras inclinaciones egoístas y contra cualquier desánimo. La riqueza de la Buena Noticia reclama evangelizadores convencidos y entusiastas, como los primeros cristianos, que daban testimonio de su fe con clara coherencia. Cuando somos testigos valientes y fervorosos, experimentamos que evangelizar es verdaderamente la dicha y la vocación propia de la Iglesia. Porque somos depositarios de un tesoro que humaniza, que aporta vida, luz y salvación. Conservemos el fervor espiritual. No perdamos la dulce y confortadora alegría de evangelizar. Nada en la Iglesia tiene sentido si no se orienta a esta ardiente audacia misionera, ya que ella es evangelizadora por naturaleza.

 

 

 

 

 EN 14


EN 80

 AG 2

 

En la entrega cotidiana

 

La santidad

 vivida en

la misión de

 cada día

17. La santidad se vive especialmente cuando procuramos evangelizar en medio de las acti­vidades y preocupaciones de cada día. El Espíritu Santo, a través de la Iglesia, suscita en cada fiel un anhelo de santidad, un fuerte deseo de renovación personal que no sólo se alimenta en la oración, sino también en la misión cotidiana.

 

 

 

 
EA 28

 

18. Toda la Iglesia crece en santidad comuni­taria y misionera gracias a  la misión cotidiana de cada madre o padre de familia, a la tarea incesante de catequistas, maestros, misioneros de manzana, voluntarios de Caritas y a las otras muchas formas de entrega: en el laborioso empeño de los laicos por realizar bien su trabajo, en el testimonio heroico y humilde de consagradas y consagrados, en el ministerio fiel de cada presbítero o diácono al preparar la homilía o atender a un enfermo, en cada visita pastoral del obispo y en todo cuanto forma parte de la planificación pastoral de la diócesis.

 

 
LPNE 40

 

 

19. La clave de la espiritualidad de comunión para la nueva evangelización es el amor fiel y perseverante, vivido y comunicado en la pastoral ordinaria. En la simplicidad de lo cotidiano, expresamos el ardor misionero e intentamos responder comunitariamente a las exigencias de los tiempos nuevos.

 

  

NMI 29

 LPNE 34

 

 

20. Esta es la mística que ha de impulsar toda la acción evangelizadora de la Iglesia en la Argentina. Desde este espíritu evangélico íntegro, debemos discernir los grandes desafíos del mundo de hoy, profundizar la verdad que comunicamos y asumir criterios comunes para realizar, con humilde perseverancia, las acciones destacadas.

 

LPNE 33

 

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